Hoy España ha vivido una jornada de huelga en la enseñanza. Se protestaba contra los recortes en educación. Como suele ocurrir en
Hoy España ha vivido una jornada de huelga en la enseñanza. Se protestaba contra los recortes en educación. Como suele ocurrir en estos casos, sindicatos y gobierno no coinciden a la hora de dar las cifras de seguimiento de la convocatoria. Según los primeros, un 80% habría secundado la convocatoria, mientras que los segundos rebajan esta cifra al 22,7%.
El motivo de traer a colación este tema al blog, era la queja de una buena amiga, profesora de instituto desde hace un buen puñado de años, que me comparaba la situación que le está tocando vivir con una estupenda película alemana titulada La ola. Lo dice a propósito de la famosa “marea verde”, que hace que los profesionales de la enseñanza que respaldan la protestan se enfunden en una camiseta verde.
A ella no le hace demasiada gracia la situación, que se traduce en un montón de horas lectivas y alumnos que atender, con menos medios. Y me consta que siempre ha preparado sus clases con primor, corrige los exámenes con rigor, y trata a los alumnos como a personas, que aunque pueda sonar a obvio no es tan habitual. Ello sacando tiempo de sus fines de semana, o sea, fuera de las horas de clase. A pesar de todo, desea ejercer su libertad de ir a trabajar; ella ve que hay recortes en todos los sectores, y piensa que bastante mal está el patio como para montar más follón protestando contra algo que, por muy triste que sea, es consecuencia del despilfarro del dinero público durante tanto tiempo.
Pero, y aquí viene el pero, viene sufriendo desde hace tiempo la presión de muchos compañeros que llevan su camiseta verde; porque claro, ella no la lleva, con la cual queda significada como no integrada en la marea verde; y a algunos su reivindicación les parece tan justa que no comprenden que otro puede pensar diferente. Desde luego la situación invita a la comparación con la mentada película de Dennis Gansel. Allí un profesor a sus alumnos explicaba el atractivo de los totalitarismos tan denostados por su espíritu de grupo, ideales comunes, ayuda mutua, uniformes y parafernalia exterior. Y a modo de experimento llegaba a impulsar un movimiento de tanto éxito, “La ola”, que los chicos empezaban a vestir con vaqueros y una camiseta blanca, al igual que su profesor, un uniforme que identificaba su movimiento. Quien se salía de la corriente dominante, de “La ola”, corría el riesgo de ser despreciado, ninguneado, marginado. Mi amiga cree que su situación tal vez no sea tan extrema, pero no ha dejado de sentirse incómoda estos días en que “tocaba” llevar la camiseta verde, o ser, en el mejor de los casos, un “bicho raro”.
