Hasta ahora yo creía que la misión de los sindicatos era velar por los derechos laborales de sus afiliados: remuneración, horarios, vacaciones,
Hasta ahora yo creía que la misión de los sindicatos era velar por los derechos laborales de sus afiliados: remuneración, horarios, vacaciones, pausas de descanso, el convenio, seguridad social, pensiones... Pero va a ser que no. Al menos en lo que se refiere al Sindicato de Actores americano (SAG). Porque resulta que los actores llevan cuatro meses sin convenio, desde que expirara el acordado el pasado 30 de junio, y los jerifaltes del gremio siguen tan tranquilos, se toman tan precaria situación con bastante calma. En cambio, el SAG anda ocupado en otras cuestiones, y su junta directiva ha decidido posicionarse sobre un tema que poco (por no decir nada) tiene que ver con las funciones clásicas de un sindicato.
En efecto, mañana martes, coincidiendo con las elecciones presidenciales en Estados Unidos, se votan además otras muchas cuestiones. Una de ellas, en el estado de California, es la llamada Proposición 8, que de ser aprobada incluiría en la constitución de California lo siguiente: “Sólo el matrimonio entre un hombre y una mujer es válido o reconocido en California”. Parece lógico que entre los miembros del SAG haya personas de acuerdo con la proposición, y personas en contra. Sin embargo los directivos del SAG, en vez de mantener la neutralidad, han decidido posicionarse en contra de la proposición, imponiendo su punto de vista a todos los sindicados, con la excusa de que se trata de una cuestión de derechos civiles. Tan poco razonable es la toma de postura, que se ha tenido que idear un motivo “económico” para justificar la cosa. Y así, dice Anne-Marie Johnson, presidenta del SAG, que “ningún actor debería tener que desvelar sus preferencias sexuales para lograr beneficios sanitarios o de jubilación”. En fin, pocos comentarios hay que hacer, pues las uniones de hecho no obligan a manifestar las preferencias sexuales; y hasta hace nada, todo el que se casaba venía a decir tácitamente que era heterosexual, y tampoco parece que esta manifestación pública desvelara algo que nadie debería saber. En cualquier caso, no parece que el SAG pueda erigirse en representante de las ideas de sus afiliados sobre el matrimonio, sin que todos los voten previamente.
