El golpe del FBI a Megaupload sigue convulsionando a la sociedad internauta y a los creadores de contenidos. Hay que reconocer que en la era de
El golpe del FBI a Megaupload sigue convulsionando a la sociedad internauta y a los creadores de contenidos. Hay que reconocer que en la era de internet la capacidad de opinar, declarar y, por qué no decirlo, intoxicar, es grande, muy grande. Estos días han circulado datos de que tras el cierre de la página de descargas, se había producido un aumento espectacular en la asistencia a salas para ver películas, y en el consumo de películas en la red en sitios legales. A mí me parece que en tan poco tiempo es imposible hacer un análisis riguroso del efecto Megaupload en lo que se refiere a descenso de la piratería y crecimiento del uso de los cauces aprobados por los propietarios intelectuales o sus representantes. Una cosa son los deseos, y querer arrimar el ascua a la propia sardina –es decir, aprovechar el impacto mediático del aspecto mafioso de Kim 'Dotcom' para despertar conciencias narcotizadas–, y otra la condición humana, resultará difícil desterrar el hábito del cine y las series gratis en el adicto (o yonki, por usar la terminología del site Seriesyonkis).
En realidad, ya se escuchan comentarios y hay posts en la red donde los enganchados vienen a decir que si no pueden conseguir su dosis diaria de peli o serie con su camello habitual (Megaupload), se la buscarán en otra parte. Y es que ciertamente hay algo de adicción en la descarga compulsiva de material, y el mono puede hacer de las suyas, a algún internauta le puede dar un telele si no se descarga antes que nadie el nuevo episodio de Modern Family, aunque sea en inglés y con subtítulos cutres, no importa, la clave es tener el subidón antes que nadie, y sobrevivir hasta el próximo episodio.
Lo curioso es que ninguno de los sitios alternativos donde el adicto puede conseguirse material quiere tomar la bandera de “defensor de la libertad de expresión”, “yo tengo todos los contenidos, descarguen, por favor”. No, la actitud es “yo no soy como Megaupload”, “yo no sé lo que la gente sube aquí”. Alguno hasta quitó incentivos para subir contenidos tras la actuación del FBI, se cita en tal sentido a Fileserve. Y por ejemplo, Rapidshare, a través de su portavoz Daniel Raimer ha declarado: “Si el gerente de un banco fuese detenido por blanquear dinero, eso no significaría el cierre de todos los bancos”, al tiempo que asegura que ellos no recompensan a los usuarios que suben contenidos recién estrenados en cine o DVD, como parece que hacía Megaupload. Y Seriesyonkis también afirma en un comunicado que “en ningún momento ha tenido contacto ni relaciones comerciales de ningún tipo con Megaupload”. En fin, lo que está claro es que algunos están viendo las orejas al lobo, y andan poniéndose la armadura, e investigando a ver si hay por donde agarrarles. Dicen que por ningún sitio, claro, pero seguramente lo mismo pensaban Kim ‘Dotom’ y compañía.
Como es sabido Anonymous reaccionó al golpe contra Megaupload atacando páginas varias, incluso con amenazas previas del ataque, el caso de Sony, que tuvo que tener 13 horas de “mantenimiento”. Pero parece que al más puro estilo gangsteril lo que les apetece es atacar el website del, para ellos, enemigo público número 1: el FBI. Ratatatatá.
