Reportajes
Los monstruos del mundo real
Festival de cine de San Sebastián 2016, día 21 de septiembre: los miedos y horrores de jóvenes y adolescentes
Jota Bayona ya nos ha presentado al monstruo que a todos viene a vernos, un cuento maravilloso que invita a enfrentarnos a unos miedos que, en la cinta venezolana “Jesús”, asustan mucho a su protagonista, y en “Playground” conducen a la aberración en grado sumo.
Juan Antonio Bayona vuelve a la sección oficial de San Sebastián, aunque de nuevo no entra en la competición, su cine comercial de calidad no se ve adecuado para su sometimiento al veredicto de un jurado, ideas preconcebidas aún vigentes por muchos años supongo. Aunque a una de sus intérpretes, Sigourney Weaver, le dan el premio Donostia a toda su trayectoria. En Un monstruo viene a verme, su personaje es pequeño, pero con la suficiente presencia para demostrar que quien tuvo retuvo.
El propio autor de la novela juvenil "Un monstruo viene a verme", Patrick Ness, firma el guión de una historia de iniciación a la vida adulta. Conor es un adolescente que crece en un hogar roto, sus padres se separaron, él se quedó con su madre en Inglaterra, el padre formó una nueva familia en Los Ángeles. Un cáncer con mal pronóstico que padece la madre hace sufrir al chaval, que se refugia en su imaginación y su habilidad para el dibujo, mientras se hacen preparativos para que vaya a vivir con la abuela, y sufre el “bullying” de algunos compañeros de clase. En esta tesitura de sufrimiento, un monstruo con aspecto de gigantesco árbol comienza a visitarle por las noches, justo siete minutos después de la medianoche. Promete contarle tres relatos que deben ayudarle a afrontar sus personales miedos, tras las cuales será Conor quien deba componer su propia y última narración, siendo el protagonista de la misma.
El film, con la parafernalia de efectos especiales, y algunos temas de difícil adolescencia bastante tradicionales, corría el riesgo de caer en “lo de siempre”. Pero Bayona, a partir de la historia de Ness, sabe dar originalidad a la descripción del proceso de maduración del protagonista. Los relatos del monstruo logran no quedar aprisionados en el estereotipo, e incluso la animación utilizada en algunos pasajes funciona mejor de lo esperado. Tiene sentido y resulta aleccionadora la idea de mostrar a Conor la complejidad del mundo, las personas no deben ser juzgadas y condenadas precipitadamente, las cosas no se reducen a blancas y negras, todos tenemos nuestras razones para actuar, pero hay que buscar la verdad y ser fiel a ella.
Bayona ya se inspiraba en Steven Spielberg y El imperio del sol a la hora de acometer Lo imposible, y aquí también se notan influencias visuales y de descripción de familias desestructuradas en sus películas fantásticas –Encuentros en la tercera fase, E.T., el extraterrestre...–, como marco que invita a recurrir a la imaginación y la fe propia de la inocencia infantil como mecanismos de defensa, aunque empiece a asomar la oscuridad del mundo de los adultos. Esto no quiere decir que Bayona carezca de personalidad propia, la fuerza de las imágenes en el clímax en el cementerio y junto a la capilla confirman que la frescura al mostrar el tsunami en Lo imposible no fue fruto de la casualidad. Tiene mérito el chaval protagonista, Lewis MacDougall, al que le toca estar presente en prácticamente cada plano; y la poderosa voz original del monstruo, la de Liam Neeson, funciona muy bien.
Cuesta abajo y sin frenos
¿Tiene mucho sentido rodar una película así, teóricamente “objetiva”, porque muestra los repugnantes hechos desnudos, sin intentar buscar explicaciones? Me temo que no, la película aporta poco más más que la simple noticia recogida en los medios de comunicación. E involucrar a unos niños para interpretar semejante historia no parece, la verdad, demasiado educativo.
Un jovenzuelo acude a conciertos con sus amigos, ve vídeos de violencia real con ellos, se emborracha y se coloca, y hasta tiene algún revolcón de corte homosexual con uno de sus colegas. Lo que no le impide participar en una salvaje agresión a un joven gay semiinconsciente en un parque, dejándole a las puertas de la muerte. Entonces surge el miedo, el sentido de culpa, y la búsqueda de la protección paterna.
Tras Carne de perro, el chileno Fernando Guzzoni cuenta otra deprimente historia de corte nihilista con un estilo descuidado e irritante muy estudiado: mucha cámara en mano, escasa iluminación, encuadres poco atractivos y unos actores que apenas vocalizan su ininteligible jerga. A alguien quizá le parezca un planteamiento rompedor, yo no me cuento entre ellos, a ratos lo que veo me parece, simplemente, insufrible.
El caleidoscopio de la capitalidad cultural
Si tengo que destacar alguna historia, me quedo con "La ballena real" de Julio Medem, con Marta Etura como la reina María Cristina dispuesta a avistar una ballena, y que acabará en el agua; el corto-gag de Borja Cobeaga, acción trepidante de una ambulancia con broma inesperada; y "Los Angeles Observer", del para mí desconocido Luiso Berdejo, la inesperada amistad que surge en Los Ángeles entre un ladrón y un anciano por la conexión San Sebastián. Es reconocible en "Txintxorro" a Gracia Querejeta, que involucra a tres niños que hacen una embarcación para navegar. Daniel Calparsoro se pone con el testimonio de una víctima del terrorismo en el aula de un colegio, e Imanol Uribe hablando de los indigentes. Del resto, el "Septiembre" del arranque es impactante, pero unisituacional, juega demasiado con el pescador y su inminente ahogamiento, sin lugar para que el relato avance. Mientras que el narcisismo de "Narciso" llama la atención por su simple narcisista existencia, delirante, no por el interés o la habilidad narrativa.
Miki Nadal debuta como protagonista en el cine
La comedia española “Mi querida familia rusa” ha concluido su rodaje tras tres semanas de grabaciones en Tenerife. Dirigida por Jordi Calvet, la película supone el debut de Miki Nadal como protagonista en la gran pantalla y también el primer papel principal cinematográfico para Mikel Herzog Jr. y Nerea Rodríguez.
Russell Crowe y Leonardo DiCaprio, coleccionistas de dinosaurios
El rey de los dinosaurios ha vuelto a sentarse en su trono. Un espectacular esqueleto de Tyrannosaurus Rex bautizado como Gus ha sido vendido por 50,1 millones de dólares en una subasta celebrada por Sotheby’s, convirtiéndose en el fósil de dinosaurio más caro jamás adquirido en una puja.