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Crupieres de película

Actores que aprendieron el oficio para un rodaje

¿Te has fijado alguna vez en las manos? En una escena de casino, la cámara puede engañar con el vestuario y el decorado, pero no con la forma de barajar, de contar fichas o de deslizar la apuesta sobre el tapete. Ahí se nota quién ha practicado y quién está fingiendo.

Actores que aprendieron el oficio para un rodaje

 

Algunos actores se tomaron esa parte del papel tan en serio que pasaron semanas aprendiendo el oficio con profesionales, y el resultado se ve en pantalla. Otros, en cambio, salieron del paso con un buen montaje. Aquí tienes cuatro casos reales de preparación para el tapete y un quinto que demuestra que, a veces, la magia del cine consiste en no tener ni idea. Y, de paso, qué queda de aquel oficio en el juego online con dinero real de hoy.

Rounders

La película de John Dahl de 1998 sigue siendo la que más citan los jugadores de póker profesionales. Matt Damon no se limitó a leer el guion. Antes del rodaje se inscribió en las Series Mundiales de Póker de 1998, jugó contra profesionales y perdió, que es lo que le ocurre a casi todo el mundo la primera vez. La experiencia le sirvió para entender el ritmo real de una mesa, esas pausas largas en las que no pasa nada y de repente pasa todo. En el reparto aparece además Johnny Chan, dos veces campeón mundial, interpretándose a sí mismo, lo que obligó al resto del elenco a estar a la altura en cada plano de mesa.

Croupier

Si hay una película que justifica el título de este reportaje es esta. Mike Hodges dirigió en 1998 a un Clive Owen casi desconocido en el papel de Jack, un escritor que acepta trabajar de crupier en un casino de Londres. Owen pasó tiempo entrenando con crupieres de alto nivel que le enseñaron a manejar las fichas, a repartir y a controlar la mesa con la frialdad de quien lo hace ocho horas al día. El resultado es que en pantalla no hay dobles de manos. Cada gesto es suyo. La película sirve además para medir cuánto ha cambiado el oficio. El crupier de Jack vigila a los jugadores, cuenta a ojo y detecta al tramposo. Hoy esas funciones las hace el software, y lo que el jugador puede comprobar por su cuenta son otras cosas, como cuánto devuelve cada juego a largo plazo o cuánto tarda un operador en pagar. Una guía sobre el juego online con dinero real compara justo eso en más de 60 operadores con licencia española, del porcentaje de retorno a los días que tarda cada retirada, y leerla después de ver la película deja claro cuánto de la mesa de Jack sigue existiendo detrás de una pantalla. Casi todo, salvo las manos.

Casino Royale

Y aquí llega la excepción. Para la partida de Montenegro de 2006, la producción de Martin Campbell montó una auténtica escuela de póker para que los actores supieran qué estaban haciendo con las cartas. Funcionó con casi todos. Mads Mikkelsen lo contó años después sin rodeos, en declaraciones que recogió SlashFilm. En aquella mesa todo el mundo sabía jugar, salvo uno. Daniel Craig no tenía ni idea. El propio Craig lo ha explicado como una cuestión de prioridades. Estaba tan concentrado en sacar adelante su primer Bond que no podía permitirse bajar al set a relajarse jugando con los compañeros. La escena, una de las más recordadas de la saga, se sostiene con montaje, primeros planos y la cara de póker de un actor que, literalmente, no sabía lo que tenía en la mano. Campbell la definió como una pesadilla de continuidad, con diez jugadores, cartas y fichas que debían coincidir toma tras toma.

Molly's Game

Aaron Sorkin debutó como director en 2017 con la historia real de Molly Bloom, la mujer que organizó durante años las partidas privadas de póker más exclusivas de Los Ángeles y Nueva York. Jessica Chastain trabajó con la propia Bloom durante la preparación, algo poco habitual en una biografía cinematográfica, y eso se nota en cómo su personaje se mueve alrededor de la mesa sin sentarse nunca. Molly no reparte ni apuesta; gestiona. Es la película que mejor explica que el casino, físico u online, es antes que nada un negocio de logística y de confianza.

Casino

Martin Scorsese retrató en 1995 el Las Vegas de los años setenta con una obsesión por el detalle que empezaba en la sala de contar dinero y acababa en el vestuario. Sharon Stone construyó a Ginger a partir de la mujer real que inspiró el personaje, y Robert De Niro hizo lo propio con la figura del director de casino, con ese control absoluto sobre cada mesa y cada empleado que la película muestra sin necesidad de explicarlo. Casino no es una película sobre jugar; es una película sobre quién vigila a quien juega, y por eso sigue siendo la mejor lección de cómo funcionaba un casino desde dentro antes de que llegaran las cámaras y los algoritmos.

¿Cuál ver primero?

Depende de lo que busques. Si quieres ver manos de verdad, empieza por Croupier. Si prefieres entender por qué el póker engancha a quien lo juega, Rounders. Si te interesa el negocio más que el juego, Molly's Game y Casino forman un programa doble perfecto para una noche larga. Y Casino Royale déjala para el final, sabiendo ya que el hombre que más frío parece en la mesa es el único que no sabía jugar. Eso también es actuar. Todas son películas para adultos, y el juego que retratan también lo es. En España solo pueden jugar los mayores de 18 años en operadores con licencia, y la mejor forma de disfrutarlo es la misma que la de una buena película, sabiendo cuándo empieza y cuándo termina.

 

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