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Biografía

Daniel Day-Lewis

Daniel Day-Lewis

63 años

Daniel Day-Lewis

Nació el 29 de Abril de 1957 en Greenwich, Londres, Reino Unido

Premios: 3 Oscar (más 1 nominaciones)

El carnicero prodigioso

31 Enero 2008

Dosifica sus interpretaciones con cuentagotas, pero cuando vuelve a la pantalla, se compromete por completo con el proyecto, y se entrega en cuerpo y alma. Como su colega estadounidense Robert De Niro, el británico Daniel Day-Lewis es capaz de transformarse en los personajes más inverosímiles a base de esfuerzo y dedicación. Aprendió a pintar con los pies mientras vivía confinado en una silla de ruedas para protagonizar Mi pie izquierdo, y pasó una temporada en el bosque construyendo canoas para El último mohicano.

A pesar de todo, parece que el cine no le ha dado a cambio la satisfacción personal que esperaba. Desencantado del séptimo arte, vive apartado de las pantallas a las que sólo regresa en casos puntuales. En lo que llevamos de milenio han conseguido sacarle de su retiro Martin Scorsese (Gangs Of New York), su esposa, Rebecca Miller (The Ballad of Jack and Rose) y ahora el cineasta Paul Thomas Anderson, a cuyas órdenes ha rodado Pozos de ambición.

Nacido el 29 de abril de 1957 en Londres, Daniel Michael Blake Day-Lewis procede de una familia relacionada con el arte y con el cine. Su padre era el reconocido poeta Cecil Day-Lewis, mientras que su madre, la actriz Jill Balcon, era hija a su vez de Sir Michael Balcon, el creador de los míticos estudios Ealing, responsables de la época dorada de la comedia británica. Su hermana mayor, Lydia Tamasin, también se dedica al séptimo arte como directora de documentales.

Desde que su madre le llevaba al teatro cuando era pequeño, Daniel sabía que quería consagrar su vida a la interpretación, y simultaneó sus estudios escolares con la escuela de arte dramático Old Vic, de Bristol. Aunque ni siquiera figura en los títulos de crédito, a los doce años debutó con un pequeñísimo papel, como niño gamberro en Domingo, maldito domingo, de John Schlesinger. A esa misma edad representaba obras de teatro con sus compañeros de la mencionada escuela. Por tomarse demasiadas pastillas contra la migraña, le internaron en un manicomio, donde convencer a los doctores de su salud mental fue “la mejor actuación” de su vida, según sus propias palabras. Supuso un gran golpe para él la muerte de su padre, episodio que le ocasionó un trauma tan fuerte que incluso asegura que llegó a aparecérsele el fantasma de su progenitor durante una representación de "Hamlet".

Centrado en los escenarios y en la televisión durante sus primeros años, tardó mucho en volver al cine, con papeles secundarios en Gandhi (1982) y Motín a bordo (1984). En 1985, Stephen Frears, le eligió para interpretar a Johnny, el punk de Mi hermosa lavandería. Poco después consolidó su prestigio como Cecil Vyse, el refinado abogado de Una habitación con vistas, en la que James Ivory adaptaba la célebre novela de E.M. Forster. Igual de famosa era la novela La insoportable levedad del ser, que Philip Kaufman adaptó al cine con Day-Lewis como el doctor Tomas, un tipo obsesionado con el sexo, que se ve involucrado en los sucesos de la Primavera de Praga.

Metido de lleno en el papel de un personaje real, el artista y escritor inválido Christy Brown, dejó boquiabierto al respetable. “En la pantalla no hay un actor que interpreta a un minusválido; hay un auténtico paralítico mental”, dijo de él un crítico a propósito de su trabajo en Mi pie izquierdo, primera de las tres fructíferas colaboraciones del actor con el cineasta irlandés Jim Sheridan. Hasta la Academia de Hollywood se rindió ante su talento, y le otorgó el Oscar al mejor actor.

Tras someterse a un periodo de intenso entrenamiento, y ponerse musculoso, el actor obtiene uno de sus mayores éxitos comerciales con El último mohicano. Gracias a su imaginativo estilo visual, el cineasta Michael Mann empezó a despuntar con esta adaptación de la novela de Fenimore Cooper. También se pone por primera vez a las órdenes de Martin Scorsese, en la elegante La edad de la inocencia, basada en una novela de Edith Wharton.

Apasionado por Irlanda se nacionaliza como ciudadano de este país, donde traslada su residencia en 1993. Ese mismo año repetiría su colaboración con Sheridan en la excelente En el nombre del padre, que recreaba la tragedia de Gerry Conlon, un joven de Irlanda del Norte acusado injustamente de pertenecer al IRA y de un atentado que no cometió. Esta vez, el inconsciente intérprete quiso saber qué sentía su personaje entre rejas y llegó a estar tres días en una celda de aislamiento. Menos mal que nadie le ha propuesto interpretar a un pirómano, no sea que le diera por incendiar bosques...

Fruto de su relación con la actriz francesa Isabelle Adjani, nacería el primer hijo del actor, pero no tardó en romper con la madre, y cuentan los rumores que para ello le mandó un fax, en lugar de explicárselo con sus propias palabras. En 1996, contrae matrimonio con la guionista y cineasta Rebecca Miller, hija del célebre dramaturgo Arthur Miller, una de cuyas obras, El crisol, fue precisamente protagonizada en cine por Day-Lewis. Con Rebecca, el actor ha tenido otros tres hijos.

