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Biografía

Alexander Payne

Alexander Payne

59 años

Alexander Payne

Nació el 10 de Febrero de 1961 en Omaha, Nebraska, EE.UU.

Premios: 2 Oscar

El hombre de Nebraska

07 Febrero 2012

Sus personajes, casi siempre un tanto ridículos, atraviesan un punto de inflexión en sus vidas, pero mientras tratan de darle un sentido a su existencia y buscan asideros, han de bregar con individuos estrafalarios de un mundo enloquecido. Alexander Payne es capaz de describir las situaciones más dramáticas con sarcasmo y humor negro.

Nacido el 10 de febrero de 1961 en Omaha (Nebraska, Estados Unidos), su nombre real, Constantinos Alexandros Papadopoulos, permite sospechar que es hijo de emigrantes griegos, aunque su progenitor –propietario de un restaurante– decidió cambiar el apellido griego por el más sencillo para los anglosajones Payne. Estudió Historia y Filología Española en la Universidad de Stanford, aunque también curso parte de la segunda licenciatura en la Universidad de Salamanca en la propia España. Finalmente cursó un master en cine por la Universidad de California (UCLA).

En su corto Carmen (1985) ya daba muestras de su talento parodiando la ópera homónima, con un gasolinero engatusado por una 'femme fatale' mientras suena la música de Bizet. Prometedor desde el primer momento, a Payne no le faltaron contratos en televisión y vídeos eróticos, antes de que pudiera sacar adelante Citizen Ruth, su ópera prima, con Laura Dern como una mujer ingenua, destrozada por su adicción al pegamento y al alcohol e incluso a los detergentes ,que se ha quedado embarazada. Ya estaban presentes las señas de identidad del autor, un tono claramente satírico y una protagonista que atraviesa un momento de crisis tratando de sobrevivir rodeada de gente alocada. En este caso, Payne arremete contra los grupos provida que tratan de salvar al nonato, pero también deja a la altura del betún a los radicales abortistas que pretenden reclutarla para su causa.

El realizador dejó claro que iba a estar entre los grandes con Election, elegida por David Denby, crítico de New Yorker, como la mejor película del año. Cuestionaba en tono satírico el sistema educativo americano, la política, el individualismo y la moral del triunfo a cualquier precio. Aquí el hombre normal era un profesor de ética (Matthew Broderick) que trata de impedir que una ambiciosa empollona (Reese Witherspoon) gane las elecciones a delegados de alumnos, sin saber que ella es capaz de todo para triunfar. Obtuvo una candidatura al Oscar al guión adaptado, ya que se basaba en una novela de Tom Perrotta. "La mayor parte de los halagos a mi trabajo los recibo por esta película. Creo que su cinismo resulta atractivo. El sentimentalismo no suele sobrevivir muy bien al cabo del tiempo, mientras que el cinismo sí", comenta el director de Nebraska.

Tras darle una pequeña vuelta al libreto de Los padres de ella, que arrasó en taquilla, y escribir un tratamiento de guión para Parque Jurásico III, Payne escribe con Jim Taylor el guión de su siguiente película como realizador, A propósito de Schmidt, donde un inspirado Jack Nicholson encarnó a un ejecutivo que trata de afrontar su jubilación, mientras que descubre a la muerte de su esposa que ésta le había sido infiel, y su hija está a punto de casarse con un idiota. Aunque Taylor y él se llevaron el Globo de Oro al guión adaptado, se les escapó el Oscar al que optaban.

Su película de mayor repercusión ha sido sin duda Entre copas, de nuevo escrita con su socio, Taylor, con el que esta vez conquistó el premio de la Academia de Hollywood, mientras que la película optaba a otros cuatro. Paul Giamatti y Thomas Haden Church bordaban dos personajes típicamente 'paynianos', un escritor en horas bajas con problemas para publicar, y un tipo comprometido, pero deseoso de cometer una infidelidad. Ambos se van de ruta enológica durante unos días en los que conocerán a dos particulares mujeres.

En el film una de las protagonistas era su propia esposa, la actriz coreana-canadiense Sandra Oh, con la que se había casado en enero de 2003, tras tres años de noviazgo. Pero en 2005 anunciaron que se divorciaban.

Quizás el hecho de haber ganado la estatuilla le provocó a Payne miedo escénico. Durante siete años se resistía a rodar otro largometraje que pudiera resultar decepcionante, aunque al ser bastante activo, aprovechó el tiempo rodando un corto para el film colectivo Paris, je t'aime, fue productor de la serie Hung y de la comedia Convención en Cedar Rapids, y escribió con Taylor el guión de la comedieta de medio pelo Os declaro marido y marido, aunque quedaron espantados del resultado final y aseguran que casi todo lo improvisó finalmente el protagonista, Adam Sandler, sobre la marcha.

También concentró sus esfuerzos terminando su proyecto más ambicioso, Downsizing, pero necesitaba un presupuesto tan elevado para llevar el guión a la pantalla que no consiguió la financiación. Deprimido ante el fracaso, se negó a adaptar la exitosa novela "Libertad", de Jonathan Franzen, que le iba al pelo, pero no se veía trabajando en aquella historia durante dos años. De repente le ofrecieron versionar el libro Los descendientes, de Kaui Kart Hemmings, porque el director escogido en primer lugar, Stephen Frears, había abandonado. "Me gustaba la extrañísima atmósfera socio-cultural de la clase alta de Hawai, y pensé que podía llevar la novela a mi territorio", explica el realizador. Fue así como convirtió a George Clooney en uno de sus personajes –si bien más real y no tan patético como los anteriores–, un tipo corriente que tiene que afrontar la inminente muerte de su comatosa esposa, al tiempo que descubre que ésta le fue infiel, mientras inicia un acercamiento a sus dos jóvenes hijas. Ha cazado cinco candidaturas al Oscar, entre ellas director, guión adaptado y película.

Se prepara para dirigir su nueva película, Nebraska, que como la mayor parte de las que ha rodado, es otra 'road movie'. "Mi concepto del cine no es el de Alfred Hitchcock, o sea, ejecutar con la cámara lo que previamente se ha dibujado. Para mí hacer cine es un perpetuo descubrimiento de elementos que pueda incorporar al film", explica Payne.

