Entrevistas
“Senté a los actores en una silla, en un espacio neutro, sin distracciones, porque quería centrarme en el mensaje”
Javier Kühn, director de “19, solos frente a la verdad”
Tras una larga trayectoria como cortometrajista, y ejercer como asistente de producción en títulos de Hollywood rodados en España con Ridley Scott (“1492, la conquista del paraíso”) y Steven Spielberg (“El imperio del sol”), Javier Kühn debuta en el largometraje con el documental testimonial “19, solos frente a la verdad”.
En el film aparecen primeras espadas de la interpretación del cine español (Marian Álvarez, Imanol Arias, Alicia Borrachero, María Castro, Lolita Flores, Javier Gutiérrez, Fele Martínez, Belén Rueda, Jorge Sanz, Luis Tosar y Unax Ugalde), que narran sus experiencias por la incertidumbre del confinamiento al que obligó la pandemia del coronavirus, en marzo de 2020.
¿Cuál ha sido el secreto para dejar que los actores entrevistados se abrieran de corazón?
Les dejé hacer, les dejé hablar, les dejé emocionarse, les dejé pensar, les dejé rectificar. Dese cuenta de que nada estaba guionizado, así que cada uno habló de lo que quiso. Aún así, sorprende que se hayan abierto de corazón. Yo les pedí un poco eso, les dije que fueran sinceros, contar lo que había ocurrido desde dentro, desde la piel, con sentimiento. Tanto lo bueno como lo malo, porque en cada relato creo que hay cosas positivas y alguna que otra negativa, pero que lo contaran, que lo vomitaran desde el estómago. Así que pedí sinceridad y creo que eso sí está conseguido, porque al final incluso algunos han desvelado cosas que no habían contado hasta entonces. Por lo menos públicamente.
Éramos un equipo reducido, eso es verdad, precisamente para sumergirles a cada uno de ellos en esa intimidad que el relato necesitaba y de la que ellos también precisaban para contarla. Creé una caja negra que iluminé, pero para lograr ese tono tan elegante pero tan duro a la vez, no quería ningún tipo de distracciones, no quería un fondo bonito, no quería ubicarles en ningún otro espacio que distrajera más allá de lo que es el mensaje. La atmósfera que creamos consiguió también reforzar esa sensación de intimidad para que ellos también se sintieran libres y sueltos a la hora de contarnos su relato.
¿Fue complejo el montaje?
Creo que el film fluye muy bien tras una ardua labor de montaje, porque dejé en el tintero muchas cosas, hay muchos descartes. Yo realmente senté a los actores en una silla, en un espacio neutro, en un plato en el que no había distracción de ningún tipo, con un fondo oscuro, porque quería centrarme en el mensaje. Y les dejé hablar todo lo que quisieran. Hubo gente que grabó veinte minutos de monólogo, pero hemos dejado las piezas en cuatro o cinco minutos. Fue complejo editar lo que creía más interesante, y conseguir que se discurso final que ha quedado tuviera un sentido.
¿Cómo se preparó la fotografía tan evocadora?
Colaboró conmigo la directora de fotografía Cristina Pérez, que es una de mis habituales, suelo trabajar con ella muy a menudo. Lo hablamos mucho antes de la preproducción, antes del rodaje. No quería sentar a esta gente en un sitio en el que hubiera cualquier otro elemento, y que el ojo se desviara hacia allí, porque lo que quería es que los espectadores se centraran en lo que los actores nos contaban. Entonces establecimos este blanco y negro que nos pareció muy elegante. Da también fuerza a esa intimidad.
Utilizamos tres cámaras, una frontal, una lateral y luego teníamos una cámara autónoma para registrar la piel, en esos primeros planos se observan las manos y los ojos. Creamos una caja oscura precisamente para eso, para meterles como en el útero digamos, por hacer un símil, y que ellos estuvieran solos con su historia frente al objetivo y luego la luz, pues fue magia de Cristina, claro.
Todos ellos tienen en común que hablan de la importancia de los seres queridos y de la familia. ¿Cree que esto es un mensaje universal y que todos los espectadores se van a identificar con este mensaje?
Sí, yo creo que sí, estoy convencido. Al final al final todo el mundo habla de los temas universales, del amor, de la muerte, de la vida, de la familia. Son temas que sobre todo en una situación tan caótica y tan convulsa como aquella nos tocaron muy de lleno. Al final a quien tienes cerca es a quien amas, ¿no? A quien te acompaña, a quien es el compañero o compañera de tu vida bueno, pues los que tienen hijos los que tienen pareja, los que tienen padres, al final a lo que te agarras yo creo que es al amor de los tuyos.
¿Esperaba que tantos actores de primerísima categoría aceptaran?