En The Boxer, vuelve a unirse a Sheridan una última vez, para analizar la nueva situación en Irlanda del Norte, tras la puesta en marcha de los procesos de paz. El público responde, pero Daniel Day-Lewis, en su línea, se mete tanto en el papel que por lo visto llegó a perder su propia personalidad. Y claro está, cuando termina se siente bastante estresado. Inicia un paréntesis de cinco años para convertirse en alumno de un maestro artesano de zapatos en Florencia. “Me quedé agotado tanto física como artísticamente. Además, creía que lo había dado todo como intérprete y pensaba que mi retirada sería definitiva”, explicó el actor.

No fue fácil sacarle de ahí, y Martin Scorsese tuvo que rogarle durante mucho tiempo, e incluso llegó a mandarle a Leonardo DiCaprio a Italia, para que le convenciera de que aceptara el papel de sanguinario capo mafioso en Gangs of New York. Al final, volvió a recuperar su método de asimilación integral del personaje, y se puso a practicar el manejo de los cuchillos a base de cortar filetes de cerdo. Su impecable trabajo fue recompensado con otra nominación al Oscar, en 2002, pero aún así tardó tres años en volver al cine, con The Ballad of Jack and Rose. Desde entonces. ni se había planteado darle una alegría a los cinéfilos, hasta que le llegó el guión de Pozos de ambición, escrito por Paul Thomas Anderson. Le entusiasmó, hasta el punto de que inmediatamente después de leerlo se comprometió a regresar del exilio para rodar la película. “Menos mal que dijo que sí. Anderson le mandó el guión cuando ya teníamos hecho tres cuartas partes del trabajo de la película, y nos había dicho que si no aceptaba, no podía seguir adelante”, comenta la productora JoAnne Sellar.

Oscar
2018

Nominado a 1 premio

Oscar
2013

Ganador de 1 premio

Oscar
2008

Ganador de 1 premio

Oscar
1990

Ganador de 1 premio

Filmografía
El hilo invisible

2017 | Phantom Thread

Una película singular, con algo de fantasmagórica, donde los personajes se vuelven etéreos con las decisiones y los hechos que marcan sus vidas. Estructurada como el relato que hace Alma al calor del fuego de una chimenea, de su entrega y dedicación total al modisto y diseñador Reynolds Woodcock, quien triunfa con sus creaciones en el Londres de los años 50, vistiendo a princesas y otras damas de alta alcurnia. Grandísimo y meticuloso profesional, Reynolds realiza su trabajo como si viviera en otro mundo, inaccesible al resto de los mortales, donde aletean las ideas que luego se transforman con telas, colores, cortes y patrones en vestidos arrebatadores. Su hermana Cyril se ocupa de que pueda crear en condiciones óptimas, sin que nada le perturbe. Supone un descubrimiento Alma, una camarera, que sería el maniquí perfecto para mostrar lo que hace. Pero ella, como Cyril, también debería acomodarse a las necesidades del artista, lo que pone en peligro lo que realmente desea, su amor, pues Alma está profundamente enamorada de Reynolds. Paul Thomas Anderson, director y guionista, prueba una vez más su enorme talento para contar historias extrañas con algo de retorcimiento, y su capacidad de cambiar de registro si la historia así lo requiere. Aquí, si se desea ver así, su atención la dedica sobre todo al proceso artístico, donde los creadores parecen situarse en un elevado e inalcanzable plano. El montaje y los primeros planos, cuando surgen primorosamente los bocetos y los diseños, parecen arte de magia. Y hasta pueden entenderse las reacciones intemperadas, cuando lo que se supones que es una obra perfecta cae en las toscas redes de la vulgaridad. Verdaderamente Daniel Day-Lewis, en otra de sus composiciones memorables, se transfigura en persona que sólo vive para su obra, la plasmación en tela de sus ideas geniales, movidas por un amor que sólo a veces se materializa en esos mensajitos secretos que oculta en las entretelas de la costura. El actor parece poseído por una luz cuando trabaja, o se muestra ensimismado, sin que parezca simplemente egocéntrico, de algún modo así serían los genios, ideas que se encuentran acentuadas por la luminosa fotografía obra también del director, y por la partitura musical, casi toda ejecutada al piano, de Jonny Greenwood. Pero también estamos ante una película sobre las obsesiones, sobre cómo la devoción amorosa puede transformarse en algo enfermizo, y acerca de los esfuerzos que se pueden realizar para lograr un cierto control, también para que no se arrebatado aquello que se desee poseer. Esto se observa en Lesley Manville, que da vida a Cyril, y atrapa muy bien la idea de quien ha asumido con eficiencia casi matemática el rol que debe jugar en la vida de su hermano. E igualmente en la sorprendente Vicky Krieps, pero de otro modo, pues para Alma lograr un amor de este mundo, algo que se pueda palpar, parece difícil cuando hablamos de las ensoñaciones de Reynolds, de modo que sus resoluciones pasan por la paradójica intención de hacer daño para influir positivamente, prestar ayuda en terrenos donde el otro se encuentra indefenso, sin saber qué hacer.

