Parece que China va a abrir un poquito su férreo control a la entrada de películas de Occidente en su territorio. Pero siguiendo la tradición
Parece que China va a abrir un poquito su férreo control a la entrada de películas de Occidente en su territorio. Pero siguiendo la tradición oriental, que podría resumirse en el dicho popular “lento, pero seguro”, la cosa se va a hacer sin prisas. De momento, el Salon Films de Hong Kong ha sido el marco para anunciar la apertura de una nueva “región administrativa especial cultural” en el distrito Wai Gao Quiao de Shanghai. Esta zona del país, un poco al estilo de lo que ocurre en Hong Kong, será una zona de mercado libre, donde se podrán exhibir películas extranjeras sin límite.
Hasta ahora la legislación china sólo permitía la importación de 20 películas de allende sus fronteras al año, pero en la zona mencionada se eliminarán las restricciones. Tal movimiento es considerado por las autoridades como una especie de test, a ver qué tal. Además, la jugada es de ida y vuelta, porque la idea es que quien quiera vender películas venga a Shanghai a hacerlo, y aprovechar esta presencia para colocar producto doméstico, títulos chinos que se pretende exportar; ya que los ejecutivos hollywoodienses pasan por allí con su cine, se trata de hacerles ver, entre sonrisas y reverencias, que las películas chinas pueden venderlas en el extranjero.
Sin duda se trata de un pasito, como también lo ha sido la condescendencia de admitir un título más para estrenar este año, la oscarizada Slumdog Millionaire. Aunque a estas alturas, con la piratería campando a sus anchas en China, y las cadas vez más frecuentes descargas de internet, no dejo de preguntarme si la realidad no marcha más deprisa que las estrategias chinas.
