Zona friki
De mi odio infantil a Bruce Dern a mi deseo de que gane el Oscar
Mi infancia son recuerdos de pelis de John Wayne. No las veía en un patio de Sevilla, sino en el salón de la casa madrileña de mi abuela. Por aquélla época no sé quién me malcriaba más, si aquella entrañable anciana que me concedía todos los caprichos, o el vaquero que me hacía vivir grandes aventuras. Terminada la película del sábado al mediodía, acostumbraba como el resto de la chavalería a bajar a la calle para comentar cuántos indios había matado ese día el actor, y jugar a pistoleros, rememorando las hazañas que habíamos visto en la pantalla (ahora sería políticamente incorrecto que los niños fantasearan con liquidar a representantes de minorías étnicas).
Por aquel entonces, la vida no presentaba complicaciones, teniendo en cuenta que ésta no se acababa nunca. Es decir que mi salón en la casa madrileña, mi John Wayne y mi abuela durarían para siempre. Era bastante cómodo afrontar así el devenir de los días, más o menos como jugar a los marcianos con vidas infinitas, como llamar a la novia con tarifa plana, como pasar contrabando en valija diplomática.
Hasta que un día resulta que tu abuela tiene un corazón tan enorme que se le sale del cuerpo, y se para (fue así literalmente). Por aquel entonces no concebía que no iba a verla más, que no iba a esperar de nuevo a que volviera del colegio con la merienda preparada. Estaba seguro de que en el momento más inesperado regresaría de alguna manera. Seguía viendo las películas del sábado, mucho más solo, pero ahí estaba el tío John para consolarme temporalmente.
Me cayó siempre mal desde entonces Dern, el mataduques. Me asustaba cuando se negaba a parar de bailar en Danzad, danzad malditos, o cuando estaba a punto de descubrir que su mujer (Jane Fonda) le engañaba con otro (Jon Voigh) en El regreso (el nombre de Bruce Dern sabe a buen cine de los 70).
Sí, amigos, lo confieso. Soy tan rencoroso que cuando su hija, Laura Dern, corría para escapar de los velocirraptores en Parque Jurásico, estaba deseando que la atraparan y se la zamparan.
Reaparece ahora Dern tras muchos años de ausencia. Promovió él mismo Nebraska, consciente de que podía ofrecer una última interpretación memorable, cuando llegó a sus manos el guión. Su hija Laura recordó que veinte años atrás, cuando era una estrella, apoyó con su presencia a un realizador que preparaba su ópera prima, un tal Alexander Payne que ahora se ha convertido en uno de los grandes. Y éste aceptó rodar una película que encaja como un guante en su impecable filmografía.
Nebraska, la peli que mejor me ha caído este año que empezó tan bien con A propósito de Llewyn Davis, versa en torno a un tipo (Will Forte) que decide aprovechar los últimos días de lucidez de su padre, con principio de Alzheimer, acompañándole en un viaje por carretera para cobrar un supuesto premio que el anciano cree erróneamente que ha ganado.
Por lo tanto, Bruce Dern ha vuelto para recordarme que aproveche el ahora, las películas y las personas de cada momento, pues la vida va a durar cuatro días. Que disfrutes de los seres queridos al máximo, todo el tiempo que sea posible. Gracias, Bruce, creo que te mereces el Oscar aunque compitas con grandes actores, pues ellos tendrán (estoy seguro) estupendas oportunidades de interpretar buenos papeles y ganarlo, antes de que su periplo también toque a su fin. Además, si te he odiado tanto, no cabe duda de que debías resultar bastante creíble en el cine.
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