8/10
Lincoln

2012 | Lincoln

Enero de 1865. Estados Unidos lleva cuatro años desangrándose en una terrible guerra civil después de que los estados del Sur proclamaran su secesión de la Unión. En ese tiempo el presidente Abraham Lincoln ha declarado la emancipación de los esclavos arrogándose poderes especiales en tiempos de guerra, y acaba de ser reelegido para ocupar de nuevo la Casa Blanca. La lucha fraticida podría estar llegando a su final, pues las autoridades del Sur desean negociar una paz honrosa; pero Lincoln tiene intención de lograr antes la votación en el Congreso de la décimotercera enmienda de la Constitución, que aboliría de una vez por todas la esclavitud; el desafío consiste no sólo en lograr los apoyos políticos necesarios –cuenta con los republicanos de su partido, pero debe ganar votos entre los demócratas–, sino en el dilema de posponer la polémica votación, para llegar a la paz cuanto antes, lo que dejaría sin resolver la cuestión esclavista. Formidable lección de historia a cargo de Steven Spielberg, que maneja en Lincoln un solidísimo guión de Tony Kushner, quien ya escribió para el director el libreto de Munich, y que aquí parte del libro de Doris Kearns Goodwin “Team of Rivals: The Political Genius of Abraham Lincoln”. Sorprende la fuerza de una película muy discursiva, con numerosos personajes y abundante información histórica, sin apenas desahogos que amplíen el lienzo y que se considerarían muy razonables, ya sea a través de los campos de batalla, o de los discursos memorables de corte épico. A veces uno tiene la sensación de estar siendo testigo directo de la historia, pero una historia que es un drama muy íntimo y personal, sin concesiones a la lágrima fácil o la emoción impostada. Y sin embargo, oh, paradoja, hay espacio para la épica, pera la lágrima y para la emoción. Spielberg consigue que el ejercicio de la política parezca algo grande en Lincoln; no obvia que es necesario negociar, comprar voluntades, ejercer la persuasión de modo diferentes con personas diferentes. Aquello de que “la política es el arte de lo posible” se entiende en las concesiones que unos y otros deben hacer, la necesidad de tragarse el orgullo, pero también de intentar lo imposible para hacerlo posible. Y en medio de las decisiones de trascendencia histórica, donde están en juego los grandes conceptos, la igualdad entre los hombres que radica en su igual naturaleza otorgada por el Creador, blancos o negros, hombres o mujeres... se encuentra lo personal, la esposa amantísima pero con problemas mentales, el hijo que desea cumplir con su papel en la guerra y no limitarse a ser... el hijo de su padre. Probablemente nunca ha sido Spielberg mejor director de actores que en este film, donde nadie parece actuar, tan naturales son las interpretaciones de todo el reparto, empezando por ese prodigio de la naturaleza llamado Daniel Day-Lewis, transfigurado en Abraham Lincoln, con una modestia y humildad deslumbrantes. No hay villanos ni personajes caricaturescos, y están muy bien introducidos los personajes negros, su presencia no parece forzada. Resulta una maravilla la composición de los planos, la dirección artística, naturalista, se diría que se ha rodado con luz disponible, que nada está iluminado artificiosamente, en el Congreso, en la Casa Blanca, o en esos exteriores sucios, donde vemos la crudeza de la guerra, o el deambular de unos y otros. Películas como Lincoln, sencillamente, dignifican la profesión cinematográfica.

