Entrevistas
Que Isabel Coixet ruede en inglés ya no es noticia
Que Isabel Coixet ruede en inglés ya no es noticia. Sí lo es que lo haga exclusivamente con capital estadounidense y guión ajeno. La directora nos explica hasta qué punto considera Elegy como una criatura suya. Y confiesa que hay un personaje del film con el que tiene bastantes conexiones: el de Patricia Clarkson.
David, el personaje de Ben Kingsley, es un depredador de mujeres, que se acuesta con toda la que se pone a tiro. ¿Qué fuerza mayor hace que se frene ante la mujer que ama?
Yo creo que él confunde las cosas. Es una persona que lo sabe todo sobre música, arte, etcétera. Y piensa que ser fuerte es no decir nunca te quiero ni aceptar que alguien te pueda querer. Yo pienso que es todo lo contrario, la auténtica fortaleza es saber querer y saber aceptar que otra persona te quiera, dure el tiempo que dure. Entonces él provoca que ella le deje, aunque desde que la conoce vive angustiado por si alguien se la quita.
Siempre que habla de Consuela [Penélope Cruz] con George [Dennis Hopper], lo hace de una manera minimizadora. El comentario del partido de fútbol va en ese sentido, de ahí que el otro le haga la broma de la viagra. Yo tengo muchos amigos hombres y oigo que hablan así de las mujeres, de sus conquistas. Es una manera de hablar a lo bruto que yo entiendo, porque es más fácil hablar de tías que de mujeres. Es una forma más superficial, menos comprometida y sobre todo, la historia está siempre en el terreno de lo sexual, no van a tocar inicialemente ningún otro sentimiento, no vaya a ser que esto se desmadre. Así que yo creo que él se pasa todo el tiempo asustado. Está horrorizado porque está enamorado y eso no lo puede soportar.
El hijo de David es otro personaje muy inmaduro.
En la novela el personaje del hijo es el que menos me gustaba. Tenía un gran problema con él. Incluso contemplé, en un momento dado, matarlo. Pero el escritor, Philip Roth, me dijo que eso no podía hacerlo. Él no ha tenido hijos y nunca ha querido tenerlos. Él se imagina la paternidad así, yo creo que en ese personaje hay una proyección de cómo él se imagina las relaciones paternofiliales. Para mí es el personaje más patético, porque entiendo que hay un momento en la vida en que hay que perdonar a los padres. David los abandonó, pero como él le recuerda, es un tipo con éxito, con una familia, y no un drogadicto al que le ha destrozado la vida. En mi caso, yo siento muy poca simpatía por la gente que, alcanzada una cierta edad, se aferra a las historias de que su padre lo abandonó cuando era pequeño. Me parece que esta actitud les sirve para justificar este odio constante. Y lo más triste es que Kenneth ve que se está convirtiendo en su padre y no lo puede soportar.
La única condición que puse para finalmente no matar al hijo de David fue que lo interpretara Peter Sarsgaard, que me parece que hace un trabajo impresionante, porque es el que menos secuencias tiene y menos cosas en las que trabajar. Lo conocí en Sundance y me pareció un actorazo, capaz de defender personajes indefendibles.
¿Hasta qué punto has hecho tuya la novela de Philip Roth?
Unos meses antes de empezar el rodaje tomé una decisión después de hablar con Philip y de haberme leído tres veces su novela. Decidí que no iba a volver a leerla ni a preocuparme de si era fiel o no. La decisión era hacer la película con los elementos que yo creía que tenían que estar, y no volver a darle vueltas a algo que al final es inútil. Una novela es una novela y una película es una película. Los procesos son diferentes. La manera en que tú aceptas las cosas como espectador es muy diferente a la forma en la que lo haces como lector.
A Philip le enviamos una serie de secuencias que pidió explícitamente ver. Sé que le gustaron. Aún no ha visto la película entera, pero la va a ver dentro de poco. Lo cierto es que yo estaba más nerviosa cuando lo iba a ver antes de comenzar nada, cuando todo estaba en el aire, que ahora. Sospecho que no le va a gustar por sistema. También sé que le va a gustar más que La mancha humana, de eso estoy segura. Con esto no quiero meterme con la calidad de dicha película. Me refiero a que en ese film hay algo de base que es imposible. Tú puedes leer una novela y pensar que el protagonista, que es blanco, tiene unos padres negros, pero cuando ves en la pantalla la presencia de Anthony Hopkins, se come cualquier opción. Es imposible que el espectador se crea que sus padres son negros. Partiendo de ahí, el drama de la película no es nada. Esto lo hablamos mucho Philip y yo. Le expliqué que yo lo que quería era que la relación entre ellos fuera creíble. De todas maneras, Philip no necesita que nadie venga a explicar sus novelas. Él ha vendido los derechos de “American Pastoral” por 10 millones de dólares. Es decir, las películas le dan dinero, pero no lo necesita para tener más prestigio. Lo que él hace es único y la película es otra cosa.
¿Cómo ha sido trabajar con los métodos de una producción americana?
