Gérard Depardieu ha brillado con luz propia en el mundo de la interpretación. Le entrevistamos con motivo de la película Vidocq.
¿Se deja dirigir igual por un director novel que por otro más experto?
Es igual, incluso creo que es más fácil con el novel. Cuando hago una película no me sitúo como un actor en solitario, sino en un equipo y hago lo que me encomiendan. Aunque podríamos decir que me siento como el Zidane del equipo si soy el actor principal. El director tiene su lugar y yo el mío. Con Pitof ha sido igual que con Truffaut u otros. Lo importante es la energía del director y que sea comunicativo.
¿Qué le atrajo del guión?
El personaje histórico de Vidocq me parecía muy atractivo; un ex convicto marcado por su paso por la cárcel, que vive la conmoción de la revolución francesa y llega a ser jefe de la policía en París. ¡Imagínate! Inspiró a grandes literatos: Balzac, Hugo, Dumas. Había, sin duda, materia prima. Además, me gusta la literatura fantástica y suponía un aliciente hacer una película sobre este tema.
¿Cómo abordó su personaje?
Pitof me dio la pauta. Me dijo que me divirtiera más haciéndolo que el espectador viéndolo. No obstante, está claro que yo no hago todas las cabriolas, ni las caídas de las luchas; sólo aparezco en planos puntuales de la acción. Pero me lo pasé muy bien, porque la técnica digital te permite exagerarlo todo mucho.
La deslumbrante estética de la película, ¿no cree que puede ensombrecer la historia?
Al contrario. Es una historia dentro de una estética. Una estética que nace gracias a las técnicas modernas, que abren muchas puertas. Gracias al medio digital se reproduce el París de 1830 como debió ser y eso es extraordinario. Ahora podemos llevar a la pantalla nuestra cultura europea de lo fantástico, como el cine americano adapta la ciencia ficción de Bradbury o Asimov.
El thriller fantástico era de los pocos géneros que le faltaba tocar. ¿Hay algún género que le resulte más complicado interpretar?
La comedia, sobre todo la que surge de nuestra realidad, me parece que es muy difícil. Hay que ser muy sutiles, sobre todo cuando trata asuntos que pueden ser sensibles.
¿Qué papel le gustaría hacer ahora?
Me haría gran ilusión encarnar a San Agustín. Sus Confesiones son toda una lección de consecuencia espiritual.
¿El cine francés es el mejor ejemplo para hacer frente a la invasión americana?
Creo que en Francia no hay combate contra el cine americano. Nuestras películas comparten cuota de pantalla con películas americanas sin problemas. Y yo participo en películas comerciales americanas que se ruedan en mi país. El tema no se debe plantear como competición, sino como algo cultural: el cine es una entidad cultural. España, Italia, Francia… tenemos la misma fuerza cultural y eso nos tiene que distinguir frente a Hollywood, pero no ir en contra. Después, el público elegirá.