9/10
Nine

2009 | Nine

  En su segunda película musical el director norteamericano Rob Marshall vuelve a usar material existente para trasladarlo a la pantalla con su sello personal. La cosa le salió redonda con la epatante Chicago (2002), que cosechó seis Oscar, entre ellos el de mejor película, pero los resultados, aunque buenos, no son tan óptimos en el musical que nos ocupa. Marshall parte de un argumento verdaderamente arriesgado, el musical de Broadway “Nine”, adaptación a su vez de, nada más y nada menos, que el guión de Fellini 8 y 1/2, al que modifica y moderniza en algunos aspectos, aunque conserva la esencia e incluso repite escenas y diálogos originales. La trama, como es sabido, habla de un cineasta que se encuentra a punto de rodar su siguiente película. Se trata se Guido Contini (Anselmi en la versión felliniana), a quien todos llaman “maestro” y que es reconocido en todo el mundo como un genio cinematográfico. Pero ahora Guido tiene una crisis creativa aguda y no sabe qué contar. Está desesperado. No hay guión, ni asomo de él, y en su maremágnum interior lo único de lo que es capaz es de recrear en su cabeza imágenes de sus deseos, coreografiadas representaciones que continuamente imagina y a las que no puede sustraerse, ensoñaciones con bellas mujeres que le rodean, que cantan y bailan y que él mezcla con los recuerdos de infancia que han marcado su vida. Una vida real que ahora se está tambaleando, pues su mujer, Luisa, ya no puede soportar por más tiempos los embustes de Guido, que no acaba de dejar a su amante Carla... El primer pensamiento que se viene a la cabeza es que Fellini es mucho Fellini. Aun así, es cierto que se trata de un guión muy adecuado para el mundo musical de Rob Marshall, que sabe como nadie introducir los números musicales en medio de escenas dramáticas, intercalando imágenes del mundo real y del ficticio con enorme destreza, con motivo de los ensueños del protagonista, de modo que todo funciona con increíble perfección. Pero el mundo onírico y el surrealismo de Fellini es insuperable y aquí eso ni se huele, porque en Marshall todo ese mundo interior está únicamente supeditado al “musical” y –quizá aquí está el mayor defecto de Nine– el resultado general es una simple repetición de Chicago (y con peores canciones). Idéntica fórmula: visualmente espectacular, con esos platós oscuramente iluminados, los poderosos focos, las vedettes embutidas en corsés de avispa, los rítmicos y acompasados movimientos, la hipersexualización de las canciones y coreografías (aspecto éste más acentuado aún que en Chicago, especialmente en el numerito de Penélope Cruz), la fabuolsa orquestación, el montaje vertiginoso, etc. Un auténtico circo cinematográfico lleno de luz y sombras. Técnicamente perfecto, pero repetido. Y eso pesa. Por otra parte, habría mucho que hablar de las cuestiones de fondo de la historia, que no son otras que las del contradictorio universo del Guido de Federico Fellini, ‘alter ego’ de él mismo, siempre impregnado de rebeldía, donde hay un perpetuo enfrentamiento entre la moral y las pasiones, entre su reconocido catolicismo y su traumática aceptación de la autoridad de la Iglesia. En estas cuestiones –presentes en la película con dudoso gusto–, resulta curioso que Marshall vaya más allá que el siempre ambiguo y desconcertante director italiano. Temás como la culpa y la redención, que en Fellini serían impensables (él sólo mostraba, nunca demostraba, ni argumentaba, ni respondía a nada) son aquí cuestiones explicitas, meollo en la evolución de la crisis del protagonista. El reparto de esta especie de farsa del mundo de la creación es cosa seria. Daniel Day-Lewis no hace olvidar a Marcello Mastroianni, pero está superior, como siempre, y entre las chicas destacan especialmente Marion Cotillard (La vida en rosa) y una divertida Kate Hudson. Sorprende asimismo el pequeño papel de Nicole Kidman, muy colateral. En cuanto a los números musicales, destacan las canciones “My Husband Makes Movies” y “Cinema Italiano”, de las mentadas Cotillard y Hudson, y “Be Italian”, interpretada por Stacy Ferguson.  

6/10
Pozos de ambición

2007 | There Will Be Blood

Poderosa adaptación de la novela "Petróleo" de Upton Sinclair (1878-1968). Sigue las evoluciones de Daniel Plainview, un hombre duro como una roca, parco en palabras, que recorre Texas en busca de "oro negro", o sea, petróleo. Con tesón y arriesgando su vida, ha aprendido cómo perforar el suelo y el modo de moverse para hacerse con los derechos de explotación de las tierras adecuadas. En una de sus prospecciones muere uno de sus hombres, que deja un bebé; Daniel decidirá adoptarlo, de modo que todo el mundo, incluido el chaval cuando crezca, creen que es su hijo de verdad. Un día el joven Paul Sunday acudirá a Daniel dispuesto a señalarle un lugar rico en petróleo y aún sin explotar; Daniel se muestra suspicaz, pero cuando acude allí descubre que todo es cierto, y que Paul le ha dado la información para conseguir un dinero rápido y huir del ambiente asfixiante de su familia. En efecto, Daniel conocerá al hermano gemelo de Paul, Eli, un tipo iluminado, investido de la seguridad ciega del fanático, que ha fundado la Iglesia de la Tercera Revelación. Sinclair es un autor estadounidense conocido por sus inquietudes sociales, reflejadas en su credo socialista. Esto queda claramente plasmado en la adaptación de su novela, recorrida por una visión desesperanzada del hombre. Así las críticas se dirigen en dos direcciones. Por un lado, la ambición que propicia el capitalismo, el deseo de poseer riquezas y explotar los recursos; lo curioso es que en este film contrasta Daniel con otros petroleros que nadan en el dólar porque él lleva un estilo de vida muy sobrio, desea dominar la tierra, acumular barriles del líquido negro, pero no se sabe para qué, él desde luego no lo sabe. Esto resulta patente en lo relativo a su hijo adoptivo, que bien podríamos decir es su principal tesoro, algo para lo que parece ciego, sencillamente no lo ve; hay gestos de cariño, pero cuando acontece un suceso terrible, se ve cómo el afán por el petróleo le ha podrido el alma; también va en esa línea la subtrama del hermanastro inesperado, donde la desconfianza tendrá graves consecuencias. La otra explotación que se pone en la picota sería la religiosa. Todos necesitamos creer en algo, parece pensar el peculiar pastor Eli, que funda una extraña iglesia, que ofrece consuelo a gente sencilla, que necesita canalizar su relación con Dios. Tal como maneja la cosa Eli, se diría que su pretensión es, como la de Daniel, pura ambición. Él ha encontrado una forma de ganarse la vida y de financiarse, y pervierte las inquietudes espirituales para servir sus propios intereses, lo que queda especialmente de manifiesto cuando Daniel se acerca a su iglesia por intereses bastardos. Más allá de la trama, bien atrapada, destaca el tratamiento formal de Paul Thomas Anderson, verdaderamente audaz y original. En los primeros veinte minutos del film apenas se pronuncia una palabra, y mientras seguimos la búsqueda de petróleo de Daniel, podríamos decir que estamos asistiendo a "El amanecer del hombre petrolero", la influencia de 2001: una odisea del espacio parece innegable, también en el tratamiento fotográfico, jugando al contraste de iluminación, y en el uso de un sonido que recuerda a la alarma espacial del monolito. Hay un magnífico uso del formato ancho de pantalla. Resulta llamativa la espectacularidad de las escenas de los pozos, pero eso no impide una agradecible sobriedad frente a los efectos visuales apabullantes que dominan el cine actual. El reparto es una maravilla. El camaleónico Daniel Day-Lewis entrega otra de sus composiciones con sabor a Oscar. Aunque lo que más llama la atención es el resto del reparto, sembrado de desconocidos. Algo suena Ciarán Hinds, pero el inquietante Paul Dano compone muy bien al dudoso predicador, mientras que Kevin J. O'Connor atrapa bien la tristeza del hermanastro. También es muy expresivo el niño Dillon Freasier.

