Hace unos días saltaba la noticia de que el guionista Akiva Goldsman había establecido un récord gracias a los 4 millones de dólares que se embolsará
Hace unos días saltaba la noticia de que el guionista Akiva Goldsman había establecido un récord gracias a los 4 millones de dólares que se embolsará por escribir el guión de Ángeles y demonios, basado en la novela de Dan Brown, autor también de la nefasta El código Da Vinci. Un agente señalaba con ironía: “No me parece una cantidad obscena para una película que puede producir 800 millones de dólares y un guionista que tiene un Oscar. Pero sí en el sentido de que la primera película [El código] era tan mala, que resulta obsceno pagar a alguien por hacer otra vez lo mismo.”
De todos modos, nadie debería llevarse a engaño con estas cifras. El trabajo de los guionistas es precario. Por lo visto en Hollywood en 2005 hubo un 10% menos de contratos para guionistas que en 2004. Y en 2006 la cifra podría caer un 15% nada menos. Señala Nikki Finke en LA Weekly que muchos guionistas están escribiendo tratamientos, reescrituras, pulidos o haciendo asesoramiento gratis total, con la esperanza de que los estudios les contraten en el futuro. El paisaje no pinta bien para los ‘plumillas’. Y si no pinta bien para ellos, añado ello, tampoco pintará bien para el cine, que se nutre de sus historias.
