Ayer lunes se proyectó en Cuenca, en el contexto de la Semana Internacional de Cine “Mujeres en dirección” , la última película de la directora
Ayer lunes se proyectó en Cuenca, en el contexto de la Semana Internacional de Cine “Mujeres en dirección”, la última película de la directora libanesa Nadine Labaki, la muy interesante ¿Y ahora adónde vamos?. Más de un cineasta español empeñado en abordar en sus películas la guerra civil española debería echar una ojeada a este film, modélico a la hora de afrontar serenamente y sin acritud una situación tan dolorosa como la confrontación, que con demasiada frecuencia se produce, entre cristianos y musulmanes. Para decirlo sin ambages, estoy pensando en un cineasta que demostró una enorme sensibilidad para describir el alma femenina en Solas, pero que fracasa en su visión sesgada de las consecuencias que siguieron al conflicto fraticida que asoló España entre 1936 y 1939. Benito Zambrano no sólo toma partido por un bando, lo que resulta razonable, sino que adolece de falta de objetividad con su visión maniquea de la cosa, donde los malos son muy malos, y los buenos muy buenos.
Labaki es tan habilidosa al pintar los problemas de un pueblecito libanés donde hay una iglesia y una mezquita, y donde las mujeres logran estar por encima de las diferencias de creencias y pertenencias de grupo a las que los hombres conceden una desenfocada importancia, que este bloguero confiesa que no le resulta fácil adivinar si la directora es cristiana o musulmana. Tengo la sensación de que lo primero, pero sea como fuere Labaki logra un delicado equilibrio para subrayar lo que le interesa, que las diferencias no deberían ser obstáculo para lograr una convivencia pacífica y respetuosa con los otros.
La directora libanesa se mueve en el filo de la navaja con las artimañas de las mujeres para alcanzar la deseada meta de la paz. Lágrimas de una imagen falsamente milagrosa (¿o no?) de la Virgen, y sobre todo cierta “solución final” que no es cuestión de desvelar aquí. Pero siempre domina la mirada amable y el deseo de no ofender a nadie. Me viene a la cabeza la escena de un niño Jesús hecho pedazos en la película de Zambrano, sin duda desagradable y con capacidad de herir al espectador creyente; también hay una imagen que sufre violencia en el film de Labaki pero el tratamiento es distinto, hay un contexto que lleva a una lectura que no molesta. Es verdad que potencialmente el público cristiano es más tolerante en el enfoque de estas cuestiones, pero la realidad es que se nota que Labaki sabe en qué terreno se mueve, y que es una mujer prudente. Algo que no demuestra el cineasta andaluz, que confía en el típico pasotismo español, y en la complicidad de cierto anticlericalismo rancio.
Si alguien cree que extrapolo demasiado con ¿Y ahora adónde vamos?, proponiendo la película como modelo para otras películas que aborden divisiones internas en naciones, copio de la declaración de intenciones de la propia Nadine Labaki: “Aunque el país en el que se desarrolla esa guerra es el Líbano, en ningún momento se pronuncia este nombre porque para mí la guerra entre dos confesiones es universal. Podría muy bien desarrollarse entre suníes y chiíes, entre negros y blancos, entre dos partidos, dos clanes, dos hermanos, dos familias, dos pueblos... Es la imagen misma de todas las guerras civiles en las que la gente de un mismo país se enfrenta entre sí aunque sean vecinos e incluso amigos.”
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