Iba con miedo. Había leído información en bastantes medios de que el mito Pixar había por fin mordido el polvo del fracaso, al menos artístico ya que
Iba con miedo. Había leído información en bastantes medios de que el mito Pixar había por fin mordido el polvo del fracaso, al menos artístico ya que no de taquilla. Que justo en una redonda efeméride, el 25 aniversario de los estudios, al fin demostraban que eran humanos entregando una película mediocre, del montón.
Bueno, pues el domingo pude disfrutar de un pase familiar de Cars 2 y sólo me cabe decir que disfruté de lo lindo. Que ojalá determinados estudios, ciertos directores, algunos que se autodenominan “artistas”, filmaran todos los años “mediocridades” como ésta, tan perfectamente engrasada, con su magnífica carrocería y su potente motor.
Entiendo que John Lasseter y compañía han puesto el listón tan alto a lo largo de un cuarto de siglo, que si no entregan cada año una de las siete maravillas del mundo algunos ya se llevan el chasco. Pero si eso no es simple y pura envidia –que, en bastantes casos, lo es–, debo recordar a estos exigentes espectadores que la siete maravillas del mundo se agotan cuando hemos contado hasta siete. Lo que quiero decir es que cualquier artista, por muy bueno que sea, entrega grandísimas obras, y otras más normalitas. Yo pienso que el nivel sigue siendo de primerísima división, y que aun habiendo caído en la tentación de las secuelas –de las que Lasetter decía abominar–, lo cierto es que su equipo artístico se esfuerza en idear tramas novedosas con cuidados guiones y personajes, no se limita a calcar esquemas probados, como ciertos cineastas resacosos que yo me sé.
