A punto de iniciarse la jornada de reflexión que antecede a la cita con las urnas del 20-N, yo también reflexiono, y se me ocurren más parecidos
A punto de iniciarse la jornada de reflexión que antecede a la cita con las urnas del 20-N, yo también reflexiono, y se me ocurren más parecidos razonables entre la elección de la candidatura de un partido político y la de una película para ocupar una tarde. Por ejemplo, hace un rato en Madrid ha caído algo parecido al diluvio universal, con lo cual no apetece mucho estar en la calle, y una opción es ir al cine, aunque sea para estar rodeado de adolescentes féminas lanzando grititos mientras ven Amanecer (Parte 1); es un hecho que la gente va más al cine con tiempo desapacible que cuando luce un sol radiante. De igual modo, cuando llueve la participación en unas elecciones suele aumentar: la gente no se va al campo, ni a la sierra, ni al pueblo, ni na, y en cambio puede que emplee parte de su tiempo en depositar la papeleta en la urna.
El cine español vive, en buena parte, de las subvenciones... y los partidos políticos también. Ya que Antonio Banderas hablaba hace un par de días de su temor por el posible recorte de las ayudas al cine patrio, yo quiero decir que no me importaría nada que los partidos políticos vivieran de las cuotas de sus afiliados, o de los fondos que recauden para la campaña de marras. Incluso podrían acudir para tal fin a expertos... como Antonio Banderas, que ha conseguido un buen pellizco para el mismísimo presidente Obama. De verdad que estaría encantado, porque ya bastante achuchada está la vida con la crisis, como para seguir financiando a los partidos con nuestros impuestos.
Las películas, cuando no consiguen suficientes ingresos en taquilla, tratan de rebañar en las otras ventanas de explotación, DVD y Blu-ray, derechos de emisión en tele, etc, aunque sea a precio de saldo. También muchos políticos, cuando pierden y son desalojados del poder -o prevén que tal es su inminente destino-, intentan encontrar otra ubicación, algún puestecillo en la ONU, o de ayudante del concejal de no sé qué, o dar conferencias y escribir las memorias... Antes de que dejen de serlo -por haber perdido el poder- buscan a los “amigos” capaces de evitar que caigan el ostracismo.
Es típico que tras unas elecciones, todos los partidos ganen, o eso osan decir, sin cortarse un pelo. Se toman las estadísticas y aunque se haya perdido, hay un analista que descubre que se han recibido más votos que nunca, o que comparado con el caso de tal año y en tales circunstancias no es tan grave si se tiene en cuenta... En cine suele haber un poco más de realismo, porque es dinero lo que hay en juego. Hay unas previsiones y si se cumplen, campanas al vuelo, si los números son discretos, se trata de decir que son estupendos, y si son malos, se guardará un discreto silencio.
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