Entrevistas
Recuperando la ciencia ficción clásica
Tras destacar en el terreno de la ciencia ficción con su debut como realizador, Moon, Duncan Jones, hijo del popular cantante David Bowie, busca la reválida con Código Fuente, su nueva incursión en el género. Se agradece que el realizador haya recuperado una forma de abordar este tipo de historias que se creía olvidada, más centrada en mostrar las reacciones de gente corriente enfrentada a viajes espaciales o saltos temporales, a diferencia de las espectaculares pero vacuas cintas que triunfan en la actualidad. El realizador viajó a Madrid para conceder entrevistas a la prensa especializada.
Esta cinta supone un salto a un cine más comercial, para un público muy amplio. ¿Ha sentido mucha responsabilidad tras las expectativas creadas con Moon?
¡Gracias por pensar que las expectativas eran enormes! Pero la realidad es que no eran tan grandes. Es verdad que no sacó mala taquilla, pero tampoco fue un exitazo...
En todo momento he tenido buenas sensaciones. Estaba deseando hacer una película dentro de Hollywood. Quería experimentar esa manera de hacer cine, porque es muy diferente al cine independiente. Tuve la suerte de tener el apoyo desde un primer momento de Jake Gyllenhaal. Fue él quien encontró este guión y se puso en contacto conmigo porque estaba convencido de que yo era el director más idóneo y posteriormente me ha defendido a capa y espada. He estado siempre muy apoyado por él.
¿Ha decidido especializarse en ciencia ficción?
Tengo muy planificado desde hace mucho tiempo el camino que quiero seguir. Moon fue el primer paso en esa dirección, y Código fuente otro más. Mi tercera película, que también va a ser de género, será el tercer paso, espero. El objetivo final es hacer la película que quiero con el presupuesto que quiero. ¡A ver si lo consigo! Es una película que estoy escribiendo personalmente y que pienso que es muy original, pero no es un proyecto barato. Después, tengo planificado dedicarme a otros géneros.
Hay muchas referencias en la película, pero llama la atención cómo algunos pasajes recuerdan a La jetée, de Chris Marker y a 12 monos, el remake de Terry Gilliam.
Me encanta Gilliam, le conozco desde que yo era muy joven, y es una inspiración para mí. Visualmente, el espacio que en la historia llamamos La Vaina, el lugar al que vuelve Jake entre misión y misión, recuerda mucho a 12 monos. Es un ambiente que remite al cine de Gilliam.
Y he visto La Jetée, sí, pero Terry nunca dirá que ha sido su referente para 12 monos, así que yo no lo voy a hacer… Me ha influido mucho la serie televisiva Quantum Leap, de viajes en el tiempo, y por supuesto, el cine de Alfred Hitchcock, pues quisiera lograr algo de suspense en la línea de sus magistrales películas.
Ese espacio, La Vaina, es el más elaborado a nivel de diseño y producción.
Sí, y luego es algo en lo que mucha gente no se fija. No podemos adelantar mucho porque el público español aún no la ha visto, claro, pero es un lugar cambiante, que refleja el estado anímico del protagonista. Cuando más aprende el personaje sobre su propia situación, más va cambiando su entorno. Se amplia, se expande, cambia… es fascinante.
¿Ha rodado la película cronológicamente?
Dentro de cada lugar de rodaje, sí. Comenzamos en el interior del tren, que a nivel narrativo fue lo más complicado. Estuvimos una semana ensayando para asegurarnos de que todos teníamos claro qué tenía que ocurrir a nivel estructural en ese escenario; así, los actores tenían también más libertad para improvisar. Prepararlo todo bien ha sido fundamental para afianzar la química entre Jake y Michelle Monaghan.
Llama la atención que frente a tanta película en la que sólo hay exhibición de efectos especiales, no abuse usted nada. ¿Busca proyectos que le permitan trabajar así?
Bien, no puedo decir lo que haré en el futuro, pero sí, creo que una película tiene que reposar sobre sus personajes. Me parece fundamental que el público pueda empatizar con ellos. No tengo problema en invertir cien millones de dólares en una película, siempre que consiga ese objetivo. Pero aún no me ha llegado ese guión.
Código Fuente tiene un reparto brillante. Destaca el terrorista, un actor poco conocido que se llama Michael Arden.
El proceso de casting ha sido muy del estilo de Hollywood. Estuve viendo montones de DVDs de personas que leen el mismo papel. Yo estaba en Montreal y ellos en Los Angeles. Estaba buscando algo muy específico para ese papel. Había visto un documental llamado El boy scout nuclear, que recomiendo. Trata sobre un quinceañero que construye un dispositivo radioactivo en el patio trasero de la casa de su madre. Cuando el Gobierno le descubre y le pregunta por qué lo ha hecho, responde: “porque puedo”. No tenía ningún sentido de la responsabilidad. Y lo que más miedo da es que cuando ves el documental te das cuenta de que aún no lo tiene. Así tenía que ser el personaje.
Cuando vi un vídeo de Michael Arden pensé que podía realizar una interpretación del personaje en esa línea. Vino a Montreal, hablamos y me di cuenta de que teníamos una buena conexión.
Por su parte, Vera Farmiga tiene un papel más complicado de lo que parece.
La verdad es que me siento muy afortunado por la oportunidad que he tenido de trabajar con una actriz tan buena como Vera. Es increíble, sabe perfectamente dónde está la cámara, dónde se tiene que colocar dentro del encuadre...
Hablamos mucho de cómo su personaje va desarrollando poco a poco una especie de instinto maternal con el personaje de Jake Gyllenhaal. Es un papel con muchos retos. El público se va a sorprender con la autenticidad que desprende.
La película lanza una pequeña reflexión sobre la posibilidad de que haya vida después de la muerte, ¿cree usted en la otra vida?
Siempre me han interesado más las teorías científicas que la metafísica o la religión. Pero sí que me interesaba mucho ese tema.
¿Ser hijo de David Bowie es una ayuda o un problema a la hora de hacer carrera en el mundo del espectáculo?
Reconozco que en algunos momentos esto me ha abierto puertas. Pero una vez que las he cruzado, he sentido que la expectación sobre mí era excesivamente grande. Me siento muy afortunado de quién es mi padre, y le adoro, pero por ser su hijo tardé mucho en lanzarme al terreno artístico. Me asustaba mostrar cualquier obra de creación que yo hubiera hecho para evitar las comparaciones. He tenido la suerte de no dedicarme a la música, sino a otra disciplina, porque las comparaciones habrían sido terribles.
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