Parece una broma, pero… A la hora de vender La brújula dorada , sus impulsores aseguraron por activa y por pasiva que ni el film ni la novela en que
Parece una broma, pero… A la hora de vender La brújula dorada, sus impulsores aseguraron por activa y por pasiva que ni el film ni la novela en que se basa atacaban la religión para nada, que se narraba la clásica lucha del bien y el mal, etcétera, etcétera. Tan era así que lo “poquitín” que pudiera molestar, el llamar a la organización de los villanos “La Iglesia” lo iban a cambiar para usar sólo otra denominación, “El Magisterio”. Pero vamos, que podían estar tranquilos, tanto los fans como los católicos, porque la cosa era superfiel al original, y nada antirreligioso.
Ahora la película se estrella en taquilla (al menos un poco, que el que no se consuela es porque no quiere) y… los expertos de turno lo explican aduciendo que el film ha perdido toda su carga anticristiana, y claro, que por eso no ha gustado. ¿En qué quedamos? Se decía que no, pero en realidad era que sí, y ahora… En mi modesta opinión la película ha fracasado pura y simplemente porque es mala. Y lo demás es buscarle tres pies al gato, amén de venir a reconocer que poco importaba la fidelidad, la antirreligiosidad, ni otras zarandajas, que lo que contaba era ganar pasta, como sea; y como que el film no va a producir tanta pasta como se pensaba, pues claro, hay que buscar culpables. Y si el culpable está fuera de New Line, la productora, y se puede cargar la responsabilidad del fiasco a la etérea presión de grupos religiosos, se evita que ruede alguna que otra cabeza…
