Angelina Jolie ha andado estos días promocionando en Estados Unidos A Mighty Heart , su última película. Los periodistas convocados al efecto se
Angelina Jolie ha andado estos días promocionando en Estados Unidos A Mighty Heart, su última película. Los periodistas convocados al efecto se quedaron patidifusos cuando sus representantes exigieron, cara a cubrir las típica “premiere” y rueda de prensa, la firma de un documento por el que se comprometían a no hacer preguntas relacionadas con la vida privada de la actriz, ni a utilizar sus respuestas en artículos que no estuvieran relacionados directamente con la película. Algunos “plumillas”, como el de Associated Press, rehusaron aceptar tal condición.
No es la primera vez que los publicistas de un actor piden a los periodistas que eviten determinado tipo de preguntas. Lo que choca es que se pida la firma de un documento, porque una cosa es pedir cortesía, y otra obligar a ella; es de suponer que si convocas a un medio a cubrir un evento es que le conoces, y que tienes ciertas garantías sobre su ética y rigor informativos; otra cosa revela, simplemente, una grave carencia en la profesionalidad de esos representantes, además de una falta de confianza que puede acabar pasando factura.
Para más “inri”, la película cuenta el caso real del periodista del Wall Street Journal D. Pearl, asesinado por extremistas islámicos en Pakistán; y los beneficios de la “premiere” estaban destinados a la asociación sin ánimo de lucro Reporteros sin Fronteras. O sea, lo que se supone era todo un acontecimiento relacionado con la “sacrosanta” libertad de prensa estuvo acompañado de un surrealista intento de “amordazar” a los periodistas. Y encima, para acabar de arreglarlo, el abogado de Jolie, Robert Offer, aseguró que no entiende de qué se quejan los chicos de la prensa, que al fin y al cabo ya “pasaron por el aro” en una ocasión similar, el lanzamiento del film Sr. y Sra. Smith.
