In memoriam
Participó como guionista en "Belle Epoque", ganadora del Oscar a la película extranjera
Fallece José Luis García Sánchez, director de "Las truchas" y "La corte de Faraón"
Ganó el Oso de Oro de Berlín por "Las truchas" y la Concha de Plata de San Sebastián por "La corte de Faraón", y fue uno de los grandes cultivadores de la sátira en el cine español, con una filmografía dedicada a retratar las contradicciones del país, sus miserias morales y los mecanismos del poder. El cineasta José Luis García Sánchez, director, guionista y productor, ha fallecido este domingo 25 de octubre en Madrid a los 85 años, tras sufrir una enfermedad neuronal. También participó como guionista en "Belle Époque", de Fernando Trueba, ganadora del Óscar a la mejor película de habla no inglesa. Casado con la cantante Rosa León y padre del cineasta Víctor García León, deja una obra en la que el humor fue mucho más que un recurso para provocar la risa: "El humor es un vehículo para entender la realidad; lo que hace es humanizar y democratizar", afirmó en una ocasión.
José Luis García Sánchez nació en Salamanca el 22 de septiembre de 1941. Antes de dedicarse al cine estudió Derecho y Sociología en la Universidad Complutense de Madrid, aunque pronto descubrió que su verdadera vocación estaba en contar historias. Ingresó en la Escuela Oficial de Cinematografía, donde coincidió con una generación de cineastas que renovaría el panorama español y encontró referentes en Carlos Saura y Basilio Martín Patino. Sin embargo, no pudo terminar sus estudios: una expulsión colectiva de alumnos por motivos ideológicos puso fin a aquella etapa. La realidad española ya le había proporcionado, sin proponérselo, uno de los argumentos recurrentes de su cine: el poder y sus peculiares métodos para poner orden.
Sus primeros pasos en el mundo audiovisual llegaron a finales de los años sesenta y principios de los setenta, con cortometrajes como Pólipos en las trompas (1968), Labelecialalacio (1970) y Loco por Machín (1971). En 1975 debutó en el largometraje con El love feroz o Cuando los hijos juegan al amor, una comedia sobre el choque generacional, a la que siguió Colorín colorado (1976). En esta última también apareció como actor, aunque su destino estaba detrás de la cámara, donde podía organizar el disparate ajeno sin tener que dar explicaciones al público.
El gran reconocimiento internacional llegó en 1978 con Las truchas, ganadora del Oso de Oro en el Festival de Berlín. La película reunía en un restaurante a los socios de una asociación de pesca deportiva para celebrar su comida anual, hasta que la jornada degeneraba en una representación grotesca de los privilegios, el egoísmo y la hipocresía. Las truchas en mal estado eran algo más que un problema de cocina: simbolizaban una sociedad empeñada en conservar las apariencias aunque el menú moral llevara tiempo pasado de fecha. José Luis García Sánchez había encontrado una de sus mejores armas: hacer reír mientras el espectador descubría que, quizá, no había tantos motivos para hacerlo.
La sátira política y social continuó en Dolores (1981) y alcanzó uno de sus momentos más celebrados con La corte de Faraón (1985), adaptación de la popular zarzuela protagonizada por Ana Belén, Fernando Fernán Gómez y Antonio Banderas. La historia de una compañía que intenta representar la obra pese a las prohibiciones de las autoridades le permitió abordar la censura y el choque entre la libertad artística y el poder. La película obtuvo la Concha de Plata en San Sebastián y confirmó su habilidad para combinar entretenimiento popular, humor irreverente y crítica política. En un país que había pasado de la censura oficial a las muchas formas de la autocensura, José Luis García Sánchez sabía que a veces la mejor manera de señalar al censor era ponerlo en escena.
A continuación dirigió Hay que deshacer la casa (1986), Divinas palabras (1987) y Pasodoble (1988). En El vuelo de la paloma (1989) y La noche más larga (1991) volvió a explorar las contradicciones de la sociedad española. Esta última abordaba los últimos fusilamientos del franquismo y tomaba su título de Al alba, la canción de Luis Eduardo Aute popularizada por Rosa León, su esposa. El compromiso político nunca le impidió buscar la ironía, del mismo modo que el humor no le servía para quitar importancia a los asuntos que trataba.
Uno de los grandes pilares de su trayectoria fue su relación con la literatura de Ramón María del Valle-Inclán. En el escritor gallego encontró un universo de deformaciones, personajes miserables y autoridades grotescas que encajaba con su propia mirada sobre la realidad. Adaptó Divinas palabras, con Ana Belén y Francisco Rabal, y volvió a Ramón María del Valle-Inclán con Tirano Banderas (1993), en la que Gian Maria Volonté interpretaba a un dictador latinoamericano que gobernaba mediante el terror. El guion, escrito junto a Rafael Azcona, le proporcionó uno de sus premios Goya, el de mejor guion adaptado. La obra de Ramón María del Valle-Inclán parecía hecha a medida para un cineasta convencido de que la realidad, cuando se contempla de cerca, puede resultar más disparatada que cualquier invención.