Oscar
2012

Ganador de 1 premio

Oscar
2005

Ganador de 1 premio

Filmografía
Una vida a lo grande

2017 | Downsizing

En un congreso de desarrollo sostenible el científico noruego Jorgen Asbjørnsen presenta un descubrimiento sensacional. La posibilidad de reducir a las personas de tamaño, que traerá consigo enormes ventajas a un planeta que parece estar recorriendo el camino hacia la destrucción: seres humanos en miniatura significa reducción del coste de vida, menor consumo de valiosos recursos naturales cada vez más escasos, reducción en la generación de residuos... Todo parecen ventajas, y pasados unos años empieza a haber por todo el mundo pequeñas ciudades con hombrecitos, varones y mujeres, empresas especializadas publicitan ampliamente el procedimiento de volverse pequeño. Paul Safranek, terapeuta ocupacional, se deja seducir por la posibilidad de ser reducido de tamaño junto a su esposa Audrey, la inversión merece la pena, pues quizá con sus ahorros podrán vivir ya el resto de sus vidas sin necesidad de trabajar, y en el caso de que lo hagan será sólo para estar entretenidos y ocupar el tiempo. Pero cuando se lanzan a la aventura, surgen los miedos y las sorpresas. Original y sugerente parábola de anticipación al futuro que puede aguardar a una humanidad demasiado narcisista, a cargo de Alexander Payne, que vuelve a trabajar en el guión con Jim Taylor, ambos firmaron antes los libretos de Election, A propósito de Schmidt y Entre copas. El tándem Payne-Taylor hace gala de un sabio conocimiento de las grandezas y limitaciones del ser humano con una trama que muestra que, incluso ante un escenario que a priori debería hacer la vida más fácil a las personas, siempre surgen los problemas y las malas prácticas, existe el peligro de la manipulación, el abuso de las tecnologías, y las desigualdades sociales no van a desaparecer por arte de magia, o aquí, mejor dicho, de ciencia. La mirada es inteligente y poliédrica, y las cuestiones planteadas muy sugerentes, aunque quizá no se ha logrado el completo equilibrio argumental, decididamente algunos pasajes son más brillantes que otros. La narración, de algún modo, nos ofrece el punto de vista de Paul, que se identifica con el del espectador –el papel le va al pelo a Matt Damon, con su pinta de buen chico despistado, un boy scout–, y va por tanto del estupor al conocimiento, y pasa por el acostumbramiento a una nueva situación que exige al final, el tamaño no importa, buscar el bien del prójimo como condición imprescindible para ser feliz. Y todo arranca de un modo muy atractivo y ágil, con la presentación del descubrimiento y su progresiva implantación social. La tendencia a convertirlo todo en moda pasajera, o la tentación de anhelar una vida ociosa y vacía, se pintan con habilidad, la crítica social es mordaz. También en lo referente a la escasa solidez actual de los lazos matrimoniales, que pueden ser muy frágiles. Existe un problema en varios momentos de cambio de tono, Payne se arriesga y no acaba de lograr que todo cuadre. Pero se agradece su audacia, que le lleva a evitar simplismos. Los avances científicos más vanguardistas se pueden usar para oprimir a las personas, los cínicos y los aprovechados existen en todas partes, y pese a todo tienen su corazoncito –Christoph Waltz y Udo Kier, pillos contrabandistas serbios–, y aunque está bien aspirar al ideal de una sociedad perfecta, hay que mirar las utopías con un sano escepticismo, que no cinismo. En tal sentido la introducción del atractivo personaje de la activista vietnamita Ngoc Lan Tran –la desconocida Hong Chau, que trabajó con Paul Thomas Anderson en Puro vicio– es un hallazgo, que supone todo un revulsivo en la vida del mediocre Paul, quien empieza a saborear la satisfacción de ayudar a los demás desinteresadamente. La puesta en escena se beneficia de unos muy buenos efectos visuales a la hora de mostrar a seres diminutos en el mundo de las personas normales.

6/10
Los descendientes

2011 | The Descendants

Hawái es algo más que un lugar de playas paradisíacas. Las desgracias ocurren como en cualquier otro sitio, y Matt King, abogado inmobiliario demasiado absorto en su trabajo, está sufriendo una de ellas. Padre de dos hijas –la jovencita Alex y la pequeña Scottie–, la esposa y madre, Elizabeth, está en coma irreversible tras un accidente acuático. No hay esperanzas de recuperación, sólo queda desenchufar la respiración asistida, y cuidarla hasta que muera. Si sobrellevar algo así ya es difícil, todavía lo es más cuando Matt se entera por Alex que Elizabeth le engañaba. Debe encajar y gestionar esta dolorosa noticia, con la asunción en serio de su responsabilidad de padre de familia y la culminación de la venta una importante propiedad familiar en una de las islas, de la que él es único depositario, y que le enraiza con la tierra y sus antepasados nativos. Magnífica traslación a la pantalla de la novela homónima de Kaui Hart Hemmings, con guión del director, Alexander Payne, respaldado por el dúo de actores reconvertidos a guionistas que conforman Nat Faxon y Jim Rash. Se trata de una historia profundamente humana, de personajes muy bien perfilados, interpretados por un reparto sensacional donde brilla con luz propia George Clooney, perfecto en su rol de hombre corriente sobrepasado por los acontecimientos, pero también Shailene Woodley como su hija mayor, que aguanta sin titubeos los planos compartidos con la popular estrella. La niña Amara Miller es muy natural, y Nick Krause atrapa la idea de su rol, de atolondrado medio novio de Alex. Hay otros personajes con menos minutos en pantalla, pero con peso específico en la historia, y actores como Robert Forster, Judy Greer y Beau Bridges los bordan. También sale airoso Matthew Lillard en un papel difícil, su existencia y relación con Elizabeth son las que encauzan la tragedia en una dirección determinada. A Alexander Payne (A propósito de Schmidt, Entre copas) parece que le gusta estructurar sus películas en torno a un viaje o desplazamiento que no sólo es físico sino también, y sobre todo, emocional. Y aquí se apoya bien en una selección musical exótica hawaiana, que da el “mood” adecuado a lo que se cuenta. El cineasta arranca su historia con una familia en descomposición, con un futuro no demasiado prometedor, para mostrar cómo de lo que parece y es malo –el accidente, la infidelidad...­– puede surgir algo bueno –de la aceptación de la situación se pasa al conocimiento, la comprensión, el perdón, el amor en suma...– que tal vez ayude a recomponer lo que parecía irremisiblemente perdido. Con un esquema inteligente –etapas en el camino que incluyen la visita a amigos y familiares, y el hurgar en las heridas recién descubiertas–, y una feliz imbricación de la cuestión inmobiliaria –que invita a pensar en la tierra como algo más que una oportunidad de convertirse en millonario–, entrega una película que roza la perfección, donde a los momentos propicios para las lágrimas sabe darles, cuando conviene, algunos desahogos humorísticos muy de agradecer.

