Confieso mi decepción. Cuando Enrique González Macho, conocido exhibidor y distribuidor de cine, anunció su candidatura a la Academia de Cine en
Confieso mi decepción. Cuando Enrique González Macho, conocido exhibidor y distribuidor de cine, anunció su candidatura a la Academia de Cine en España, alternativa a la de Bigas Luna, pensé que su mandato vendría presidido por la profesionalidad, avalada por una dilatada trayectoria como empresario cinematográfico. Me equivoqué. Al menos de momento. Apenas han pasado dos meses desde que fue proclamado presidente de la Academia, junto a sus compañeras vicepresidentas Marta Etura y Judith Colell, y en vez de hacer cosas útiles se dedica a florituras inútiles e incluso cuestionables.
El paseo de las estrellas del cine español. ¡Vaya ocurrencia! O sea, que primero ponemos a caldo a Hollywood, y luego vamos y les copiamos las ideas. El 27 de junio se inaugurará este “paseo de la fama” -ya veremos los famosos con estrella que van al acto- en la madrileña y estrechita calle Martín de los Heros, algo que como mínimo parece antiestético, ya que González Macho tiene ahí unos cines -los Renoir, los únicos que hay junto a los Golem- y se diría que barre para su casa.
Luego está lo de impedir que los menores de 16 años puedan optar al premio Goya. Suena a cuchufleta. Se permite a los niños intervenir en todo tipo de películas con temática adulta -en esto no hay problema- y luego resulta que no pueden ganar premios por ello. ¿Protección? ¿Qué protección del menor es ésta? Si hasta se hace broma en la gala de los Goya, pidiendo a los niños que están en la sala que se tapen los oídos, que tocan chistes para mayores. Sólo falta que con efecto retroactivo quiten su Goya a los niños ganadores de este año al premio revelación de interpretación, los chavales Marina Comas y Francesc Colomer. Lo que me pregunto yo es si los muchachos de Pan negro han visto la película, les han explicado de qué va, alguien se preocupa del modo que les afecta su dura trama, etc. Supongo que eso para la Academia es 'pecata minuta'.
Esta chiquillada de la Academia estimula mi imaginación malévola, y la verdad, la única causa razonable de dejar a los chicos fuera de los Goya, es que su presencia impide ganar el premio a actores profesionales, que se esfuerzan duramente por salir adelante en su trabajo. Como para que de pronto vengan unos críos sin preparación y únicamente la naturalidad de sus pocos años, y les arrebaten el cabezón del Goya. Este motivo inconfesable sí podría entenderlo, pero la culpa es de los Académicos, que prefieren votar a los niños que a los adultos. Ellos sabrán por qué.
