Hay festivales, sólo en España, en Igualada, Lérida, Peñíscola, Sevilla, Málaga, Gijón, Zaragoza, Valladolid, Huesca, Medina del Campo,
Hay festivales, sólo en España, en Igualada, Lérida, Peñíscola, Sevilla, Málaga, Gijón, Zaragoza, Valladolid, Huesca, Medina del Campo, Rivas-Vaciamadrid, Guadalajara, Gerona, Bilbao, Mallorca, Palma de Gran Canaria… Y así hasta cerca del centenar. ¿Qué interés tienen estos festivales? Indudablemente los hay de reconocido prestigio, como los de San Sebastián y Valladolid. Y los hay jóvenes y con ganas de ganar en arraigo y solera. Todos aseguran tener gran éxito de crítica y público, pero…
La cuestión es, como en los casos de asesinato: ¿a quién beneficia el crimen?. O sea, ¿quién gana con estos festivales? La teoría es que ayudan a difundir el cine, con películas más o menos exóticas, que de otro modo no llegan a las ciudades donde se organizan los certámenes; y que sirven para promocionar esos lugares, fomentando el turismo, y tal y cual. Por otra parte, lo cierto es que se dedican ingentes cantidades de dinero público a organizar tales actividades, donde los primeros beneficiados son los gestores de las mismas, que pueden vivir de ellas un año sí y otro también; aparte de los invitados de turno, jurados, periodistas, artistas y demás amiguetes, que acuden para allá con todos los gastos pagados, tratados a cuerpo de rey, o casi. Así que, sin negar el interés de muchos de estos festivales, me gustaría ver más iniciativa privada detrás, y mayor transparencia en la organización de los eventos, de modo que se ocupen de ellos los que de verdad saben, y dedicados de verdad al cine, y no a las juerguecillas nocturnas paralelas, que suelen acompañar a los festivales.
