“Un gran poder conlleva una gran responsabilidad”. Es la valiosa perla de sabiduría que el tío Ben legaba a Peter Parker, también conocido como Spider-Man. Cada uno en nuestro sitio deberíamos considerarnos depositarios de ese legado. Porque todas las personas somos responsables de nuestras acciones, y desde luego el que está dotado de especiales dones y talentos, educación y preparación, etcétera, etcétera, parece que tiene una mayor responsabilidad a la hora de funcionar por la vida. Más aún si esas acciones tienen una especial repercusión pública por la profesión que uno ejerce y la fama que la acompaña. Les guste o no, las “celebrities” influyen, su ejemplo puede conducir a la imitación, en lo bueno y, por desgracia, en lo malo.
Se me ocurría esta consideración a propósito de noticias más o menos recientes en torno a famosos del cine, la televisión y la música, en varios casos con el triste desenlace de la muerte. Ninguno –o al menos, desde luego, yo– podemos juzgar a estar personas, en primer lugar porque no nos corresponde, y también porque desconocemos las circunstancias que han conducido a determinadas situaciones, y lo que discurre en la conciencia de cada cual. La cercanía de los hechos también obliga a cierta delicadeza, por respeto a los seres queridos.
Pero sí están los hechos externos, objetivos, desnudos, que invitan a pensar, y que deberían constituirse en una llamada de atención para las “celebrities”, que no pueden negar la repercusión de lo que dicen o hacen. Ese “gran poder” de la fama, al encontrarse en una vitrina expuestos al escrutinio de la opinión pública, que puede encontrar en su forma de hacer una coartada para justificar su propio comportamiento errado, debería ser un incentivo para tratar de ser un referente adecuado, un modelo que, con modestia y sin creerse nadie especial, trata de ser buena persona como todo hijo de vecino. Por otro lado cierta prensa amarilla debería dejar de hurgar de modo enfermizo en la “basura” que todo hijo de vecino tiene, en mayor o menor medida, nadie es perfecto. Y el público debería autocontrolarse un poquito, no dejarse llevar por el canto de las sirenas del morbo.
¿Qué estamos haciendo con los más jovencitos? Las recientes tribulaciones de Justin Bieber, o los casos de las antiguas estrellas Disney, Miley Cyrus y Lindsay Lohan, que quieren dar una imagen adulta, resultan llamativos. Las adicciones han pasado factura final a Philip Seymour Hoffman y Cory Monteith, como antes le ocurrió a Heath Ledger. Oscuros episodios del pasado de índole sexual persiguen a Woody Allen, y también a Roman Polanski. Paul Walker y Roger Rodas circulaban a 160 kilómetros por hora en una vía urbana en el momento de su mortal accidente. Julie Gayet mantiene una relación con François Hollande, y la presidencia de éste se convierte en parte en un circo. Sólo falta que ambos acudan a la gala de los César, donde ella está nominada por su trabajo en Quai d'Orsay. Y cualquiera sabe...
Blog de Hildy
Allen, Hoffman, Walker, Cyrus, Bieber, Monteith, Gayet... Su imagen ante la opinión pública
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