Yo tenía mucho miedo y dudas antes de aceptar esta historia. Pensaba: “¿Por qué te metes en esto?”. Pero a la vez había algo que me llamaba. Era la oportunidad de trabajar con una actriz que me gusta mucho y que es Penélope, que creo que ha nacido para hacer este personaje. También era la oportunidad de trabajar con Ben Kingsley, con Dennis Hopper, con gente que cuando leía el guión los veía en sus papeles. Lo mismo me sucedía con Patricia Clarkson y con Peter. Todavía no habían aceptado, pero yo estaba segura de que lo harían. Y para mí aquello era un desafío, era como entrar en la liga de las personas mayores. Cuanto más miedo me daba, más ganas tenía de decir que sí.
Tengo que decir que tuve muchas discusiones con los productores. Las dos primeras semanas de rodaje fueron un infierno. Recuerdo que pensé: “Bueno, pues me voy”. Recuerdo un día en que uno de los grandes capos me dijo “es que no queremos una película oscura europea. Queremos una película de Mike Nichols”. Y yo chillando, bueno, no, bramando, le dije: “Pues llamad a Mike Nichols, tengo el teléfono ahí en la agenda”, mentira, no lo tenía (risas). Y de alguna manera esa lucha que tuvimos me ayudó a reafirmarme en el punto de vista que yo tenía sobre la película. Esto de ir a la contra me hizo crecer, y llegué a tener una seguridad que he tenido en muy pocos rodajes.
También es verdad que había muchas cosas en contra. El hecho de que yo hiciera la cámara, como ponía en mi contrato, era algo que ellos no acababan de ver. Ellos están acostumbrados a tener un director al lado con el que comentan cada jugada y yo entre plano y plano es que no voy al combo porque lo he rodado yo y no lo necesito. Entonces preguntaban: “Ah, ¿pero ya estáis cambiando de plano?, si no lo hemos visto…” Además mi director de fotografía no habla ni una palabra de inglés. Ha hecho tres películas en este idioma, pero aún así nada. El tipo es francés y el español lo habla perfecto, pero el inglés se le resiste. Entonces claro, ellos le decían sus comentarios sobre que la película era muy oscura y él respondía: “Es que Isabel me ha dicho que lo hagamos como en tal película”. Y claro, los productores no tenían ni puñetera idea de lo que les estaba hablando. Pero también tengo que decir que a partir de esas dos primeras semanas, cuando vieron una secuencia muy concreta que les gustó mucho, me dejaron en paz. Ya vieron cómo iba a ir la película y ya no se metieron más conmigo, de hecho en el montaje me dejaron absolutamente en paz.
¿De qué secuencia se trataba? (se me queda mirando en silencio unos segundos, como dudando si contestar o no; finalmente no dice nada; sospecho que se trata de una de las escenas de sexo, pero prefiero no insistir)
También es normal que al principio del rodaje no lo vieran claro, porque yo ruedo de una manera muy especial. A veces, como que me olvidaba de hacer un poco de relaciones con los productores. Pero dos semanas después todo fue como la seda. Discutimos, pero fue por cosas muy pequeñas. Es más, el final que había en el guión a mí no me gustaba nada. Entonces me dijeron que rodara las dos finales, el que yo proponía y el del guión. Es cierto que el que no me gustaba lo rodé con tanta desgana que aquello no había quien lo viera, pero la cuestión es que al final eligieron el mío. La verdad es que desde el primer día que llegué a Los Ángeles yo ya dije que el final era que él llegaba y decía: “estoy aquí”, y no hay más. No se habla del amor, ni del compromiso, ni de ahora, ni de nunca, ya está. Cuando haces una película tiene que haber conflicto, si todo va demasiado bien es malo.
Después de haber alcanzado tu nivel y la capacidad de rodar en el extranjero con los actores que tú quieres, ¿cómo ves la posibilidad de volver a rodar en sitios como Barcelona con unos medios más limitados?
Yo soy una persona poco autocomplaciente. Yo pienso que estoy empezando y cuando digo esto, lo digo de verdad. Muchas veces voy por mi barrio, por Gracia, y voy pensando en mi cabeza: “No, porque cuando haga una película y sea directora de cine...” Y al cabo de tres manzanas digo: “coño, pero si ya lo he hecho”. Y esa sensación de estar empezando siempre, la tengo todo el rato. No tengo presente, salvo cuando tengo que hablar de ello, las cosas que he hecho. Siempre pienso en lo que hay que contar ahora.
En cuanto a presupuesto, tampoco te creas que esta película... Vale, es diez veces el dinero que he tenido en otras, pero al final es una película que se rodó en siete semanas y unos días en Nueva York, lo cual me gustó mucho. Allí rodamos con Charlie Rose, que creo que es uno de los mejores entrevistadores de la historia. El día que fuimos a rodar estaba entrevistando al presidente de Irán y yo no he visto una cosa igual. Fue una entrevista histórica. El presidente de Irán, que es un señor muy ladino, no se escabulló. Charlie Rose le hizo las preguntas que todo Occidente se está haciendo. Aprendí mucho.