8/10
Os declaro marido y marido

2007 | I Now Pronounce You Chuck and Larry

Larry y Chuck son dos bomberos, que además de trabajar juntos, viven cerca el uno del otro y mantienen una gran amistad. Larry es un padre de familia que se quedó viudo, mientras que Chuck es un mujeriego que se resiste a sentar la cabeza. Cuando Chuck cae de una rampa que se desprende por accidente, Larry logra salvarle la vida. A cambio, Larry le pide un pequeño favor: firmar como si fuera su pareja gay en unos formularios, para sortear ciertos obstáculos administrativos en una póliza de seguro. Pero un revisor de la póliza sospecha que hay fraude, e inicia una exhaustiva investigación para comprobar si Chuck y Larry son  pareja. Éstos deciden apuntarse al registro de parejas de hecho en Canadá y fingir que viven juntos y están enamorados. Adam Sandler se pone a las órdenes de Dennis Dugan –que le dirigió en Un papá genial– en una alocada comedia. Le acompaña Kevin James, el patoso cliente de Will Smith, en Hitch: especialista en ligues, popular en Estados Unidos gracias a la televisión. En Salir del armario, una comedia menor del francés Francis Veber, un tipo fingía ser homosexual porque de esta forma su despido será considerado políticamente incorrecto. Tan sencillo planteamiento cumplía sus objetivos, y servía como crítica a la hipocresía social. Esta vez, el libreto ha pasado por cuatro guionistas, entre ellos Alexander Payne, el director de Entre copas, y sin embargo, no ha habido forma de que el punto de partida resulte creíble. ¿Es realmente necesario que los protagonistas se metan en un lío tan grande para que a los hijos de Larry no les falte dinero si éste muere en algún momento? ¿No es más fácil que Chuck cuide a los niños si le pasa algo a su amigo del alma? ¿Una agencia de seguros normal y corriente no le habría solucionado el tema? Como se puede suponer, se trata de una producción premeditadamente ligera, de corto alcance. Para darle un mínimo de fondo, incluye algún que otro apunte superficial sobre las consecuencias de una espiral de mentiras “inocentes”, que acaban generando efectos inesperados, y sobre la amistad. Con un guión un poco coherente y alguna secuencia ingeniosa, podría haber funcionado mínimamente. Pero Dennis Dugan se decanta por un tipo de humor cuartelero que sólo satisfacerá a un público muy poco exigente. Algunos momentos provocan vergüenza ajena, como cuando Adam Sandler aprovecha su supuesta homosexualidad para manosear a Jessica Biel, a años luz de la elegancia con la que Wilder trató secuencias similares en Con faldas y a lo loco.

2/10
Paris, je t'aime

2006 | Paris, je t'aime

Mosaico formado por dieciocho historias cortas, rodadas por cineastas excepcionales, que giran en torno al amor. Cada una transcurre en un barrio de París diferente, que sirve como título a cada segmento. El principal escollo es que los cineastas tienen entre cinco y seis minutos por corto, lo que supone un reto para muchos de ellos, acostumbrados a desarrollar sus historias. Sintetizar un relato no es tarea fácil, menos en el cine moderno, en el que por ejemplo son necesarias tres horas de King Kong para contar lo mismo que la película clásica, de 100 minutos. Esta dificultad deriva en que pocos de los autores son capaces de desarrollar una historia de entidad, y los que salen mejor parados son en su mayor parte los que se decantan por narrar una anecdotilla. Es el caso de Joel y Ethan Coen, que mezclan suspense y comedia en ‘Tuileries’, aunque no muestran París, pues transcurre en su totalidad en la estación de metro. Steve Buscemi interpreta a un turista que descubre a una pareja magreándose en el andén de enfrente, lo que causará imprevistas reacciones de los observados. Tiene también su gracia ‘Tour Eiffel’, en la que Sylvain Chomet reivindica el derecho a la diversidad, a través de la historia de amor de dos mimos. Isabel Coixet realiza su primera incursión en el género cómico, pues en ‘Bastille’ parodia sus propios dramones lacrimógenos, a través de la historia de un hombre a punto de dejar a su mujer por una amante más joven. Resulta al menos curiosa ‘Père Lachaise’, en la que el especialista en terror Wes Craven  cuenta con simpatía la visita de una pareja a la tumba de Oscar Wilde. El propio Craven interviene brevemente como actor en ‘Quartier de la Madeleine’, donde Vincenzo Natali convierte a Elijah Wood en protagonista de una historia de vampiros. Esto no significa que no hayan tenido éxito algunos cineastas que han optado por la vía dramática. Destaca Gurinder Chadha, con ‘Quais de Seine’, que apunta con pocos trazos una historia de amor interracial. En ‘Loin du 16ème’, los brasileños Walter Salles y Daniela Thomas han elegido una entrañable historia de amor maternal, recordando que el amor puede ser de diferentes clases. Frédéric Auburtin se ha encargado de rodar imágenes de París, que sirven de transición entre los cortos, y de ‘Quartier Latin’, homenaje al cine de John Cassavetes, con dos de los actores habituales del neoyorquino, su esposa Gena Rowlands y Ben Gazzara. Como en todos los trabajos colectivos, es inevitable que el nivel sea desigual. Desentonan parcialmente algunos pasajes, como ‘Porte de Choisy’, relato surrealista en torno a unas peluquerías chinas. Lo mismo le ocurre a ‘Le Marais’, pues a pesar de la fuerza visual de Gus Van Sant, su narración de un encuentro que podría dar lugar a una relación homosexual no acaba de arrancar. 