El casting es fabuloso. Costó mucho, no tanto que aceptaran porque se les contaba el proyecto y enseguida a ellos les parecía muy interesante y querían participar. El problema es que era complicado trabajar con gente de tanto nivel. Todos estaban llenos de compromisos. Quien no tenía un rodaje de un largometraje, estaba con una serie, o una obra de teatro. Algunos estaban fuera de España.
Entonces más que una selección, nos tuvimos que ajustar a quien estaba disponible en ese momento. Lo saludable hubiera sido rodar de continuo el documental, pero claro, no podíamos por las agendas de ellos. Arrancamos con Imanol Arias y con Luis Tosar un día y no pudimos rodar con el con el resto hasta muchos meses después. Al final, una tercera parte del rodaje la terminamos con Belén Rueda y con María Castro. Los pillábamos cuando tenían un hueco. Seguir con el rodaje no era difícil técnicamente, pues una vez que tienes preparado el set es igual para todos. Es la misma iluminación el mismo plato, el mismo fondo. Una vez que lo tienes hecho simplemente sentarles y dirigirles pero el problema era sentarles, porque las agendas eran de hierro. Nos ha pasado que teníamos previsto rodar con alguien, pero le surgía algo, y de repente no le teníamos.
¿Recuerda algo que le haya conmovido?
A mí me conmueve el discurso global quiero decir, no hay o no sabría decir si hay una parte que me toca más, me gusta más o me conmueve más. Al final, son actores y actrices muy dispares. cada uno es un mundo y cada uno cuenta las cosas a su manera.
Sí me di cuenta de una cosa. Todos, absolutamente todos, al final hablan del gran amor y el gran cariño que tienen cada uno a su profesión. Aparte de todas las actitudes que les pudo ocurrir durante este tiempo es verdad que cuando todo se flexibilizó y hubo mano vía libre para salir y para relacionarse un poco más, cuando ya no estaba todo tan encorsetado, el volver a un teatro, a un rodaje, dicen que es una catarsis, una liberación. El profundo amor y respeto que sienten por su profesión es un mensaje común a todos y eso me pareció me pareció maravilloso.
En los interludios, cada actor aparece con una cámara. ¿Qué se pretendía comunicar?
Necesitaba una transición entre discurso y discurso porque me parecía que tener todos estos testimonios seguidos, aunque sean muy interesantes, que lo son, hacía necesario un poco de aire para respirar. Había que hacer descompresión, como los buzos. Se me ocurrió esta forma de dar el paso de uno a otro. Aparecen con una cámara Polaroid, retratando al siguiente invitado. Así, el público asimila lo que le acaban de contar, y ya tenemos enseguida al siguiente personaje. Creo que ese nexo nos daba una continuidad que me parecía muy interesante.
No se pensaba estrenar en cine pero al final llega a las salas. ¿Es porque el film tiene una mejor respuesta del público de la que se esperaba?
Estoy muy contento. Siempre tengo una idea aproximada de cómo quiero que resulten mis proyectos, o cómo me gustaría que los reciba el público. Pero el documental testimonial es un formato muy difícil para mí y creo que para el actor, porque al no haber guión, ocurren cosas inesperadas. Por mucho que los protagonistas sepan qué van a decir, al final siempre hay grietas y sorpresas.
Hasta que no entré en montaje no fui viendo cómo había salido ese discurso. Como no tenía clara una idea de lo que iba a resultar, me sorprendió para bien el resultado. Dije, caramba ya en rodaje me gustaba todo lo que veía y todo lo que escuchaba, pero en la edición se hizo la magia.
Parece una conversación entre ellos y tú, porque es verdad que no hay esa distracción que puede haber cuando colocas a un actor en un sitio muy bonito, en un teatro en un exterior, que de repente hay una postalita y el ojo se te puede ir más a cualquier otra cosa. Aquí es él, su discurso y nada más. Incluso le pedí a Juan Antonio Simarro, autor de la música, que dejásemos lo más posible el relato en silencio y que solo en cada uno de ellos al principio y al final del discurso empezara la parte musical. Precisamente para que en el núcleo del relato no hubiera una distracción ni siquiera sonora, y eso que la música es maravillosa.
¿Cómo fue trabajar con un compositor y director tan reputado como Juan Antonio Simarro?
Apareció en el último momento porque al principio quería centrarme en el discurso de los actores, en lo que contaban en el mensaje y una vez que tuviera eso validado y que me quedara contento, me metería de lleno con la música. Una vez rodado todo me puse a trabajar con Simarro. Fue una maravilla, porque además entendió a la perfección lo que documentalmente se necesitaba en cuanto a la banda sonora. Es un compositor de primerísima categoría, la verdad es que es un lujazo trabajar con él.
Ha sido su primer largo como director tras una larguísima trayectoria de cortos ¿Tiene nuevos proyectos?
Pues sí, la verdad es que sí, tengo muchas historias que contar en el cajón. Siempre estoy escribiendo. Pero es difícil financiar una película.
Puedes leer aquí la entrevista con Jorge Sanz.
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