Resulta curioso. En España, el sistema oficial de calificación de las películas por edades ofrece un interés nulo. Muy pocos parecen hacerle algún
Resulta curioso. En España, el sistema oficial de calificación de las películas por edades ofrece un interés nulo. Muy pocos parecen hacerle algún caso -en realidad, cualquier menor puede entrar a una sala haciendo caso omiso a dicha calificación-, y los padres que buscan orientación suelen acudir a otras fuentes, por ejemplo a nuestra web. Incluso ha habido épocas en que las películas se estrenaban con anuncios que ponía “pendiente de ser calificada”, y administración y distribuidoras, tan campantes. Y desde luego, ni productoras ni distribuidoras españolas, o la Academia, se plantean la autorregulación, calificarse ellas mismas sus películas.
Muy distinto es el caso de Estados Unidos. Allí la calificación por edades es cuestión de continuo debate. De entrada, y para evitar que fuera el gobierno quien entrara a calificar las películas, la Motion Picture Association of America (la MPAA, Asociación de Productores), optó por la autorregulación en 1968, y es un panel compuesto por doce padres nombrados por ella quien otorga las famosas calificaciones G, PG, PG-13, R y NC-17. El sistema es continuamente revisado, y se señala la presencia de escenas violentas o de sexo, expresiones soeces, pasajes que pueden fomentar el consumo de alcohol, drogas o tabaco... Y por si fuera poco, The New York Times señala que internet multiplica las posibilidades de padres y tutores para obtener información adicional sobre la conveniencia de un film para sus hijos... ¡o para ellos mismos! Cita el diario neoyorquino que SceneSmoking.org usa unos logos con pulmones cuyo color va del rosa al negro, pasado por el gris claro y oscuro, para indicar si hay escenas de personajes fumando. Mientras que la web de orientación cristiana Movieguide.org valora los filmes de +4 (que significa ejemplar, sin elementos cuestionables) a -4 (horrible, con graves contenidos inmorales, o blasfemia intencionada).
Lo que está claro es que internet permite hacerse una buena idea del contenido moral de las películas, saltándose los cauces estatales o corporativos, que en España brillan por su ausencia, a diferencia de lo que ocurre, por ejemplo, con el sistema PEGI de los videojuegos. Como bien saben nuestros lectores, DeCine21.com valora la menor o mayor presencia de risa, lágrimas, amor, sexo, acción y violencia, calificándola de 0 a 4, lo que es de gran ayuda para cualquier potencial espectador.
