Blog de Hildy
Cuando la verdad nos hace libres
La revelación del cine, según Steven Spielberg
Steven Spielberg vuelve al tajo. Con una película de extraterrestres que bien podría titularse “Encuentros en el tercer milenio”, y que de algún modo invita al espectador a preguntarse en qué modo afectaría a su visión del mundo descubrir que hay vida inteligente más allá de nuestro planeta.
No he estudiado filología inglesa, y quizá algún lector me corrija, pero pienso que el título original de El día de la revelación, “Disclosure Day”, presenta un matiz diferente al de la versión española. Mi sensación es que “disclosure” alude más a desvelar, sacar a la luz lo que permanecía oculto, divulgar algo, en sentido general, mientras que “revelación” parece aludir a presentar al público algo verdaderamente excepcional, que lo cambia todo, incluso con cierto tinte religioso, la tradición cristiana y judía habla de que Dios se ha "revelado" al hombre, le ha hablado de sí mismo presentándole rasgos de su intimidad a los que no habríamos podido llegar por nosotros mismos, mediante nuestras solas fuerzas. En inglés existe la palabra “revelation”, que es la que da nombre al último libro de la Biblia, el apocalipsis, y que por eso parece revestir un carácter más religioso.
Sea como fuere, Steven Spielberg asegura que El día de la revelación “es una película sobre la desinformación y el desafío de hallar la verdad en una cultura en la que la gente poderosa tiene herramientas para desdibujar las líneas de los hechos y la ficción, de lo que es real y lo que no, con el objetivo de proteger y fomentar sus propios intereses. También plantea interrogantes sobre lo que hacemos con una verdad que expande nuestra comprensión del universo de un modo que desafía las creencias que dan significado a nuestra vida, incluida la religión. Expediente X nos mostró que la verdad está ahí fuera, pero ¿qué ocurre cuando la averiguamos? ¿Somos capaces de aceptarla? ¿La rechazamos? ¿Nos unirá o nos dividirá más?” O sea, que se ha puesto un poquito más solemne y circunspecto en comparación con sus anteriores películas de seres venidos del espacio.
Con Encuentros en la tercera fase el nuevo film comparte bastantes elementos, empezando por dos personajes que parecen especiales, Daniel y Margaret, elegidos, los que podrían facilitar el encuentro con visitantes del espacio, interpretados por Josh O'Connor y Emily Blunt. También hay cierto secretismo y cautela por parte de las autoridades gubernamentales y la comunidad científica. Pero domina cierto aspecto lúdico y de nostalgia infantil, que comparte con E.T., el extraterrestre, que se puede resumir en esa frase expresada por Keys, Peter Coyote, de “He estado esperando esto desde que tenía diez años”. Mientras que La guerra de los mundos partía de la novela de H.G. Wells, y tras el mundo oscuro que surgió de los atentados del 11-S, hablaba de amenazas exteriores, en esta ocasión los alienígenas se mostraban tremendamente beligerantes. Pero nuevamente era una película de palomitas, cercana al género catastrofista y de lucha por la supervivencia.
En El día de la revelación el concepto que atraviesa la historia es que hay una verdad sobre la posible existencia de extraterrestres, y algunos, las personas al frente de los gobiernos, consideran que es mejor ocultarla, es una forma de proteger a la gente, de algún modo se considera que el común de los mortales no es lo suficientemente adulto para aceptar y digerir novedades, sobre todo si son disruptivas. Con algo más prosaico, se supone que se trata del mismo tema que Spielberg abordó en Los archivos del Pentágono, a propósito de una investigación periodística sobre la guerra de Vietnam que los poderosos no desean que vea la luz.
Cuando leo este tipo de puntos de vista de que no hay que divulgar algo, que la gente se va a asustar, que no lo va a entender, que va a hacer tambalear sus creencias, su modo de vida, nada volverá a ser igual y bla, bla, bla, pienso que los cristianos tenemos una ventaja, y es que nos creemos aquello que dijo Jesús y recoge san Juan en su evangelio, de que “conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”. O sea, no tenemos miedo a descubrimientos, a lo que la ciencia diga sobre esto o aquello. Si es la verdad, es una pieza que encajará sin problemas.
Si uno recorre la filmografía de Steven Spielberg, que es judío y hasta donde yo sé, no especialmente practicante, en sus películas asoman a veces elementos religiosos, judíos, cristianos y católicos, recogidos con más o menos precisión, la teología o el dibujo atento al hecho espiritual no es su fuerte, aunque procura mostrarse respetuoso. Es el caso de Jane, la novia de Daniel en El día de la revelación, monja que colgó los hábitos, y que acude a su antiguo monasterio buscando refugio con su pareja, cuando ambos son perseguidos por Wardex, una siniestra organización. Es una personaje que ha tenido una crisis y dejó su vocación religiosa, pero a quien sus hermanas acogen con cariño, y la superiora Maura escucha las dudas de la otra sin broncas ni aspavientos, tranquilizándola. No obstante, reconozco que me chirrió que Jane viera una amenaza a su fe en desvelar ciertas verdades, precisamente por lo que he dicho antes, es como si sus creencias fueran poco firmes, no adultas sino infantiles. Y sí, eso es lo que me ha pesado un poco en un film de Spielberg muy bien dirigido, y muy entretenido: que en algunos pasajes se vuelve un poco infantiloide, y se frena lo que era un ritmo trepidante. Una persona que quiso ser monja debería tener una vida interior y un conocimiento lo bastante sólido para no temer, ni por ella ni por los demás, el presentar al mundo la verdad.
Digo que la religión asoma en el cine de Spielberg con frecuencia. Pocos directores pueden presumir de que una película suya haya sido citada por un papa en una encíclica, pero ha ocurrido con La lista de Schindler, León XIV y “Magnifica humanitas”, donde un empresario católico no muy ejemplar acaba descubriendo que quien salva a un hombre, salva al mundo entero, en pleno holocausto judío por parte de los nazis. Aparecen artefactos sagrados en En busca del arca perdida, el Arca de la Alianza, y en Indiana Jones y la última cruzada, el cáliz usado por Jesús en la última cena. La muerte de E.T. y su inesperada resurrección evocan claramente la muerte y resurrección de Cristo. En El color púrpura, Celie soporta mil y una penalidades gracias a las cartas que escribe a Dios. Jim, el niño de El imperio del sol, en su inicial período de inocencia, canta en un coro de voces blancas en una iglesia anglicana en Shanghái. Y en Amistad, la dignidad como personas de los esclavos encuentra anclaje en los valores evangélicos.
En un contexto bélico, en que te juegas la vida, rezar es algo muy natural, y lo podemos ver en varios momentos en Salvar al soldado Ryan, por ejemplo cuando el personaje de Barry Pepper lo hace con palabras del salmo 144 “Bendito sea el Señor, mi roca, que adiestra mis manos para la guerra y mis dedos para la batalla. Mi protector, mi salvador, mi escudo, en quien confío...” Y no considero traída por los pelos Las aventuras de Tintín: El secreto del Unicornio, la obra de Hergé no se entiende sin su “background” católico. Finalmente podemos recordar a la novia cristiana del alter ego del director en Los Fabelman, donde se toma con humor la diferencia de religiones.
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