Libros
"El cine después de Auschwitz", de Jaime Pena
El cine después de Auschwitz. Representaciones de la ausencia en el cine moderno y contemporáneo (Jaime Pena, Cátedra, Colección Signo e Imagen, 366 págs)
Libro que surge al calor de la tesis doctoral de su autor, Jaime Pena, crítico de cine y cronista de festivales, además de responsable de la programación de la Filmoteca Gallega. Aborda la debatida cuestión de si es posible la representación fílmica de la shoah o holocausto, habida cuenta de que no existen imágenes del horror del intento de exterminio del pueblo, perpetrado el pasado siglo XX, un error que el cine nunca podrá hacerse perdonar, al decir de Jean-Luc Godard. Se trata de una obra compleja, con mucho aparato ético-filosófico y cinematográfico, al que pueden ser ajenos la mayoría de los espectadores, incluso aquellos que se consideran buenos conocedores del Séptimo Arte. No en balde Pena reconoce que aborda un cine formalmente radical, en la mayoría de los casos refractario a la industria y los intereses comerciales, para cuya difusión han sido fundamentales los festivales, aunque las facilidades que concede internet han hecho más fácil acceder a él.
Es evidente que tras el horror de la Segunda Guerra Mundial, el conocimiento de lo acontecido en el holocausto marcó al mundo en todos los órdenes, por ejemplo en la reconstrucción de Europa. También el cine quedó tocado, algo que Pena analiza metódicamente. El autor recuerda que no hay imágenes del holocausto, pero sí de sus huellas, que recogieron los primeros que entraron en los campos y los documentaron. El modo de plasmar eso en imágenes ya supuso una opción ética, pero también marcaría los derroteros de un nuevo cine, del que es emblemática la desaparición de Anne en La aventura de Michelangelo Antonioni, de 1960, con la aparición del antiargumento: comienza a cobrar peso la recolección en imágenes los estados anímicos más que la construcción de un relato al uso.
Pena señala el primer y discutido intento de representación de los campos de exterminio en Kapo, también de 1960, de Gillo Pontecorvo, al decir de muchos un intento imposible y que no trata con la debida reverencia lo irrepresentable. En cambio el monumental Shoah de Claude Lanzmann de 1985, de más de 9 horas de metraje, es considerado por muchos estudiosos como el camino correcto, y ello sin reconstrucciones, basando el relato en las imágenes de los lugares donde ocurrió todo en la actualidad, vacíos, el terror ausente se evoca con travellings y testimonios de supervivientes y verdugos; Noche y niebla de Alain Resnais, de 1956 y poco más de media hora de metraje, era otro documental valioso previo y en esa dirección, donde se inventaba una mirada. A partir de aquí se insiste en la polémica de la representación imposible, con el caso paradigmático de La lista de Schindler de Steven Spielberg, de 1993, sobre la que Lanzmann arrojó un juicio severo: sostiene además su punto de vista señalando que el director no puede recoger lo que pasa dentro de las cámaras de gas, ahí le hiere de modo inevitable la irrepresentabilidad. En cambio un film posterior, El hijo de Saúl de László Nemes, de 2015, se ajustaría mejor a estos estándares éticos.
El libro da cuenta de cómo muchas películas que exploran nuevas sendas estéticas están tocadas por las dudas que suscita Auschwitz en los artistas, y para ello arroja su mirada al Festival de Cannes en el año 2003, donde triunfa Elephant de Gus Van Sant: otra cinta de estados anímicos y en que se juega con el espacio-tiempo y el referente de los postulados filosóficos y estéticos de Theodor Adorno y Gilles Deleuze, o el empeño de esculpir en el tiempo, al decir de Andréi Tarkovsky.
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