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Un triste caso: Dylan Farrow escribe por primera vez sobre los abusos sexuales de Woody Allen

Un triste caso: Dylan Farrow escribe por primera vez sobre los abusos sexuales de Woody Allen

Vuelven los fantasmas del pasado. 22 años después de lo que en su día fue un auténtico culebrón, que incluyó acusaciones de pederastia contra Woody Allen, la supuesta víctima se ha referido por primera vez en público a esos hechos del pasado. Voy a contar los hechos, y lo que dicen las partes, me temo que sacar conclusiones resulta mucho más difícil.

Dylan Farrow tenía 7 años en 1992, cuando se desató la tormenta entre sus padres adoptivos, Mia Farrow y Woody Allen. Un hija adoptiva de la actriz de un matrimonio anterior, Soon-Yi, mantenía relaciones con Woody. El cineasta acabaría casándose con ella, pero en el ínterin el escándalo fue sonado, lo que incluyó una lucha por la custodia legal de los tres hijos adoptivos que tenían en común Farrow y Allen. Y en este contexto surgió la acusación de que Woody habría abusado sexualmente de Dylan, que él negó.

A estas alturas parece claro que nunca sabremos con exactitud lo que pasó, al menos con pruebas fehacientes, a no ser que una de las partes se retractara de su versión. De lo que no hay duda es de que en aquella época, debido a la disputa en los tribunales, la pequeña Dylan tuvo que pasar por la evaluación de numerosos psiquiatras, con las ideas revoloteando acerca de si de verdad había sido víctima de tocamientos, o si todo era producto de una ideas sembradas por una madre, resentida con Woody por la infidelidad con su otra hija.

Y de pronto, cuando Dylan tiene 28 años, está felizmente casada y vive con otro nombre en Florida para llevar una existencia tranquila, decide dar su versión de los hechos. La motivación habría sido el reciente Globo de Oro a toda su carrera otorgado a Woody Allen. Según ha explicado en una misiva entregada a Nicholas Kristof, amigo de la familia Farrow y articulista del New York Times, estos reconocimientos públicos le hacían sufrir despertando los recuerdos del pasado, y cierto sentido de culpa por no contar antes su historia, para evitar que lo que ella padeció pudieran experimentarlo luego otras personas.

El relato de Dylan Farrow no es escabroso, y destaca por su sobriedad, pero su versión es reveladora, pues señala que habría padecido un asalto sexual cuyas circunstancias recuerda con bastante precisión, no se trataría de una mala pasada de su imaginación. Encerrado al principio y al final por el interrogante “¿Cuál es tu película favorita de Woody Allen?”, quiere hacer pensar al lector acerca de quién es ese hombre que tantos admiramos por su maravilloso trabajo en el cine. Y explica sus miedos infantiles, el temor a quedarse sola con él, las primeras conversaciones con su madre sobre algo que no entiende: “En cierto momento mi madre hizo que me sentara y me dijo que no me metería en líos si estaba mintiendo, que podía retractarme. No podía. Todo era verdad.” Y añade: “Hubo expertos decididos a atacar mi credibilidad. Hubo doctores decididos a hacer 'luz de de gas' a una niña de la que se había abusado.”

Para Dylan, Mia Farrow renunció a presentar nuevos cargos criminales contra Woody una vez que tuvo la seguridad de que no tendría derecho a visitar a su hija, para evitar otra exposición de la niña al escrutinio de médicos y jueces. Así, nunca fue considerado culpable, y ante tal situación y al parecer de la joven, Hollywood optó por “cerrar los ojos. La mayoría encontró más fácil aceptar la ambigüedad, decir '¿quién puede decir lo que ocurrió?', fingir que no había nada malo en eso.”.

Uno de los momentos más dramáticos del escrito de Dylan, lo constituye la interpelación directa a personas con nombres y apellidos que han celebrado a Woody Allen: ¿Qué pensaría si se hubiera tratado de tu hija, Cate Blanchett? ¿Louis CK? ¿Alec Baldwin? ¿Si hubiera sido la tuya, Emma Stone? ¿O la tuya, Scarlett Johansson? Tú me conociste cuando era una chiquilla, Diane Keaton. ¿Te has olvidado de mí?”. Para Dylan “Woody Allen es el testamento viviente de la forma en que nuestra sociedad falla a los supervivientes de los abusos y asaltos sexuales.”

El articulista Kristof cuenta que antes de escribir y colgar la misiva de Dylan quiso hablar con Woody Allen, pero que éste declinó hablar “on the record”. Queda pues el nuevo aireamiento del caso, a través de una plataforma tan importante como el New York Times, que tanto espacio ha dedicado antes al cineasta más representativo de la Gran Manzana.

A mi cabeza vienen películas que han tratado los abusos infantiles, reales -No tengas miedo, de Montxo Armendáriz-, e imaginarios -La caza (Jagten), de Thomas Vinterberg-. Cómo afectará a la carrera de Allen, o si Hollywood optará esta vez por abrir los ojos, resulta una incógnita. Sin duda que los abusos sexuales a niños son un tema más sensible hoy que hace veinte años, y los casos en entornos que deberían ser de protección para la infancia -parroquias, campamentos, familias...- nos obligan a preguntarnos sin disimulos ni complejos por qué ocurren, y a tomar medidas para prevenirlos desde la raíz, no con parches en sus amargos frutos.

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