Reportajes
Centenario Laurence Olivier
Anoche soñé que volvía a Manderly, la mansión de Rebeca, donde Laurence Olivier hacía uno de sus grandes papeles. pero no el único memorable de su extensa carrera. Experto en personajes atormentados, basta recordar que de los numerosos actores que han interpretado a Shakespeare en cine, Olivier es el mejor valorado. Hoy se cumple el centenario de su nacimiento.
Laurence Kerr Olivier nació el 22 de mayo de 1907 en Dorking, un pueblecito de Surrey (Gran Bretaña). Su padre, pastor anglicano apasionado del teatro, le transmitió el amor a los escenarios, desde que era pequeñito. En el colegio, ya memorizaba los textos de las obras de Shakespeare e interpretaba a sus personajes más célebres, tanto a los masculinos como a los femeninos. Cuando sólo era un adolescente, entró a formar parte de una compañía teatral londinense. Tal era su fuerza sobre las tablas, que poco a poco, obtuvo un enorme prestigio sobre todo después de interpretar a Hamlet.
Con la llegada del cine sonoro, los grandes estudios estaban necesitados de actores elocuentes, por lo que les ofrecían sustanciosos salarios a los grandes del teatro. “El arte del comerciante consiste en llevar una cosa desde el sitio donde abunda al lugar donde se paga cara”, dijo Olivier, que consiguió un jugoso contrato con RKO. El corto Too Many Crooks supuso su primera aparición en pantalla, y aunque a lo largo de la década de los 30, Olivier protagonizó numerosos títulos, como El carnet amarillo, de Raoul Walsh, se sentía desaprovechado por el cine. De hecho, se centraba en el teatro. Hasta que en 1939, el maestro William Wyler pensó que era el actor ideal para encarnar a Heathcliff, protagonista de Cumbres borrascosas (1939), inmejorable adaptación de la novela de Emily Brontë. Olivier obtuvo una nominación al Oscar, que ese año fue para Robert Donat, por Adiós, Mr. Chips. En 1940, Olivier se divorció de su esposa, la actriz Jill Esmond, tras engañarla con Vivien Leigh, protagonista de Lo que el viento se llevó. “¿Qué es en el fondo actuar, sino mentir? ¿Y qué es actuar bien, sino mentir convenciendo?”, dijo el intérprete, que convenció por completo al público de su valía con Rebeca, de Alfred Hichcock. Encarnaba a Maximiliam De Winter, un marido atormentado por el recuerdo de su esposa fallecida. Inició su etapa de esplendor, con títulos tan memorables como Más fuerte que el orgullo (adaptación de “Orgullo y Prejuicio” de Jane Austen), Lady Hamilton, Carrie (1952) (que le puso de nuevo a las órdenes de Wyler) y El discípulo del diablo, que le emparejó con Burt Lancaster y Kirk Douglas. Incluso tuvo tiempo de debutar como director, en su célebre trilogía de adaptaciones de obras de Shakespeare, que se inició en 1944, con Enrique V, codirigida por Reginald Beck y protagonizada por él, labor por la que le concedieron un Oscar de honor. Por Hamlet (1945), en la que volvía a hacer doblete, le otorgaron una nueva estatuilla, al mejor actor, y cerró el ciclo con Ricardo III. También dirigió y protagonizó con Marilyn Monroe El príncipe y la corista.
Nombrado Sir en 1947 y Lord, en 1971, Laurence Olivier tuvo una tercera esposa actriz, Joan Plowright, compañera de reparto en El animador. Siguió acumulando interpretaciones memorables al final de su carrera, en films como Othello, La huella, Los chicos de Brasil, Espartaco, El rapto de Bunny Lake, Furia de titanes, la serie Retorno a Brideshead y Marathon Man, donde era un sádico dentista nazi que atemorizaba a Dustin Hoffman. Interpretó su último papel en War Requiem, de 1989, año de su muerte.
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