5/10
Entre copas

2004 | Sideways

Miles no levanta cabeza desde su reciente divorcio. Deprimido por sus desgraciadas cuitas amorosas, no ayuda demasiado el hecho de que las editoriales le estén dando largas a la hora de colocar su última novela. Para colmo de males, se ha comprometido con su amigo del alma Jack, actor de medio pelo, en una excursión enológica de varios días, planteada como despedida de soltero. Lo cierto es que, a pesar de su amor por los vinos, no le apetece nada el plan, sobre todo cuando constata que Jack pretende echar una cana al aire, acostándose con toda mujer que se le ponga a tiro. Pero allá van, a la aventura. Miles conocerá a Maya, camarera y experta en caldos, que le hace tilín. Y Jack se lía y da esperanzas a la experta en vinos Stephanie, sin dar señales en ningún momento de que es un hombre comprometido. Alexander Payne es un cineasta que combina sus dotes para la comedia con su deprimente visión de la vida. Dio buena prueba de ello al narrar las andanzas del jubilado Jack Nicholson en A propósito de Schmidt, o las de la candidata a delegada Reese Whiterspoon en Election. Aquí toma una novela tragicómica de Rex Pickett como base del film, y la adaptación, hecha con Jim Taylor, le ha valido su primer Oscar. Payne dibuja con mimo a sus personajes, sabe transformar en conmovedor su innegable patetismo. El humor y cascabeleo sempiternos de Jack son huecos y lo sabemos. Reímos con sus gansadas, pero la risa se congela en parte, sabemos que va camino del fracaso si no reacciona pronto. En cuanto a Miles, uno podría creerle una persona más entera, pero rebosa fragilidad, es inseguro, le cuesta vivir con lo que hay, pasar página. Los dos actores protagonistas, Thomas Haden Church y sobre todo Paul Giamatti, están sublimes. Mientras que sus ‘compañeras de fatigas’, Sandra Oh, pero más aún Virginia Madsen, rayan en sus composiciones a gran altura.

7/10
A propósito de Schmidt

2002 | About Schmidt

Warren Schmidt. Acaba de jubilarse de un importante puesto ejecutivo en su empresa. ¿Qué puede hacer ahora? Si se le ocurre dejarse caer por su antiguo trabajo, el jovenzuelo sustituto de turno le mirará con una cara cuyo significado bascula entre “qué pesado, ¿qué querrá éste ahora?” y “este viejito me viene ahora, ¡a mí!, a dar lecciones, ¿qué se habrá creído?”. Su esposa viene con ideas “geniales” como la comprar una caravana y recorrer a lo largo y a lo ancho los Estados Unidos. A punto de hacer ese viaje, la mujer muere: entonces Schmidt se entera de que tenía una aventura con su mejor amigo. Tal revelación le hace caer en un terrible abandono: su vida carece de alicientes, los afectos que creía auténticos le han fallado. Por si fuera poco, su hija está a punto de casarse con quien considera un perfecto imbécil. Así las cosas, el único lazo que le permite estar conectado al mundo es Ndugu Umbo, un niño africano al que ha apadrinado. Si uno lee el párrafo anterior, la conclusión que saca es que el film que nos ocupa es una auténtica tragedia. Y sin duda que en parte lo es. No obstante lo que nos entrega Alexander Payne, director de la interesante y también despiadada Election (1999), es una comedia llena de humor negro, una sátira tremenda sobre lo que puede ser una vida desprovista de significado. Ante tal situación, Payne nos pone en la tesitura de reír, por no llorar. Vemos a un hombre patético (genial Jack Nicholson, que evita caer en el histrionismo), que ha “visto” discurrir su existencia, pero que no la ha “mirado”, no la ha “vivido”, en el sentido más radical de la palabra. Sobre esto el director y coguionista –usando como hilo conductor las cartas que Schmidt escribe a su ahijado– nos regala situaciones muy divertidas, a la vez que nos hace reflexionar sobre la necesidad de contar con asideros capaces de dar sentido a la vida.

6/10
Parque Jurásico III

2001 | Jurassic Park III

Hagamos memoria. Hace unos años el prestigioso paleontólogo Alan Grant (Sam Neill) aceptó una invitación de un industrial millonario para visitar un parque temático creado por su compañía In Gen. Jurassic Park era algo completamente nuevo, un lugar donde se habían creado dinosaurios genéticamente. Pero la visita acabó en tragedia: los depredadores prehistóricos sembraron el terror entre los turistas, muchos de los cuales resultaron muertos. Ocho años después, el Dr. Alan Grant sigue investigando los dinosaurios y aunque ha logrado desarrollar algunas teorías –como la capacidad comunicativa de los velocirraptores- sus fondos no dan para mucho y su trabajo se encuentra en la cuerda floja. Por ese motivo no le costará demasiado aceptar la invitación de sobrevolar la isla de Sorna –otro de los lugares utilizados por In Gen- para servir de guía a un matrimonio aventurero, que está dispuesto a pagar a cambio una gran cantidad de dinero. Le acompañará su discípulo más aventajado. Pero cuando, iniciado el viaje, el piloto pretende aterrizar en la isla, Grant sospecha que algo no anda bien. En realidad, el matrimonio no quiere hacer turismo, sino rescatar a su hijo desaparecido en la isla unos días antes. La fauna prehistórica se encargará de que su misión no sea nada fácil. La película recupera sin duda el nivel que alcanzó la primera entrega de Steven Spielberg, quien esta vez se ha encargado de la producción ejecutiva y ha dejado el proyecto en manos de su alumno Joe Johnston (Jumanji). El resultado es aventura de altos vuelos y mayor realismo en las escenas de acción (la de la pajarera es impresionante). Quizá el final es algo brusco y el espectador reclame mayor duración, pero poco más se puede pedir. Una de las grandes bazas del film es recuperar a Sam Neill, un actor capaz de transmitir una inquietud permanente al espectador. William H. Macy está perfecto como padre del niño y Téa Leoni compone una de sus mejores interpretaciones.