8/10
Gangs of New York

2002 | Gangs of New York

Año 1847. Nueva York, que a principios de siglo contaba con 60.000 habitantes, ha alcanzado una cifra cercana a las 800.000 almas. La hambruna desatada en Irlanda ha forzado a la gente a emigrar, y el puerto de la ciudad recibe a diario a muchas personas que creen haber llegado al fin a la tierra de las oportunidades. Pero las cosas no son tan sencillas. Sobre todo porque los neoyorquinos de origen protestante, que ya llevan un tiempo establecidos en el lugar y se autodenominan “nativos”, odian a los irlandeses. Lo que despierta el mismo sentimiento en los recién desembarcados. Las reyertas callejeras no son raras, y en una de éstas que enfrenta a los nativos con los “Conejos muertos”, una banda irlandesa, el cura Vallon, su líder, muere a manos de Bill “El carnicero”, el jefe del otro bando. Su único hijo, Amsterdam, entonces un niño, es testigo de la muerte, y se jura vengar la memoria de su padre. Dicen que la venganza es un plato que se sirve frío, de modo que dieciséis años de estancia en un orfanato no es demasiado tiempo para Amsterdam, que al salir está listo para infiltrarse en la banda de Bill y ganarse así su confianza. Ha llegado la hora del desquite. El proyecto de Gangs of New York se remonta a 1970, cuando Martin Scorsese descubrió el libro del mismo título de Herbert Asbury, escrito en 1928. Allí se contaban historias de los bajos fondos neoyorquinos del siglo XIX. Para alguien como Scorsese, siempre interesado por el mundo gangsteril y los repliegues más oscuros y atormentados del ser humano (la prueba está en títulos como Malas calles, Taxi Driver, Uno de los nuestros o Casino), era material de primera. De modo que con el guionista Jay Cocks empezaron a pergeñar un guión. La cosa era compleja y el despliegue de medios impensable en aquel momento. Así que pasaron los años, nuevos guionistas (Steven Zaillian y Kenneth Lonergan) se sumaron a la tarea… y así hasta hoy, en que el film es una realidad. En la trama de la película se pueden observar claramente dos niveles. Por un lado está el trasfondo histórico, que Scorsese interpreta en clave ideológica con su tesis “América está construida sobre la violencia”, en una línea muy a lo Hobbes y su célebre aforismo “El hombre es un lobo para el hombre”. Y, en un esfuerzo por abarcarlo todo, se suceden hechos como la llegada masiva de inmigrantes irlandeses, los disturbios en Five Points, el estallido de la guerra de secesión con el consiguiente reclutamiento forzoso de soldados. Lo que convierte las calles de Nueva York en una enorme olla a presión a punto de explotar. A todos estos elementos se suman los enfrentamientos étnicos (donde el origen y la religión se convierten en señas de identidad), sociales (los pobres no tienen más remedio que alistarse, los ricos pueden evitarlo pagando una alta suma de dinero) y políticos (va a haber elecciones en la ciudad). El esfuerzo de Scorsese por ofrecer un fresco del Nueva York del siglo XIX necesita, obviamente, de una historia con unos personajes. Y Scorsese y su equipo de guionistas han imaginado una que pivota alrededor de Amsterdan y sus planes de venganza. El joven, un tipo habilidoso, se las apaña para entrar en el círculo más próximo de Bill “el carnicero” (Daniel Day-Lewis). Pero no puede prever que entre ambos va a surgir una curiosa relación paternofilial, donde Bill ve en Amsterdam algo más que un secuaz competente. Esto conduce a conductas muy, muy inesperadas, por parte de Amsterdam. Por supuesto que si Amsterdam tiene la cara de Leonardo DiCaprio, éste necesita con urgencia un motivo amoroso para seguir adelante. Y se lo da Jenny Everdeane (Cameron Díaz), una raterilla que consigue robar dinero y corazones con gran facilidad; el personaje, que desea reunir pasta para poder marchar al oeste, oculta un lado oscuro, y una relación especial con Bill.

