No son obras maestras, qué duda cabe, pero pasas el rato bastante entretenido. Me ha tocado ver en el mismo día, una detrás de otra, dos películas a
No son obras maestras, qué duda cabe, pero pasas el rato bastante entretenido. Me ha tocado ver en el mismo día, una detrás de otra, dos películas a la vieja usanza. Primero una de Joe Dante, Miedos 3D, muy diferente a los títulos de miedo que se estilan en la actualidad, donde salpican la sangre y las vísceras, con retorcidos psicópatas que, como a Saw, hasta acaban colgándoles una X, de Xádicos o así. Me encanta esto del miedo en familia, hermanitos, donde no has de adivinar quién morirá a continuación, y donde hay bromas como la de la chica leyendo en la cama... “La divina comedia”, de Dante (no Joe, claro).
La otra es de ese viejo héroe de acción que no sólo se resiste a envejecer, sino que se ha traído a su peli a todos los actores del género que peinan canas a los que ha podido reunir. Porque ésa, y no otra, es la gracia de Los mercenarios, típica película de duros mercenarios repartiendo estopa y provocando explosiones para ayudar a la chica de turno en una imaginaria dictadura sudamericana. Frases conscientemente grandilocuentes redondean una película que nos sabemos, pero que aceptamos ver, al menos una vez, tiene un pase.