6/10
Election

1999 | Election

El típico instituto norteamericano. Se acercan las elecciones de delegados de alumnos, y una jovencita (Reese Witherspoon), empollona insoportable y muy, muy ambiciosa, pretende ganar a toda costa. Al profesor de ética (Matthew Broderick) la chica le cae fatal, así que anima a otros alumnos a promover otra candidatura. No tiene ni idea de con quién se está jugando los cuartos. Original comedia corrosiva de Alexander Payne, crítica a la sociedad americana y al individualismo feroz, en línea con films como American Beauty. Su guión, firmado también por el propio director, tuvo una nominación al Oscar. Es de esos títulos que te deja con la sonrisa helada. Payne no deja títere con cabeza entre sus personajes que, únicamente, van a lo suyo. Un buen varapalo a la reinante moral del triunfo a toda costa, donde destacan las composiciones de los dos protagonistas, Witherspoon y Broderick.

6/10
Citizen Ruth

1996 | Citizen Ruth

Ruth Stoops, drogadicta enganchada al pegamento, e incluso a detergentes, descubre que está embarazada por quinta vez. El juez la envía a prisión recomendándole que aborte. Una familia intentará convencerla de que dé a luz, pero un grupo a favor del aborto tratará de ganarla para su causa. Sátira bastante exagerada del entonces debutante Alexander Payne, al que le falta la firmeza y madurez de sus posteriores trabajos, aunque apunta maneras. En su diatriba contra las posiciones extremas y la sinrazón, el futuro director de títulos tan redondos como Los descendientes critica con dureza tanto a los grupos provida como a los pro abortistas. El resultado final es fallido, por el excesivo recurso a la caricatura y el estereotipo a la hora de describir a los personajes. Al menos, cuenta con un esforzado trabajo de Laura Dern, como drogadicta que parece un saco de huesos.

4/10
Carmen (1985)

1985 | Carmen (1985)

Primer trabajo del director de Entre copas. Se trata de una parodia de la ópera “Carmen”, trasladada a una gasolinera donde uno de los encargados, bastante lelo, se deja engatusar por una preciosidad en el turno nocturno, sirviéndole la gasolina y las golosinas que se lleva gratis total. La cosa no quedará así, y además el pobre donjuán descubrirá que su amada se ha burlado de él. Con la música de Bizet, se urde la inofensiva broma.

5/10
Una vida a lo grande

2017 | Downsizing

En un congreso de desarrollo sostenible el científico noruego Jorgen Asbjørnsen presenta un descubrimiento sensacional. La posibilidad de reducir a las personas de tamaño, que traerá consigo enormes ventajas a un planeta que parece estar recorriendo el camino hacia la destrucción: seres humanos en miniatura significa reducción del coste de vida, menor consumo de valiosos recursos naturales cada vez más escasos, reducción en la generación de residuos... Todo parecen ventajas, y pasados unos años empieza a haber por todo el mundo pequeñas ciudades con hombrecitos, varones y mujeres, empresas especializadas publicitan ampliamente el procedimiento de volverse pequeño. Paul Safranek, terapeuta ocupacional, se deja seducir por la posibilidad de ser reducido de tamaño junto a su esposa Audrey, la inversión merece la pena, pues quizá con sus ahorros podrán vivir ya el resto de sus vidas sin necesidad de trabajar, y en el caso de que lo hagan será sólo para estar entretenidos y ocupar el tiempo. Pero cuando se lanzan a la aventura, surgen los miedos y las sorpresas. Original y sugerente parábola de anticipación al futuro que puede aguardar a una humanidad demasiado narcisista, a cargo de Alexander Payne, que vuelve a trabajar en el guión con Jim Taylor, ambos firmaron antes los libretos de Election, A propósito de Schmidt y Entre copas. El tándem Payne-Taylor hace gala de un sabio conocimiento de las grandezas y limitaciones del ser humano con una trama que muestra que, incluso ante un escenario que a priori debería hacer la vida más fácil a las personas, siempre surgen los problemas y las malas prácticas, existe el peligro de la manipulación, el abuso de las tecnologías, y las desigualdades sociales no van a desaparecer por arte de magia, o aquí, mejor dicho, de ciencia. La mirada es inteligente y poliédrica, y las cuestiones planteadas muy sugerentes, aunque quizá no se ha logrado el completo equilibrio argumental, decididamente algunos pasajes son más brillantes que otros. La narración, de algún modo, nos ofrece el punto de vista de Paul, que se identifica con el del espectador –el papel le va al pelo a Matt Damon, con su pinta de buen chico despistado, un boy scout–, y va por tanto del estupor al conocimiento, y pasa por el acostumbramiento a una nueva situación que exige al final, el tamaño no importa, buscar el bien del prójimo como condición imprescindible para ser feliz. Y todo arranca de un modo muy atractivo y ágil, con la presentación del descubrimiento y su progresiva implantación social. La tendencia a convertirlo todo en moda pasajera, o la tentación de anhelar una vida ociosa y vacía, se pintan con habilidad, la crítica social es mordaz. También en lo referente a la escasa solidez actual de los lazos matrimoniales, que pueden ser muy frágiles. Existe un problema en varios momentos de cambio de tono, Payne se arriesga y no acaba de lograr que todo cuadre. Pero se agradece su audacia, que le lleva a evitar simplismos. Los avances científicos más vanguardistas se pueden usar para oprimir a las personas, los cínicos y los aprovechados existen en todas partes, y pese a todo tienen su corazoncito –Christoph Waltz y Udo Kier, pillos contrabandistas serbios–, y aunque está bien aspirar al ideal de una sociedad perfecta, hay que mirar las utopías con un sano escepticismo, que no cinismo. En tal sentido la introducción del atractivo personaje de la activista vietnamita Ngoc Lan Tran –la desconocida Hong Chau, que trabajó con Paul Thomas Anderson en Puro vicio– es un hallazgo, que supone todo un revulsivo en la vida del mediocre Paul, quien empieza a saborear la satisfacción de ayudar a los demás desinteresadamente. La puesta en escena se beneficia de unos muy buenos efectos visuales a la hora de mostrar a seres diminutos en el mundo de las personas normales.

