Hay algún cenizo por ahí suelto, que piensa que el cine es pura pérdida de tiempo, un modo de evadirse de la realidad, con el que no se aprende nada.
Hay algún cenizo por ahí suelto, que piensa que el cine es pura pérdida de tiempo, un modo de evadirse de la realidad, con el que no se aprende nada. Obviamente esta tesis es harto discutible, pero los hay tan utilitaristas que piensan que el único cine de interés es el histórico o el basado en hechos reales, y no siempre, porque a veces los cineastas se toman muchas libertades.
Bueno, pues para rebatir con sus armas tal punto de vista, invito a ver próximamente una estupenda película francesa llamada Welcome. Este film apasionante, que aborda de modo maravilloso el tema de la inmigración, el amor y la amistad, tiene un contenido adicional: ¡clases de natación! En efecto, uno de los protagonistas quiere aprender a nadar con intención de cruzar de este modo el Canal de la Mancha, y así reunirse con su novia. El que aquí escribe, al que le encanta la natación, disfrutó con las lecciones del profesor, que enseña al otro a respirar, a dar las brazadas y sacar la cabeza del modo más adecuado.