6/10
The Boxer

1997 | The Boxer

Danny Rynn regresa a casa de Irlanda del Norte tras haber permanecido 14 años en la cárcel por un delito que no cometió. Para empezar, busca a Ike, su antiguo entrenador para abrir un gimnasio. Su mayor deseo es empezar una nueva vida y reencontrarse con la mujer que siempre amó, Maggie, la cual se ha casado y tiene un hijo. El esfuerzo de Danny por olvidar el pasado se hace añicos, pues las consecuencias de lo vivido salpican su presente. Daniel Day-Lewis (En el nombre del padre, Gangs Of New York, Una habitación con vistas...) y ganador del Oscar por Mi pie izquierdo, protagoniza este film junto a Emily Watson (Rompiendo las olas, Las cenizas de Angela, Hilary y Jackie). La puesta en escena es impecable y la pareja protagonista funciona a la perfección. Emily Watson alcanzó mayor popularidad con este papel.

6/10
El crisol

1996 | The Crucible

Adaptación de la obra teatral Las brujas de Salem, del reputado novelista y dramaturgo Arthur Miller, que escribió el guión para su adaptación al cine. En un principio la novela fue una gran metáfora de la llamada Caza de Brujas del senador McCarthy, consistente en la búsqueda de enemigos de Estados Unidos entre los escritores y cineastas del país. Basada en un hecho real acaecido en Massachusetts en el siglo XVII, describe una venganza amorosa que provoca un juicio por brujería. En un pequeño pueblo de Massachussetts falsas acusaciones de brujería recaen sobre inocentes víctimas, debido a que un grupo de chicas miente. La líder del grupo ha sido abandonada por su amante y pretende no parar ante nada ni ante nadie para recuperarlo. A pesar de algún exceso, la dirección y las interpretaciones poseen un fuerte vigor narrativo y su mayor mérito consiste en que enfrentan con hondura superstición y religiosidad. El dibujo de la época se tiñe de oscurantismo, y resulta sobrecogedor. El principal mérito recae en la pareja protagonista, formada por la joven Winona Ryder (Eduardo Manostijeras, La edad de la inocencia) y el camaleónico Daniel Day-Lewis, uno de los mejores actores de la década de los 90, como demostró en títulos como Una habitación con vistas, Mi pie izquierdo o En el nombre del padre.

5/10
En el nombre del padre

1993 | In the Name of the Father

El irlandés Jim Sheridan (Mi pie izquierdo, El prado) convierte en película un trágico hecho real. En 1974 varias personas fueron encarceladas y luego condenadas por la colocación de una bomba en un pub londinense que causó varias víctimas. Se creyó que los llamados Cuatro de Guilford pertenecían al Ejército Republicano Irlandés (IRA), así como varios familiares de Gerry Conlon (Daniel Day-Lewis) –considerado cabecilla del atentado–, entre ellos un adolescente. Pasados quince años, fue reconocida la inocencia de los condenados. El padre de Gerry no vivió para contarlo. El suceso –que Gerry Conlon ha relatado en el libro “Proved Innocent”– conmovió a la opinión pública por la injusticia cometida. El film que recrea estos hechos también ha desatado pasiones. Algunas licencias en el guión de Sheridan y Terry George, las protestas de algunos protagonistas de la historia, una proyección especial en el Parlamento inglés... El problema de Irlanda del Norte sigue siendo una asignatura pendiente en Gran Bretaña, pese a que se vislumbren esperanzas de solución. En el aspecto estrictamente cinematográfico, estamos ante una película densa, donde se pone el acento en denunciar un sistema policial más interesado en encontrar un culpable que en descubrir la verdad. Las secuencias de los interrogatorios iniciales son estremecedoras, sobre todo porque no son tanto tortura física como psicológica. Luego la historia sigue los cauces de un duro drama carcelario –drogas, matones y aislamiento conforman el pan de cada día–, presidido por la relación entre Gerry y su padre Giuseppe. Esta relación es lo mejor del film. Ya dibujada antes de la detención –el padre es una persona de orden, el hijo un pobre ‘colgado’–, cobra nuevos matices en la carcel. A pesar de sus frecuentes disputas y sus diferentes puntos de vista –que se remontan a la niñez de Gerry– se quieren, y se irá produciendo una cierta aproximación. En ese aspecto resulta ilustrativa una secuencia muy bien concebida: la proyección en la cárcel de El padrino de Coppola, –en la que había una relación muy especial entre padre e hijo; de hecho, Sheridan muestra la escena en que don Vito expresa las esperanzas que tenía puestas en el futuro de Michael–, momento en que se produce el alejamiento definitivo entre Gerry y un miembro del IRA; algo sobre lo que Giuseppe ya había aconsejado a Gerry. Siete candidaturas a los Oscar reunió este film, entre ellas las de mejor película y director. También han sido justamente destacadas las interpretaciones: Day-Lewis demuestra últimamente ser un verdadero camaleón; pero hay que citar también al poco conocido Postlethwaite, brillante en el personaje del padre. La puesta en escena subraya con acierto la sensación claustrofóbica de estar encerrado entre cuatro paredes.