Así que ya te digo, no pienso mucho en esas cosas. La próxima película que voy a hacer es en Tokio, la va a producir Mediapro y la vamos a hacer en digital. Es una especie de thriller romántico. Es en Tokio porque una vez que estuve allí en el mercado del pescado de noche, me llevaron a un restaurante de estos de los yakuza, un sitio siniestro pero fascinante, y se me ocurrió una historia. Pero no tengo nada raro, ni soy genial, ni nada. Creo que he aprendido. Creo que hay cosas que las sé contar bien. Yo estoy empezando, he hecho muy pocas películas. Mira Howard Hawks que hizo 115 o más. Todas de encargo, pero, ¿a que es un autor?
La novela original está muy cargada de escenas de sexo. Aquí también las hay, pero parece que eres más sutil que Roth al abordarlas.
Philip Roth nunca leyó el guión. Como no quedó a gusto con La mancha humana, no quiso leerlo. Pidió que fuera a su casa, a comer con él, para explicarle. Fui muy clara desde el principio. Le dije que si pensaba que la secuencia del libro que muestra a David lamiendo la sangre menstrual de Consuela es algo que necesitaban ver los espectadores para entender a los personajes, pues bueno, yo no tenía problema en rodarla, pero que no la veía necesaria. O la secuencia de la felación, donde describe el ruido del mordisco. Fue una parte que me encantó en el libro, pero que no quería en la película. Y él al final creo que lo entendió. Yo lo que tampoco podía era no decirle la verdad o engañarle.
Él es una persona que va poco al cine y que me llamaba: “Eh tú, la de Barcelona”. Yo le decía que no tenía ningún problema moral en mostrar cosas. Si pensara que iban aportar algo, lo habría hecho. Pero no siendo así… Y hay otra cosa, yo lo que quería era que las escenas de sexo tuvieran algo para que cuando ellos se miraran pareciera que pasaba algo. Todos sabemos que los actores cuando están en la pantalla haciendo el amor en la penumbra o en lo que no es penumbra, no están haciendo nada en realidad. Rodamos las escenas como mejor supimos. Creo que para Ben, a sus 63 años, era su primera escena de sexo, por lo que creo que el más asustado era él. El pobre decía: “Yo haré lo que vosotras digáis”.
Claro, yo también tengo una mente enferma, porque para mí el plano más erótico del mundo es cuando Daniel Day-Lewis le abre el guante a Michell Pfeiffer en La edad de la inocencia. En fin, que yo he puesto en la película lo que yo como espectador quiero ver. Yo soy buen espectador y voy al cine y me meto en películas muy diferentes, terror, ficción, western, etc. Y por esto siempre pienso qué me gustaría a mí ver como espectador.
¿Qué hay tuyo en el personaje de Consuela y en el de Carolyn?
No lo sé, en el de Consuela creo que hay una cierta franqueza. Yo no tengo miedo a llamar a las cosas por su nombre. Yo no tengo miedo a decirle a alguien que le quiero. También creo que la tragedia de Consuela, si tiene alguna, es que pide poco. Llevan un año y medio de relación, ella le va pidiendo cosas, pero no se las da, así que va renunciando. Y hay una cosa que dice un personaje de André que a mí se me quedó grabado: cuando uno reduce tanto sus ilusiones, ya no le quedan. Consuela no le está pidiendo una gran boda en Miami con toda la familia, le está pidiendo que vaya un segundito a una fiesta para conocer a sus padres. Eso es todo. Ella no se engaña, ella pertenece a una comunidad tradicional, pero sabe que hay una serie de cosas que David no le va a dar. No tiene ninguna vida social, nunca la enseña. Insiste muchísimo en que ella es una obra de arte. Pero es algo que hace para poder comprarla mejor, porque si es un objeto la puede transportar y llevar mejor que si es una mujer.
En cuanto al personaje de Carolyn [Patricia Clarkson], tiene mi edad. Es un personaje en el que yo insistí mucho, para que tuviera importancia en la película. Es más, yo creo que los mejores diálogos que tiene la novela están en Carolyn. Creo que las cosas que dice son comunes a lo que han dicho o pensado muchas mujeres de 40. Además, me gusta mucho el sentido del humor de Carolyn. Me gusta que le monte un número por salir con otras, cuando ella lo sabe perfectamente. Pero esa evidencia en tu cara es lo que no puede soportar. Lo que está diciendo es “ocúltate un poco mejor, disimula un poco, ten un poco de dignidad o de recato”.
Carmen Machi, Premio Nacional de Cinematografía 2026
Carmen Machi ha sido galardonada con el Premio Nacional de Cinematografía 2026, uno de los reconocimientos más prestigiosos del cine español, concedido por el Ministerio de Cultura y dotado con 30.000 euros. El jurado ha destacado por unanimidad su extraordinaria trayectoria artística y la ha definido como «una de las actrices de comedia más importantes de la historia del cine español».
Sharon Stone revela que fue agredida hace años aunque no recuerda nada de lo ocurrido
Sharon Stone ha revelado por primera vez que fue víctima de una agresión física grave hace años, un episodio que asegura no comprendió plenamente hasta una década después, cuando unas pruebas médicas descubrieron lesiones compatibles con un ataque violento.