El otro día, gracias a los análisis de taquilla de Pau Brunet , caí en la cuenta de que las tres películas que más
El otro día, gracias a los análisis de taquilla de Pau Brunet, caí en la cuenta de que las tres películas que más han recaudado en España a lo largo de 2013 son títulos de animación de corte familiar: Los Croods, Monstruos University, Gru. Mi villano favorito 2. Son buenos filmes, indudablemente, pero la caída de asistencia a las salas por factores varios (crisis, piratería, etcétera) me hace pensar que el cine en pantalla grande resiste en gran medida gracias a las películas para niños, que son acompañados como es natural por sus padres, tíos, abuelos, etcétera. Los adolescentes y jóvenes cada vez muestran menos interés por dedicar su tiempo de ocio al cine en sala, y son los chavales –junto a un núcleo duro de gente mayor y un puñado de cinéfilos– los que todavía dejan espacio para la esperanza de que no se acabe echando el cierre a la mayor parte de las grandes pantallas, por falta de rentabilidad.
Parafraseando al Evangelio, se diría que hay que hacerse como niños para entrar en el reino de los buenos resultados en taquilla. Lo que le cuesta entender al cine español, con muchos títulos que simplemente no están pensados teniendo en la cabeza al posible espectador, aunque a la fuerza ahorcan, y las cosas están empezando a cambiar. Planet 51 dio un aviso de por dónde podían ir los tiros, aunque la inversión fue excesiva, como han sabido ver luego los responsables de Las aventuras de Tadeo Jones, exitazo indiscutible de presupuesto más ajustado, del que ya se prepara la secuela, además de una serie televisiva didáctica presentada por el personaje. En breve va a llegar a las pantallas Zipi y Zape y el club de la canica, simpático film que sigue la misma senda de pensar en los peques, y que probablemente triunfará, aunque se habría agradecido un mayor cuidado en la trama: el peligro en las películas para el público menudo es subestimar su inteligencia, pensar que aceptarán cualquier cosa, o que sus padres, público cautivo que necesita películas a las que llevar a los hijos, les acabarán llevando a lo que haya, independientemente de su calidad. Cuando se cuida el producto –y los tres títulos con que arrancaba este post lo hacen–, los adultos también están contentos, y es más fácil que vuelvan a recurrir al cine para entretener a sus vástagos.
Me da idea de que el cine se hace menor de edad a pasos agigantados, un hecho muy particular, a mi entender completamente inédito. A falta de tener la experiencia directa de ver las películas, veo que el Festival de Cine de San Sebastián se va a inaugurar con una cinta de animación argentina para toda la familia, Futbolín, y se va a clausurar con otra, francesa, protagonizada por un adolescente, The Young and Prodigious T.S. Spivet, que tiene toda la pinta de ser una cinta aventurera para todos los públicos. Que esto ocurra en un contexto festivalero, donde es habitual programar títulos altamente depresivos sobre lo mal que está el mundo, es todo un síntoma de que las cosas están cambiando. Para bien o para mal, el tiempo lo dirá. No podemos infantilizarnos, ser unos perpetuos peterpanes, hay que tener una visión adulta. Pero tampoco podemos ser unos amargados, que pierden la inocencia de la infancia, resulta muy conveniente seguir ese principio de “hacerse como niños”, conservar la frescura infantil.