7/10
La edad de la inocencia

1993 | The Age of Innocence

La escritora Edith Wharton llevó a cabo en su novela 'La edad de la inocencia' una notable radiografía de la alta sociedad de la Nueva York de principios de siglo, que ahora se traslada a la pantalla. Newland Archer (Daniel Day-Lewis), un joven producto de esa sociedad, acaba de comprometerse con May Welland (Winona Ryder). Su vida anodina sufre un vuelco cuando irrumpe en ella la condesa Ellen Olenska (Michelle Pfeiffer), la prima de su prometida y una mujer nada convencional. Ellen se acaba de divorciar, ha vivido muchos años en Europa, y no acaba de encajar en los rígidos convencionalismos que gobiernan la sociedad puritana de Nueva York. Los sentimientos de Newland se hallan divididos. Sinceramente desea ser leal a su futura mujer, de modo que se empeña en adelantar la boda. Sin embargo ve en May a un ser aburrido, incapaz de mantener una conversación interesante, la perfecta dama de una sociedad que está empezando a odiar. Todo lo contrario de lo que representa Ellen, por quien se siente cada vez más atraído. Martin Scorsese –que coescribe el guión con Jay Cocks– fue exquisitamente fiel al espíritu de la novela. Del italoamericano podía haberse esperado otra vuelta de tuerca a sus demonios personales, aprovechando una historia que habla de sentimientos reprimidos. En cambio se pone al servicio de la misma con esmero, convirtiendo una mirada, un silencio, un gesto, unas palabras sin aparente contenido, en momentos harto expresivos de un grupo social a veces hipócrita, defensor a ultranza de unos valores y unas apariencias. El principal reparo que se puede poner al film es un uso abusivo de la voz en off, aunque ésta pertenezca a esa gran actriz llamada Joanne Woodward. Le cuesta a Scorsese plasmar la historia en imágenes que puedan sustituir la magnífica prosa de Edith Wharton. Aunque utiliza alguna buena metáfora visual, como la de los leños del hogar de una chimenea, que con su crepitar aumentan la sensación de ahogo, de verdades no dichas con palabras. Acierto pleno hay en la dirección artística de Dante Ferreti, en la fotografía de Michael Ballhaus, en la música de Elmer Bernstein, que dan el perfecto empaque visual y de ambientación a la historia. En éste Scorsese reconoce la influencia de Wyler (La heredera), Ophüls (Madame de...) y Visconti (El gatopardo). Luego están los actores –Day-Lewis, Pfeiffer, Ryder–, que se han metido de lleno en sus personajes, convirtiendo algunos de los momentos del film en memorables. La última conversación entre Newland y May es sencillamente de quitarse el sombrero.

7/10
El último mohicano

1992 | The Last of the Mohicans

América del Norte, durante las guerras coloniales entre Francia e Inglaterra. Hawkeye es un hombre blanco que vive con su padre adoptivo indio, Chingachgook, y el hijo de éste, Uncas, últimos supervivientes de la tribu de los mohicanos. Un día rescatan a dos hermanas británicas, Cora y Alice, de una emboscada mortal de indios hurones. Y las llevan al fuerte donde está su padre, oficial inglés. Pero las tropas francesas y sus sanguinarios aliados, los hurones, cercan el fuerte. El director Michael Mann, artífice de El dilema y Collateral, despuntó con esta maravillosa y épica adaptación, bastante libre por otra parte, de la inmortal obra del novelista norteamericano James Fenimore Cooper. Impresionante interpretación de Daniel Day-Lewis, bellísima Madeleine Stowe, música increíble y pegadiza de Trevor Jones y asombrosas escenas de acción. Memorable y de una belleza fascinadora resulta el comienzo del film, cuando los tres indios persiguen por los bosques a una pieza de caza. A lo largo del film hay momentos además que quedan grabados en el imaginario del cinéfilo, como la escena de la cascada, la violenta emboscada contra los ingleses a la salida del fuerte o los enfrentamientos finales en el camino de rocas. Un film de aventuras y acción de los que marcan una época.

7/10
Sonrisas de New Jersey

1989 | Eversmile, New Jersey

Un dentista llamado Fergus recorre los pueblos de la Patagonia para realizar su trabajo, hablando de la importancia de la higiene dental. En una de estas localidades conoce a Estela, de la que se enamora. Lo malo es que ella está prometida y él está casado. Tres años antes de dirigir Historias mínimas, el argentino Carlos Sorín dirigió a Daniel Day-Lewis en esta especie de mezcla entre road-movie y comedia romántica. El estilo es sencillo pero el resultado podría ser algo mejor.

4/10
Mi pie izquierdo

1989 | My Left Foot: The Story of Christy Brown

Biografía de Christy Brown, un joven irlandés, hijo de una familia tan numerosa como pobre. Padecía una parálisis cerebral que le permitía únicamente mover su pie izquierdo. Con él escribía, pero sobre todo pintaba. Su madre fue su principal apoyo, ya que le estimulaba para que ejercitara sus habilidades. Encontró muchísimos obstáculos en su vida, pero fue un ejemplo de esfuerzo y superación, y supuso un modelo para muchas personas de lucha por integrarse en la sociedad. Jim Sheridan (En el nombre del padre, The Boxer) llevó al cine el biopic de este singular artista, cuyo guión se basó en la autobiografía escrita por el mismo Brown. Daniel Day-Lewis y Brenda Fricker ganaron el Oscar al mejor actor y actriz secundaria respectivamente en 1989. Además, el film estuvo nominado como mejor película, que finalmente consiguió Paseando a miss Daisy.