Su otro gran reconocimiento en los Goya estuvo ligado a Belle Époque (1992), dirigida por Fernando Trueba. José Luis García Sánchez participó en el guion junto a Rafael Azcona y Fernando Trueba, y obtuvo el premio al mejor guion original. La película, que conquistó también el Óscar a la mejor película de habla no inglesa, confirmó la importancia de su trabajo como guionista, una faceta que a veces quedó eclipsada por su condición de director. Su escritura compartía con Rafael Azcona la inclinación por los personajes imperfectos, los equívocos, las situaciones absurdas y la observación sin sentimentalismos de las debilidades humanas.
La colaboración con Rafael Azcona fue una de las relaciones creativas más importantes de su carrera. Ambos compartían un gusto especial por los perdedores, los marginados y las ceremonias sociales que terminan revelando su lado más ridículo. En 1995 José Luis García Sánchez dirigió El seductor y Suspiros de España y Portugal; después llegaron Tranvía a la Malvarrosa (1997), Siempre hay un camino a la derecha (1997), Adiós con el corazón (2000) y Lázaro de Tormes (2001), entre otros títulos. Su cine mantuvo una mirada crítica sobre la sociedad española, sin necesidad de convertir a sus personajes en portavoces de una tesis ni de explicar al espectador hasta el último chiste.
En 2004 dirigió María querida, aproximación a la figura de la filósofa María Zambrano, y participó en el proyecto colectivo ¡Hay motivo!, una película de episodios que reunía distintas miradas críticas sobre la España de la época. También rodó Franky Banderas (2004) y La marcha verde (2002), además de trabajar en televisión. Su actividad no se limitó a la pantalla: en el teatro dirigió el montaje español de El beso de la mujer araña, basado en la novela de Manuel Puig, y cultivó una faceta menos conocida como escritor de literatura infantil.
Entre 1973 y 1983 formó con el escritor e ilustrador Miguel Ángel Pacheco una pareja creativa especialmente prolífica. Juntos publicaron 85 títulos para la editorial Altea, entre ellos una serie dedicada a los derechos de la infancia. En uno de aquellos libros, los personajes de los cuentos se rebelaban contra el maltrato que recibían y abandonaban sus historias, dejando a los niños del mundo sin relatos. La idea tenía algo de manifiesto profesional: hasta los personajes de ficción podían hartarse de que los trataran mal. Y también demostraba que José Luis García Sánchez sabía dirigirse a los lectores más jóvenes sin renunciar a la imaginación, el humor ni una cierta mirada crítica.
En 2010 estrenó Don Mendo Rock ¿La venganza?, una aproximación en clave de comedia al universo de Pedro Muñoz Seca, y un año después llegó Los muertos no se tocan, nene (2011), su último largometraje. La película adaptaba la novela de Rafael Azcona que debía completar la trilogía iniciada con El pisito y El cochecito, pero que la censura franquista había impedido llevar a la pantalla en su momento. Fue, por tanto, un homenaje a su amigo y colaborador, además de una forma de cerrar una cuenta pendiente con la historia del cine español. Rafael Azcona había nacido el 24 de octubre de 1926, justo cien años antes de la muerte de José Luis García Sánchez, una coincidencia que añade una nota de ironía involuntaria a la despedida.
José Luis García Sánchez nunca pareció demasiado dispuesto a revestir su oficio de solemnidad. "El cine es el oficio más bonito del mundo. No es un trabajo fijo, los compañeros cambian, no son siempre los mismos; y, a veces, te pagan", bromeó en una ocasión. La frase tenía la ligereza de quien conoce bien las estrecheces de la profesión y no necesita fingir que vive en una alfombra roja permanente. En sus últimos años, de hecho, cada vez tuvo menos oportunidades de rodar, pese a una trayectoria reconocida por los grandes festivales y por la industria.
Lo último del mundo del cine
Pelea con armas blancas en el set de "Corrupción en Miami 85"
Un hombre de 23 años fue detenido el viernes por la noche tras sacar un cuchillo durante una disputa con un miembro del equipo de rodaje de "Miami Vice ’85", la nueva versión cinematográfica de la popular serie policial de los años ochenta. El incidente tuvo lugar en Brooklyn, Nueva York, donde se encontraban trabajando los responsables de la película protagonizada por Michael B. Jordan y Austin Butler.
La doble ganadora del Oscar Hilary Swank espera su tercer hijo
Hilary Swank ampliará la familia que ha formado con su marido, el empresario Philip Schneider.