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Historia del movimiento sufragista

"El término suffragette ["sufragista"] lo acuñó la prensa británica para mofarse de las activistas del movimiento por el sufragio de las mujeres", comenta Sarah Gavron, directora de Sufragistas. "Después, el término fue asimilado por el propio movimiento. Las sufragistas interrumpían las comunicaciones cortando los cables del telégrafo, volaban buzones de correos y atacaban propiedades, y, cuando iban a parar a la cárcel, se ponían en huelga de hambre para llamar la atención pública sobre su causa por la igualdad contra un Estado cada vez más brutal. Me sorprendió que esta historia tan extraordinaria y poderosa nunca hubiera sido contada en el cine. Éramos un grupo de mujeres cineastas y enseguida nos sentimos atraídas por el tema".

Historia del movimiento sufragista

En el año 1900, las mujeres llevaban ya más de medio siglo reclamando el derecho al voto en las elecciones parlamentarias. No obstante, esos cincuenta años de protesta pacífica no habían logrado generar suficiente interés en el movimiento sufragista como para provocar reformas, y las mujeres, junto con los presos, los enfermos mentales y los hombres pobres, seguían siendo excluidos del proceso parlamentario.

En 1903, la campaña Votes for Women (“el voto para las mujeres”) recibió un nuevo impulso con la creación de la Unión Política y Social de las Mujeres (WSPU, por sus siglas en inglés). Esta organización, fundada en Manchester por Emmeline Pankhurst y sus hijas, aspiraba a “despertar a la nación” a la causa del sufragio femenino con el lema “Deeds, not Words” (“Hechos, no palabras”). La decisión de trasladar la sede de la WSPU a Londres en 1906 transformó el movimiento sufragista, que, en los ocho años que siguieron, se convirtió en una lucha más pública, y en ocasiones violenta, librada en el Londres eduardiano.

La WSPU irrumpió en las calles de Londres en un momento en que las mujeres, cuyo papel en la sociedad estaba firmemente centrado en el hogar y la vida familiar, apenas participaban en la vida pública. Las Pankhurst imbuyeron en sus simpatizantes un "espíritu de revuelta" que desafiaba directamente aquella sociedad dominada por los hombres al llevar a las mujeres al primer plano.

Al sacar su campaña a las calles, las sufragistas captaron una gran atención hacia su causa. Adoptando los colores morado, blanco y verde, se convirtieron en una presencia reconocible en el centro de Londres. Los desfiles callejeros se pregonaban con bandas musicales de metal que tocaban marchas sufragistas, y las reuniones y otros actos se anunciaban pegando carteles y escribiendo con tiza en las aceras. El traslado al corazón político del país permitió a las sufragistas mantener una presión constante sobre los centros de poder en Whitehall y Downing Street, increpar a los parlamentarios y encadenarse a edificios gubernamentales.

Tener sede en Londres también fortalecía el carácter internacional de la campaña, y permitía escenificar manifestaciones de gran impacto visual con el objetivo de convencer al gobierno de que se trataba de un movimiento de masas con un apoyo multitudinario. Women’s Sunday ("el domingo de las mujeres"), la primera manifestación a gran escala organizada por la WSPU, atrajo a la capital a sufragistas de todo el país para celebrar siete desfiles desde el centro de Londres a Hyde Park en junio de 1908. Las manifestantes llegaron desde setenta localidades en trenes reservados para la ocasión y, al llegar a Hyde Park, eran recibidas por las arengas de más de ochenta oradoras. Esta coreografiada manifestación reunió a una multitud de hasta 300.000 personas, atraídas por el colorido espectáculo formado por las delegadas vestidas con ropa tricolor y enarbolando más de setecientas pancartas bordadas. "Nunca antes se había congregado tal multitud en Londres para presenciar un desfile de fuerzas políticas", informaba el Daily Chronicle.

Tres años después, la coronación de Jorge V inspiró a la WSPU a organizar su propio y espectacular festival de coronación para ganarse el apoyo del nuevo rey. El Desfile de Coronación Sufragista recorrió cuatro millas en el centro de Londres y culminó con una concentración en el Royal Albert Hall formada por más de 60.000 delegadas de grupos sufragistas regionales y extranjeros con vestidos tradicionales.