7/10
Un señorito en Nueva York

1988 | Stars and Bars

Un inglés experto en arte inicia un viaje por Norteamérica para encontrar una obra de Renoir. En su búsqueda nada saldrá como estaba previsto pues en su camino se cruzará con los personajes más variopintos. La película merece la pena simplemente por el hecho de ver al gran Daniel Day-Lewis en un papel cómico, un género que brilla por su ausencia en su filmografía.

4/10
La insoportable levedad del ser

1988 | The Unbearable Lightness of Being

Adaptación de la obra más famosa del escritor checo Milan Kundera, sobre la tórrida relación de un médico y dos mujeres. Transcurre en la Checoslovaquia de la época comunista, días antes de ser aplastada por los tanques soviéticos en la llamada "Primavera de Praga".

5/10
El hombre de los seguros

1986 | The Insurance Man

El joven Franz tiene una enfermedad en la piel, provocada con alta probabilidad por su trabajo en los tintes de una fábrica de Praga. Decidido a plantear una reclamación ante la correspondiente compañía de seguros, se encuentra envuelto por una inoperante burocracia que, como a los otros damnificados, no le reconoce como ser humano. En tan kafkiana situación, nada mejor que contar con la comprensión del mismísimo Franz Kafka.Película televisiva de Richard Eyre (Iris), con guión de Alan Bennett, inspirado libremente en la vida de Kafka. Se beneficia de una estupenda interpretación de Daniel Day-Lewis como un humano aunque peculiar Kafka, y de la cuidada paleta de apagados y fríos colores. No obstante cansan algunas de sus surrealistas situaciones, un tanto reiterativas, o el naturalismo de unos innecesarios desnudos.

5/10
Una habitación con vistas

1985 | A Room with a View

Existe toda una tradición en la literatura anglosajona acerca de turistas ingleses o americanos, que al contacto con la Europa continental, Italia sobre todo, se les descascarilla una cierta frialdad y despego para descubrir el amor y toda una pléyade de sentimientos que habían guardado encerrados en su interior. En esta línea se mueve esta adaptación de una novela de E.M. Forster acerca de una joven prometida, que viaja con su tutora a Florencia. Como su habitación de hotel no tiene vistas, otros huéspedes ofrecen intercambiar sus cuartos. La amabilidad del joven promotor de la iniciativa hace que la novia se replantee el matrimonio que está a punto de acometer. El equipo James Ivory-Ruth Prawer Jhabvala-Ismail Merchant se ha especializado en adaptaciones literarias de amor y lujo, e incluso hubo un tiempo en que Forster parecía su especialidad. Éste es uno de sus mejores logros, y casi podría decirse la película que les puso en el 'mapa' fílmico internacional. También sirvió para descubrir a Helena Bonham Carter. Ganadora de 3 Oscar.

7/10
Mi hermosa lavandería

1985 | My Beautiful Laundrette

La historia nos sitúa en la Inglaterra de los años 80, gobernada por Margaret Thatcher. Omar (Gordon Warnecke) es hijo de pakistaníes emigrados a Londres, que hereda una ruinosa lavandería de su tío Nasser (Saeed Jaffrey). El padre de Omar es un antiguo periodista socialista en horas bajas, que siempre quiso que su hijo estudiase para convertirse en alguien de provecho. Omar se aprovecha de su situación y, sin ningún escrúpulo, consigue reflotar el negocio y empezar a ganar dinero. Su ambición le lleva incluso a estafar a su tío, que forma parte de la mafia pakistaní de la ciudad. Para limpiar su establecimiento contrata a Johnny (Daniel Day-Lewis), un inglés compañero de su escuela, aún más descastado que Omar. En estas circunstancias, los dos amigos inician una curiosa relación en la que el afecto que se mantienen se mezcla con los peligros de ser de distinta raza. Esta película significó un tremendo éxito de crítica y público para su director, Stephen Frears, hoy en día acomodado en las grandes producciones de Hollywood. Algunas de sus películas son Las amistades peligrosas, Héroe por accidente, la divertida Café irlandés o Hi-Lo country. También dio a conocer a un actor magnífico que por desgracia se prodiga poco, Daniel Day-Lewis. Esta curiosa película cuenta con un buen número de ingredientes que mezclan la crítica social con los problemas de la juventud. Está basada en el guión original del escritor Hanif Kureishi, que fue nominado al Oscar.

6/10
Motín a bordo

1984 | The Bounty

Mel Gibson emula a Clark Gable y Marlon Brando, enfrentándose al tiránico capitán Bligh. Tercera versión sobre el famoso motín a bordo de "La Bounty". Apasionantes aventuras en alta mar.

5/10
Gandhi

1982 | Gandhi

Colosal superproducción, dirigida por un Richard Attenborough (Un puente lejano) en plena forma, que recrea meticulosamente la vida del mítico líder hindú, que revolucionó el mundo y logró que la India dejara de ser colonia inglesa, gracias a la llamada "resistencia pacífica". Honesto acercamiento al espíritu del hombre y a la actitud profundamente virtuosa que encarnó. Ganadora de 9 Oscar.

7/10

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