6/10
Nebraska

2013 | Nebraska

  Woody Grant, un anciano en el que asoman los primeros síntomas de demencia senil, está convencido de que ha ganado un millón de dólares en una lotería, y desea acudir personalmente desde Billings, Montana a Lincoln, Nebraska, para cobrar su premio. Los intentos de su esposa Kate, y sus hijos David y Ross por disuadirle resultan inútiles, una y otra vez se pone en camino rumbo a Nebraska. De modo que David se toma unos días de permiso en el trabajo para acompañar a su progenitor, lo se convierte en un momento privilegiado para estrechar lazos y hacer un alto en el camino en la pequeña localidad de la que es originario Woody y donde pasó su infancia su hijo. Allí se reunirá toda la familia. Formidable película de Alexander Payne, que de nuevo escoge el formato de “road-movie” –piénsese en Entre copas o A propósito de Schmidt– para contar una historia rebosante de humanidad, que reflexiona sobre el paso del tiempo, la ancianidad, y las relaciones paternofiliales y conyugales. Opta con toda justicia a seis Oscar que incluyen las categorías de mejor película, director, guión –del casi debutante Bob Nelson–, fotografía –maravilloso blanco y negro de Phedon Papamichael–, y las de sus dos actores ancianos, geniales Bruce Dern y June Squibb. Payne logra un maravilloso cuadro de la América profunda, que evita los extremos de caer en la complacencia simplificadora de la vida rural o en el juicio cruel y despiadado de quienes podrían considerarse paletos ignorantes. Hay nostalgia, sí, pero con sabor agridulce, que hace pensar en Una historia verdadera de David Lynch. Vemos buena gente, sencilla y algo ingenua, sin complejos, capaz también de notables mezquindades, motivadas por la avaricia y la envidia. La galería de personajes que aparece ante Woody en su pueblo natal es numerosa, ya sean parientes, el antiguo socio de un taller –buena composición de Stacy Keach–, un antiguo amor... Algunos de ellos son apenas figurantes con una frase, no son actores profesionales, pero su naturalidad desprende el aroma de lo auténtico. Aunque hay espacio para describir los variados lazos que unen a los personajes, sobresale la relación Woody-David, el segundo interpretado por Will Forte en el que sin duda es hasta la fecha el papel más importante de su carrera. La dedicación generosa del hijo a su padre conmueve y tiene el sabor de lo auténtico, de modo que en su caso, claramente, no sólo hay un viaje físico de Montana a Nebraska, sino otro más costoso y gratificante, hacia el corazón de su padre. Sorprende la perfección de muchos pasajes, maravillosamente escritos y puestos en escena, como los de la búsqueda de la perdida dentadura postiza, la incursión en una granja ajena para recuperar un compresor perdido, o el desenlace con una flamante furgoneta atravesando el pueblo. El dominio de la narrativa fílmica es prodigioso, todos los elementos ayudan: el libreto, la fotografía, la música, el entorno, las interpretaciones.  

9/10
Los descendientes

2011 | The Descendants

Hawái es algo más que un lugar de playas paradisíacas. Las desgracias ocurren como en cualquier otro sitio, y Matt King, abogado inmobiliario demasiado absorto en su trabajo, está sufriendo una de ellas. Padre de dos hijas –la jovencita Alex y la pequeña Scottie–, la esposa y madre, Elizabeth, está en coma irreversible tras un accidente acuático. No hay esperanzas de recuperación, sólo queda desenchufar la respiración asistida, y cuidarla hasta que muera. Si sobrellevar algo así ya es difícil, todavía lo es más cuando Matt se entera por Alex que Elizabeth le engañaba. Debe encajar y gestionar esta dolorosa noticia, con la asunción en serio de su responsabilidad de padre de familia y la culminación de la venta una importante propiedad familiar en una de las islas, de la que él es único depositario, y que le enraiza con la tierra y sus antepasados nativos. Magnífica traslación a la pantalla de la novela homónima de Kaui Hart Hemmings, con guión del director, Alexander Payne, respaldado por el dúo de actores reconvertidos a guionistas que conforman Nat Faxon y Jim Rash. Se trata de una historia profundamente humana, de personajes muy bien perfilados, interpretados por un reparto sensacional donde brilla con luz propia George Clooney, perfecto en su rol de hombre corriente sobrepasado por los acontecimientos, pero también Shailene Woodley como su hija mayor, que aguanta sin titubeos los planos compartidos con la popular estrella. La niña Amara Miller es muy natural, y Nick Krause atrapa la idea de su rol, de atolondrado medio novio de Alex. Hay otros personajes con menos minutos en pantalla, pero con peso específico en la historia, y actores como Robert Forster, Judy Greer y Beau Bridges los bordan. También sale airoso Matthew Lillard en un papel difícil, su existencia y relación con Elizabeth son las que encauzan la tragedia en una dirección determinada. A Alexander Payne (A propósito de Schmidt, Entre copas) parece que le gusta estructurar sus películas en torno a un viaje o desplazamiento que no sólo es físico sino también, y sobre todo, emocional. Y aquí se apoya bien en una selección musical exótica hawaiana, que da el “mood” adecuado a lo que se cuenta. El cineasta arranca su historia con una familia en descomposición, con un futuro no demasiado prometedor, para mostrar cómo de lo que parece y es malo –el accidente, la infidelidad...­– puede surgir algo bueno –de la aceptación de la situación se pasa al conocimiento, la comprensión, el perdón, el amor en suma...– que tal vez ayude a recomponer lo que parecía irremisiblemente perdido. Con un esquema inteligente –etapas en el camino que incluyen la visita a amigos y familiares, y el hurgar en las heridas recién descubiertas–, y una feliz imbricación de la cuestión inmobiliaria –que invita a pensar en la tierra como algo más que una oportunidad de convertirse en millonario–, entrega una película que roza la perfección, donde a los momentos propicios para las lágrimas sabe darles, cuando conviene, algunos desahogos humorísticos muy de agradecer.

