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Shyamalan, un niño grande de 40 años

El pasado viernes M. Night Shyamalan cumplió 40 años, y para celebrarlo decidió regalar a la cartelera española su última película Airbender: El

Shyamalan, un niño grande de 40 años

El pasado viernes M. Night Shyamalan cumplió 40 años, y para celebrarlo decidió regalar a la cartelera española su última película Airbender: El último guerrero. Ha sido completamente denostada por la crítica, pero yo, como estudioso del cineasta –publiqué uno de los primeros trabajos en español sobre el director en el libro colectivo "Breve encuentro"–, sentía que estaba obligado a verla, aunque me diera una pereza tremenda.

Bueno, pues ya está, ya la he visto, ya tengo mi opinión sobre la peli y los derroteros que está tomando la carrera del director de El sexto sentido. Trataré de ser sintético en mi punto de vista:

1) Aparentemente, la película se diría que no es de Shyamalan, cuesta reconocer al director en una historia que adapta una serie de animación. Es poca cosa, pero se trata de un título digno en su género, algo ingenuo, un poco sosita porque tiene vocación de inicio de una saga, y deja muchas cuestiones sólo apuntadas. No habría sido tan denostada de tener detrás a otro director, de eso estoy seguro.

2) Conecta con cierta mentalidad infantil del director. Esto no sería malo si no fuera porque “infantil” e “infantiloide” se encuentran peligrosamente cerca en la cabeza de Shyamalan. Ya se equivocó el director con sus zarandajas de ninfas en La joven del agua, la pretensión de crear una especie de mitología cuentista pensando en sus niñas lastraba una película que podía ser mejor de lo que era. En Airbender ha tomado una mitología –dudo al usar tal palabra, que viene grande a la cosa, pero es para que se me entienda– ajena, descubierta en la serie televisiva, donde trata de hacer algo al estilo “Las Crónicas de Narnia” o “El Señor de los Anillos”, pero desde luego con bastante menos fuste.

3) El conservar la mente abierta, la ilusión propia de la infancia, la capacidad para el asombro, es una cosa buena. Pero actuar con 40 años como “un niño grande” y torpe, no tanto. Me viene a la cabeza esa especie de travesura propia de un “gamberrete” de meterse con los críticos en La joven del agua, o el que impulsara un libro hagiográfico sobre su persona, cuyo título, “The Man Who Heard Voices: Or, How M. Night Shyamalan Risked His Career on a Fairy Tale” (El hombre que oía voces: o cómo M. Night Shyamalan arriesgó su carrera por un cuento de hadas) ya era sintomático de que el chico vivía un poco en las nubes, aquello era de vergüenza ajena.

4) Así que mi consejo para Shyamalan, si me está leyendo, sería. Madura, crece, libérate de tu particular complejo de Peter Pan.

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