Hasta ahora era habitual escuchar que el rodaje de cine violento debía ser evitado, y las películas recibir una calificación por edades muy
Hasta ahora era habitual escuchar que el rodaje de cine violento debía ser evitado, y las películas recibir una calificación por edades muy restrictiva. El motivo que se aducía, claro está, es que era una invitación a los desequilibrados que pululan por ahí a “interpretar” en la vida real las escenas violentas que visionaban.
Al igual que ha ocurrido con los alimentos (un día nos dicen que el aceite o los huevos no deben formar parte de una dieta equilibrada, y al siguiente que no hay nada mejor), ahora los expertillos de turno nos dicen que el cine violento puede ser una estupenda forma de disminuir el número de crímenes. Gordon Dahl y Stefano Della Vigna, dos estudiosos de la Universidad de California, han publicado un estudio en que dicen que existe una correlación entre aumento de la violencia en las películas y disminución de crímenes en la calle. “Estamos sacando a un gran número de personas violentas de las calles y metiéndolas en los cines”, asegura sin despeinarse Dahl. Y por si alguien duda, añade: “¿Qué habría hecho esta gente si no hubiera elegido ir a ver una película?”
En general siempre me ha parecido un simplismo culpabilizar a los Tarantinos y Cronenberg de turno de la violencia que existe en la sociedad. Pero también se acerca al cretinismo proponer una terapia de películas violentas para los criminales. Atribuir al cine, así, sin más, la disminución en la última década de los ataques a personas en California a un ritmo anual de 52.000, me parece una conclusión no demasiado científica. ¿No habrá otros factores como la menor corrupción policial, la tecnología, la educación…?