8/10
Paris, je t'aime

2006 | Paris, je t'aime

Mosaico formado por dieciocho historias cortas, rodadas por cineastas excepcionales, que giran en torno al amor. Cada una transcurre en un barrio de París diferente, que sirve como título a cada segmento. El principal escollo es que los cineastas tienen entre cinco y seis minutos por corto, lo que supone un reto para muchos de ellos, acostumbrados a desarrollar sus historias. Sintetizar un relato no es tarea fácil, menos en el cine moderno, en el que por ejemplo son necesarias tres horas de King Kong para contar lo mismo que la película clásica, de 100 minutos. Esta dificultad deriva en que pocos de los autores son capaces de desarrollar una historia de entidad, y los que salen mejor parados son en su mayor parte los que se decantan por narrar una anecdotilla. Es el caso de Joel y Ethan Coen, que mezclan suspense y comedia en ‘Tuileries’, aunque no muestran París, pues transcurre en su totalidad en la estación de metro. Steve Buscemi interpreta a un turista que descubre a una pareja magreándose en el andén de enfrente, lo que causará imprevistas reacciones de los observados. Tiene también su gracia ‘Tour Eiffel’, en la que Sylvain Chomet reivindica el derecho a la diversidad, a través de la historia de amor de dos mimos. Isabel Coixet realiza su primera incursión en el género cómico, pues en ‘Bastille’ parodia sus propios dramones lacrimógenos, a través de la historia de un hombre a punto de dejar a su mujer por una amante más joven. Resulta al menos curiosa ‘Père Lachaise’, en la que el especialista en terror Wes Craven  cuenta con simpatía la visita de una pareja a la tumba de Oscar Wilde. El propio Craven interviene brevemente como actor en ‘Quartier de la Madeleine’, donde Vincenzo Natali convierte a Elijah Wood en protagonista de una historia de vampiros. Esto no significa que no hayan tenido éxito algunos cineastas que han optado por la vía dramática. Destaca Gurinder Chadha, con ‘Quais de Seine’, que apunta con pocos trazos una historia de amor interracial. En ‘Loin du 16ème’, los brasileños Walter Salles y Daniela Thomas han elegido una entrañable historia de amor maternal, recordando que el amor puede ser de diferentes clases. Frédéric Auburtin se ha encargado de rodar imágenes de París, que sirven de transición entre los cortos, y de ‘Quartier Latin’, homenaje al cine de John Cassavetes, con dos de los actores habituales del neoyorquino, su esposa Gena Rowlands y Ben Gazzara. Como en todos los trabajos colectivos, es inevitable que el nivel sea desigual. Desentonan parcialmente algunos pasajes, como ‘Porte de Choisy’, relato surrealista en torno a unas peluquerías chinas. Lo mismo le ocurre a ‘Le Marais’, pues a pesar de la fuerza visual de Gus Van Sant, su narración de un encuentro que podría dar lugar a una relación homosexual no acaba de arrancar. 

5/10
Entre copas

2004 | Sideways

Miles no levanta cabeza desde su reciente divorcio. Deprimido por sus desgraciadas cuitas amorosas, no ayuda demasiado el hecho de que las editoriales le estén dando largas a la hora de colocar su última novela. Para colmo de males, se ha comprometido con su amigo del alma Jack, actor de medio pelo, en una excursión enológica de varios días, planteada como despedida de soltero. Lo cierto es que, a pesar de su amor por los vinos, no le apetece nada el plan, sobre todo cuando constata que Jack pretende echar una cana al aire, acostándose con toda mujer que se le ponga a tiro. Pero allá van, a la aventura. Miles conocerá a Maya, camarera y experta en caldos, que le hace tilín. Y Jack se lía y da esperanzas a la experta en vinos Stephanie, sin dar señales en ningún momento de que es un hombre comprometido. Alexander Payne es un cineasta que combina sus dotes para la comedia con su deprimente visión de la vida. Dio buena prueba de ello al narrar las andanzas del jubilado Jack Nicholson en A propósito de Schmidt, o las de la candidata a delegada Reese Whiterspoon en Election. Aquí toma una novela tragicómica de Rex Pickett como base del film, y la adaptación, hecha con Jim Taylor, le ha valido su primer Oscar. Payne dibuja con mimo a sus personajes, sabe transformar en conmovedor su innegable patetismo. El humor y cascabeleo sempiternos de Jack son huecos y lo sabemos. Reímos con sus gansadas, pero la risa se congela en parte, sabemos que va camino del fracaso si no reacciona pronto. En cuanto a Miles, uno podría creerle una persona más entera, pero rebosa fragilidad, es inseguro, le cuesta vivir con lo que hay, pasar página. Los dos actores protagonistas, Thomas Haden Church y sobre todo Paul Giamatti, están sublimes. Mientras que sus ‘compañeras de fatigas’, Sandra Oh, pero más aún Virginia Madsen, rayan en sus composiciones a gran altura.

7/10
A propósito de Schmidt

2002 | About Schmidt

Warren Schmidt. Acaba de jubilarse de un importante puesto ejecutivo en su empresa. ¿Qué puede hacer ahora? Si se le ocurre dejarse caer por su antiguo trabajo, el jovenzuelo sustituto de turno le mirará con una cara cuyo significado bascula entre “qué pesado, ¿qué querrá éste ahora?” y “este viejito me viene ahora, ¡a mí!, a dar lecciones, ¿qué se habrá creído?”. Su esposa viene con ideas “geniales” como la comprar una caravana y recorrer a lo largo y a lo ancho los Estados Unidos. A punto de hacer ese viaje, la mujer muere: entonces Schmidt se entera de que tenía una aventura con su mejor amigo. Tal revelación le hace caer en un terrible abandono: su vida carece de alicientes, los afectos que creía auténticos le han fallado. Por si fuera poco, su hija está a punto de casarse con quien considera un perfecto imbécil. Así las cosas, el único lazo que le permite estar conectado al mundo es Ndugu Umbo, un niño africano al que ha apadrinado. Si uno lee el párrafo anterior, la conclusión que saca es que el film que nos ocupa es una auténtica tragedia. Y sin duda que en parte lo es. No obstante lo que nos entrega Alexander Payne, director de la interesante y también despiadada Election (1999), es una comedia llena de humor negro, una sátira tremenda sobre lo que puede ser una vida desprovista de significado. Ante tal situación, Payne nos pone en la tesitura de reír, por no llorar. Vemos a un hombre patético (genial Jack Nicholson, que evita caer en el histrionismo), que ha “visto” discurrir su existencia, pero que no la ha “mirado”, no la ha “vivido”, en el sentido más radical de la palabra. Sobre esto el director y coguionista –usando como hilo conductor las cartas que Schmidt escribe a su ahijado– nos regala situaciones muy divertidas, a la vez que nos hace reflexionar sobre la necesidad de contar con asideros capaces de dar sentido a la vida.

