Reportajes
Cannes 2012, día 25: reflexiones de Cronenberg y Loznitsa, y 7 días en La Habana
Ya casi al final, el Festival nos ofrece, en su diversidad, una obra colectiva que responde a una iniciativa de Benicio del Toro y dos películas muy diferentes perro que tienen en común la pretensión de abordar tema morales sobre la evolución del mundo, con una parte dialogada de una gran densidad, y que curiosamente terminan casi de la misma forma.
Se diría que con el pelotón de sus últimas películas, la competición ha entrado en una fase de seriedad casi filosófica, con grandes diálogos y situaciones que traslucen una preocupación moral sobre el estado del mundo, y ello aunque no exista el más mínimo parentesco entre la reflexión de Sergei Loznitsa y la de David Cronenberg, como no la hay entre la Ucrania invadida por las tropas alemanas en la Segunda Guerra mundial y la visión futurista de un Nueva York que asiste a la caída del mundo capitalista.
Un pueblo dividido en Ucrania
Sergei Loznitsa recala por segunda vez a Cannes. La primera fue hace dos años con My Joy, que dividió a la critica. Vuelve ahora con U Tumane (En la bruma), que cuenta un episodio de la Segunda Guerra mundial, adaptado de una novela de Vassili Bykov. Todo comienza en 1942 en un pueblo ocupado por los nazis donde, varios miembros de la resistencia van a ser ahorcados para amedrentar a la población. Ésta se divide entre colaboracionistas y resistentes, y el riesgo es grande para estos últimos. La acción se centra enseguida sobre un campesino, Souchénia (Vladimir Svirski), que vive con su mujer y su hijo en medio del bosque. Dos activistas de la resistencia, Bourov y Voïtik (Vlad Abashin y Sergei Kolesov) han recibido la misión de ejecutarlo. La causa es simple: formaba parte del grupo de los ahorcados en las primeras imágenes de la película, pero ha sido liberado por los alemanes. Así que todo el mundo piensa que se ha convertido en discreto colaboracionista del enemigo ocupante. Souchenia lo niega y está dispuesto a aceptar la decisión de la resistencia sin oposición. Diálogos patéticos, planes muy retorcidos, el dolor y la desconfianza de un pueblo sufriente, tejen un final donde se masca la tragedia.
La película de Loznitsa contiene una reflexión sobre la condición humana con sus elementos positivos y negativos, y más que en los diálogos, sus consideraciones sobre el tema se encuentran en la variedad de las situaciones. En una vena típicamente rusa, el personaje de Souchénia aparece como el inocente heroico que ha vivido siempre una caridad extrema, que sólo puede entenderse en un contexto religioso. La película, con ayuda del trabajo de los actores y el ambiente misterioso del bosque, impone un estilo de une belleza indudable.
Pattinson eclipsa a Cronenberg
¿Cómo escapar en Cannes a los excesos de la popularidad? Robert Pattinson ha comprendido que no es posible y su presencia ha eclipsado incluso la de David Cronenberg, director de su película en Cannes, Cosmópolis. También había ocurrido con su compañera de Crepúsculo, Kristen Stewart que además tiene un papel más modesto, en On the Road de Walter Salles.
En Cosmópolis, Pattinson se encuentra presente en todas las imágenes de la película. Un papel aplastante que Cronenberg había ofrecido originalmente a Colin Farrell, y que ahora el director constata que el ex vampiro de Crepúsculo es perfecto para defenderlo con eficacia. Pues Cosmópolis, adaptación de una novela de Don DeCillo reputada como inadaptable, no es una obra fácil.
Todo el mundo sabe que su protagonista es un “Golden Boy”: Eric Packer (Robert Pattinson), de 28 años, que posee una inmensa fortuna. En un Nueva York en ebullición, donde el capitalismo ha entrado en su crisis final, Eric ha decidido atravesar la ciudad para ir a cortarse el pelo en el barrio donde nació. Desoye los consejos de su servicio de seguridad y decide afrontar los grandes embotellamientos previstos. Parte así en su impresionante limousine, exactamente la misma utilizada por Leos Carax en Holy Motors. A medida que la jornada avanza el caos se instala en la ciudad, que además recibe la visita del Presidente. Manifestaciones violentas suceden a otros acontecimientos, como el entierro de una estrella de la música pop. Varias escenas eróticas servirían para mostrar las derivas del sexo en la época, aunque quizá sirvan, sobre todo, a los intereses comerciales del film. De lo anterior deberá surgir una idea “profética” sobre el final del capitalismo pues la novela pretende haber anticipado la crisis que ha conocido el mundo en estos últimos años.
Y es aquí donde Cosmópolis no convence: en sus discursos filosófico-transcendentes, y en el destino trágico de un personaje principal que parece buscar la muerte. Todo o casi todo, detrás de la perfección formal, suena a metáfora forzada de un mundo que se intenta comprender con una simplicidad imposible. Cronenberg ha declarado que Cosmópolis es “una comedia negra y surrealista sobre el fondo del fin del mundo. Me gustaría que el público no la tomara demasiado en serio”. La recomendación parece acertada.
Una obra colectiva
Presentada en la sección “Un Certain Regard”, 7 días en La Habana es una obra colectiva. Los siete días son los de la semana y cada día ha sido encomendado a un director. La lista completa comprende a Benicio del Toro, Pablo Trapero, Julio Medem, Elia Suleiman, Gaspar Noé, Juan Carlos Tabío y Laurent Cantet. Como se ve la película, destinada a describir detalles concretos de la vida actual de La Habana, reúne a españoles, cubanos, franceses, palestinos y argentinos, sin olvidar a un serbio, Emir Kusturica, que es el interprete de uno de los sketches.
De un film de sketches es casi obligado decir que no todos son de la misma calidad y que puede ser agotador comentar cada uno de ellos. El mejor es el de Elia Suleiman, que muestra cómo el director palestino llega a Cuba para expresar su solidaridad al pueblo cubano. Le anuncian que Fidel Castro le recibirá en cuanto termine su discurso, lo que le permite recorrer la ciudad sin ninguna urgencia. Como no habla español, se limitará a observar la realidad, lo que se traduce en un humor puramente visual de particular eficacia, en la vena de Jacques Tati.
Al otro extremo de la excelencia convendría citar el de Gaspar Noé. Los otros intentan poner en valor la energía del pueblo cubano ante las dificultades, impuestas sobre todo por el embargo americano. La visión que se da de Cuba es positiva y desbordante de energía. El sketch interpretado por Kusturica es también divertido, pues hace de sí mismo, con inclinación al alcohol, y venido a La Habana para asistir a un Festival de Cine donde recibe un premio por el conjunto de su obra. En relación a Julio Medem arranca con una historia en principio interesante, pero patina con su erotismo provocativo.
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Panorámica previa de nuestro enviado especial Jorge Collar
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