Sergei Loznitsa
61 añosUn espíritu libre
Matemático, documentalista, director de cine de ficción. Con postura propia ante los conflictos de Rusia y Ucrania, Sergei Loznitsa ha sido testigo en primera fila del colapso de la Unión Soviética y lo que vino después. Ha encontrado en las imágenes en movimiento proyectadas en la pantalla la forma de ideal de expresarse en conciencia, y lo hace sin dejarse llevar por modas o presiones ideológicas.
Sergei Loznitsa nació en 1964 en Baranovichi, Belorrusia, y creció en Kiev, Ucrania. Allí estudió matemáticas aplicadas en la Escuela Politécnica, y trabajó entre 1987 y 1991 como investigador especializado en inteligencia artificial en el Instituto de Cibernética. Aunque era muy bueno en la profesión, sintió que tenía algo que expresar, y que su trabajo científico e ingenieril no le permitía canalizar. En cambio el arte, y más concretamente el cine, se convirtió en “la fórmula” que necesitaba.
El cambio de carrera coincidió con la desintegración de la URSS en 1991. Este contexto histórico irrepetible de incertidumbre y el sentimiento de que todo estaba cambiando le empujaron a dejar su puesto de científico en Kiev y mudarse a Moscú para estudiar en el VGIK. Allí se graduó en la sección de dirección. Desde entonces, ha dirigido 28 documentales y 5 largometrajes de ficción, ampliamente premiados en festivales; casi todos se mueven en el ambiente geopolítico de la extinta Unión Soviética y lo que vino después, con las secuelas del comunismo, el estalinismo y el autoritarismo posterior, donde era difícil que la libertad tuviera ocasión de expresarse. También es productor desde 2013 a través de su compañía Atoms & Void.
Su primer largometraje de ficción, Mi alegría, compitió en el Festival de Cannes en 2010. Le siguió en 2012 En la niebla, que fue reconocido por la Fipresci también en Cannes. En 2017 repetía con el festival que le había permitido arrancar con La sumisa, pero sería 2018, cuando al fin sería reconocido con el Premio a la Mejor Dirección en la sección Un Certain Regard por Donbass.
Pero antes de arrojarse en brazos de la ficción, Loznitsa prefirió contar las historias que le interesaban en un mundo que ve muy complejo mediante el documental, a veces en su forma bastante críptica, deseaba que el espectador se esforzara ante sus propuestas, muchas veces jugando con la naturaleza paradójica y cambiante del ser humano. En Maidan, de 2014, hablaba de la revolución ucraniana. Títulos como Sobytie (2015), Austerlitz (2016), The Trial (2018) y Funeral de estado (2019), fueron presentados en sesiones especiales del Festival de Venecia. En 2021, recibió el Premio Especial del Jurado L'Œil d'Or en Cannes por Babi Yar. Context. Por su parte, La invasión, crónica de la guerra en Ucrania, tuvo su estreno mundial en el Festival de Cannes 2024.
En 2025, su quinto largometraje de ficción, Dos fiscales, quizá el mejor, le volvió a llevar a la sección competitiva de Cannes. A propósito de esta película que describe los esfuerzos sinceros de un fiscal por hacer justicia en medio de las purgas estalinistas de 1937, reflexiona: “Cada sociedad, cada individuo, se enfrenta a múltiples desafíos. Algunos son comunes, otros específicos. Existe una 'dis-temporalidad': todos vivimos en el mismo tiempo físico, pero en tiempos históricos diferentes. Algunos pueblos atraviesan aún etapas de desarrollo que otros ya han superado. Pero hay un problema que nos es común: nos falta un lenguaje adecuado para describir lo que ocurre aquí y ahora.”
El cineasta, casado y con dos hijas, vive en Berlín, Alemania. Es un espíritu libre que ha hablado del conflicto de Rusia y Ucrania, pero no renuncia a la lengua rusa y ha adoptado una postura no apasionada y medida tras la invasión, lo que algunos lo han llegado a describir como tibieza. De hecho fue expulsado en 2022 de la Academia de Cine Ucraniana por oponerse entonces al boicot incondicional de Rusia que otros postulaban, lo que en parte lo ha convertido en víctima de la cultura de la cancelación.