6/10
Election

1999 | Election

El típico instituto norteamericano. Se acercan las elecciones de delegados de alumnos, y una jovencita (Reese Witherspoon), empollona insoportable y muy, muy ambiciosa, pretende ganar a toda costa. Al profesor de ética (Matthew Broderick) la chica le cae fatal, así que anima a otros alumnos a promover otra candidatura. No tiene ni idea de con quién se está jugando los cuartos. Original comedia corrosiva de Alexander Payne, crítica a la sociedad americana y al individualismo feroz, en línea con films como American Beauty. Su guión, firmado también por el propio director, tuvo una nominación al Oscar. Es de esos títulos que te deja con la sonrisa helada. Payne no deja títere con cabeza entre sus personajes que, únicamente, van a lo suyo. Un buen varapalo a la reinante moral del triunfo a toda costa, donde destacan las composiciones de los dos protagonistas, Witherspoon y Broderick.

6/10
Citizen Ruth

1996 | Citizen Ruth

Ruth Stoops, drogadicta enganchada al pegamento, e incluso a detergentes, descubre que está embarazada por quinta vez. El juez la envía a prisión recomendándole que aborte. Una familia intentará convencerla de que dé a luz, pero un grupo a favor del aborto tratará de ganarla para su causa. Sátira bastante exagerada del entonces debutante Alexander Payne, al que le falta la firmeza y madurez de sus posteriores trabajos, aunque apunta maneras. En su diatriba contra las posiciones extremas y la sinrazón, el futuro director de títulos tan redondos como Los descendientes critica con dureza tanto a los grupos provida como a los pro abortistas. El resultado final es fallido, por el excesivo recurso a la caricatura y el estereotipo a la hora de describir a los personajes. Al menos, cuenta con un esforzado trabajo de Laura Dern, como drogadicta que parece un saco de huesos.

4/10
Carmen (1985)

1985 | Carmen (1985)

Primer trabajo del director de Entre copas. Se trata de una parodia de la ópera “Carmen”, trasladada a una gasolinera donde uno de los encargados, bastante lelo, se deja engatusar por una preciosidad en el turno nocturno, sirviéndole la gasolina y las golosinas que se lleva gratis total. La cosa no quedará así, y además el pobre donjuán descubrirá que su amada se ha burlado de él. Con la música de Bizet, se urde la inofensiva broma.

5/10
Paris, je t'aime

2006 | Paris, je t'aime

Mosaico formado por dieciocho historias cortas, rodadas por cineastas excepcionales, que giran en torno al amor. Cada una transcurre en un barrio de París diferente, que sirve como título a cada segmento. El principal escollo es que los cineastas tienen entre cinco y seis minutos por corto, lo que supone un reto para muchos de ellos, acostumbrados a desarrollar sus historias. Sintetizar un relato no es tarea fácil, menos en el cine moderno, en el que por ejemplo son necesarias tres horas de King Kong para contar lo mismo que la película clásica, de 100 minutos. Esta dificultad deriva en que pocos de los autores son capaces de desarrollar una historia de entidad, y los que salen mejor parados son en su mayor parte los que se decantan por narrar una anecdotilla. Es el caso de Joel y Ethan Coen, que mezclan suspense y comedia en ‘Tuileries’, aunque no muestran París, pues transcurre en su totalidad en la estación de metro. Steve Buscemi interpreta a un turista que descubre a una pareja magreándose en el andén de enfrente, lo que causará imprevistas reacciones de los observados. Tiene también su gracia ‘Tour Eiffel’, en la que Sylvain Chomet reivindica el derecho a la diversidad, a través de la historia de amor de dos mimos. Isabel Coixet realiza su primera incursión en el género cómico, pues en ‘Bastille’ parodia sus propios dramones lacrimógenos, a través de la historia de un hombre a punto de dejar a su mujer por una amante más joven. Resulta al menos curiosa ‘Père Lachaise’, en la que el especialista en terror Wes Craven  cuenta con simpatía la visita de una pareja a la tumba de Oscar Wilde. El propio Craven interviene brevemente como actor en ‘Quartier de la Madeleine’, donde Vincenzo Natali convierte a Elijah Wood en protagonista de una historia de vampiros. Esto no significa que no hayan tenido éxito algunos cineastas que han optado por la vía dramática. Destaca Gurinder Chadha, con ‘Quais de Seine’, que apunta con pocos trazos una historia de amor interracial. En ‘Loin du 16ème’, los brasileños Walter Salles y Daniela Thomas han elegido una entrañable historia de amor maternal, recordando que el amor puede ser de diferentes clases. Frédéric Auburtin se ha encargado de rodar imágenes de París, que sirven de transición entre los cortos, y de ‘Quartier Latin’, homenaje al cine de John Cassavetes, con dos de los actores habituales del neoyorquino, su esposa Gena Rowlands y Ben Gazzara. Como en todos los trabajos colectivos, es inevitable que el nivel sea desigual. Desentonan parcialmente algunos pasajes, como ‘Porte de Choisy’, relato surrealista en torno a unas peluquerías chinas. Lo mismo le ocurre a ‘Le Marais’, pues a pesar de la fuerza visual de Gus Van Sant, su narración de un encuentro que podría dar lugar a una relación homosexual no acaba de arrancar. 

5/10

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