La campaña sufragista se planificaba desde la sede de la WSPU, en un principio ubicada en 4 Clement’s Inn, en The Strand, y, desde 1912, en Lincoln’s Inn, en Kingsway. Personal contratado y voluntario organizaba actos para recaudar fondos, convocatorias públicas y manifestaciones, y editaba el semanario Votes for Women (“el voto para la mujer”), que, en 1909, tenía una tirada de 22.000 ejemplares. La WSPU fundó noventa ramas por todo el país, pero Londres siguió siendo el centro de referencia, con un total de treinta y cuatro delegaciones locales. Los miembros de cada rama celebraban reuniones constantes, organizaban actos de recaudación de fondos y apoyaban el trabajo de la sede nacional participando en manifestaciones y desfiles.

suffragette 29966 E1En 1910, el brazo editorial de la WSPU, The Woman’s Press ("la prensa de la mujer"), se trasladó al 156 de Charing Cross Road. Este local, elegido por su cercanía a la céntrica Oxford Street, incluía una tienda que vendía artículos sufragistas de diversa índole: insignias, libros, postales y material de oficina. El éxito comercial de la empresa condujo a la apertura de diecinueve tiendas similares en otros distritos londinenses, abarcando Chelsea y Kensington al oeste, Streatham y Wandsworth al sur, Mile End y Limehouse al este, y Hampstead y Kilburn al norte.

La WSPU era una organización muy amplia, pero sus miembros más activos y militantes eran mujeres jóvenes y solteras con pocas responsabilidades domésticas. Tales mujeres tenían más tiempo que dedicar a la campaña, y también el valor y el espíritu necesarios para emprender acciones que podían conllevar su detención. Más de un millar de sufragistas, incluidas Emmeline Pankhurst y sus hijas, Christabel, Sylvia y Adela, fueron condenadas a prisión por su militancia. Muchas fueron llevadas a la cárcel de Holloway, al norte de Londres, donde protestaron por las condiciones penitenciarias mediante huelga de hambre y fueron sometidas a alimentación forzosa.

A partir de 1912, la WSPU reorientó su estrategia a los ataques contra la propiedad y a la alteración de la vida pública. Una campaña coordinada de destrozo de escaparates llevada a cabo por 150 sufragistas en mayo de 1912 devastó la zona comercial de Londres, una acción de protesta de una hora de duración que, en palabras de Emmeline Pankhurst, “se recordará por mucho tiempo en Londres”. Los ataques sufragistas contra obras de arte, incluidas las cuchilladas a la Venus del espejo en la National Gallery, provocaron el veto de muchos museos y galerías de arte londinenses a las mujeres. Este tipo de militancia desembocaba a menudo en enfrentamientos con policías y ciudadanos que daban lugar a lamentables reyertas y altercados callejeros.

Muchos se oponían a la militancia sufragista por considerarla una amenaza a un equilibrado orden social y sexual en el que hombres y mujeres habitaban esferas separadas.

A menudo se tildaba a las sufragistas de mujeres chillonas e histéricas responsables de distorsionar físicamente el rostro y la figura del ideal de mujer maternal, femenina y pura. La prensa nacional las retrataba siendo detenidas, gritando, encadenándose a rejas y dando discursos políticos exaltados en público, a la vez que la cultura popular las satirizaba con imágenes de grotescas arpías vestidas con ropa de hombre.

El estallido de la Primera Guerra Mundial provocó una suspensión inmediata de la militancia activa, puesto que las sufragistas se volcaron en el apoyo al esfuerzo bélico. Habiendo llevado la lucha a las calles y convertido Londres en el centro de su campaña, las Pankhurst habían revitalizado el movimiento sufragista e inspirado en sus partidarias una confianza e independencia que les permitió desafiar el dominio masculino de la sociedad en la que vivían. Su labor facilitó que las mujeres adoptaran un rol más activo y público durante la guerra. La contribución de las mujeres al esfuerzo bélico demostró que eran de vital importancia no sólo para la victoria, sino también para el éxito económico del país a largo plazo. Este mérito se reconoció en 1918 con la concesión del derecho al voto parlamentario a las mujeres mayores de treinta años pertenecientes a la clase adinerada.

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