El pasado miércoles 28 de abril tuve el gusto de asistir en la Casa Árabe de Madrid a la presentación del documental de ficción Expulsados 1609: La
El pasado miércoles 28 de abril tuve el gusto de asistir en la Casa Árabe de Madrid a la presentación del documental de ficción Expulsados 1609: La tragedia de los moriscos. Podrá gustar más o menos, pero el interés histórico, cultural y de divulgación es indudable, en un momento en que se cumple el cuarto centenario de los hechos descritos, y en que la diversidad cultural es una realidad viva y cambiante en España. Uno de los actores del film es Fernando Guillén. Y ha querido la casualidad que apenas cinco días antes se haya estrenado otra película, Fuga de cerebros, en la que tiene una pequeña intervención.
Vi a Fernando Guillén muy ilusionado con Expulsados 1609. Cantaba las alabanzas del film, y reconocía que había aprendido mucho haciendo la película. Llegó a decir que en la España de Franco no se estudiaban estas cosas –o al menos, él no las estudió–, aunque la joven actriz Ana Alonso reconoció que tampoco ella en la ESO había estudiado nada de... eso.
En fin, el caso es que no pude resistirme a preguntarle por las dos películas citadas. Fuga de cerebros había tenido 200.000 espectadores ese fin de semana, y no parecía un producto cultural exactamente. Lo cierto es que al pobre Guillén se le veía un poco abochornado. Me explicó que era un cameo, que sólo le dieron las páginas del guión que a él le tocaban... Que entendía que los productores deben ganar dinero, pero que ése es el cine del que abomina... Que a la hora de saludar al joven director Fernando González Molina, y decir algo amable sobre su trabajo, lo que le salió fue algo así como “bueno, tú eres como los hermanos Farrelly a la española, ¿no?”.
Lo triste es que con este cine muchos cerebros siguen fugándose, y la expulsión de los jóvenes españoles de esa cosa llamada cultura continúa a pleno rendimiento.
