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Blog de Hildy

¿Hay por ahí afuera algún distribuidor con agallas?

Hace unos años, quien se hubiera atrevido a importar cine iraní o coreano a España u otros países, habría sido calificado de insensato. ¿Quién va a

¿Hay por ahí afuera algún distribuidor con agallas?

Hace unos años, quien se hubiera atrevido a importar cine iraní o coreano a España u otros países, habría sido calificado de insensato. ¿Quién va a estar interesado en ver esas películas, más o menos exóticas? Pero el caso es que la cinematografía de lugares pintorescos es descubierta en festivales, y muchas veces encuentra su público, un espectador exigente y abierto, que no se conforma con las películas que imponen las potentes maquinarias de marketing de los estudios.

Pues un cine que empieza a dar alguna que otra joyita, dicen, es el rumano. A fost sau n-a fost?, del joven treintañero Corneliu Porumboiu, está ambientada durante la revolución de 1989, que propició la caída de Ceaucescu. Y centrándose en un día y una hora –el 22 de diciembre, a las 12h08–, se pregunta si hubo o no revolución. Otro título rumano que ha dado mucho que hablar –en Argentina han podido verlo– es La noche del señor Lazarescu, de Cristi Puiu, que describe el calvario nocturno del personaje del título, un anciano al que una ambulancia traslada de uno a otro hospital, pues nadie quiere hacerse cargo de él.

No es necesario el puro amor al arte –aunque también se agradece– para traer cine rumano a España. Hay que recordar que Rumanía ya forma parte de la Unión Europea, y que la tercera minoría de inmigrantes más numerosa en España es la rumana: hay 314.300 personas censadas originarias de ese país, aunque según la  FEDROM,  Federación de Asociaciones de Rumanos en España, se calcula que su número supera el medio millón.

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