Jason Blum, el gurú del terror low-cost en Hollywood, ha admitido públicamente lo que muchos ya intuían: "M3gan 2.0" no ha cumplido. Tras abrir con unos tibios 10,2 millones de dólares en EE.UU. (17 millones en todo el mundo), el productor reconoce que su estudio “se vino demasiado arriba” con la muñeca asesina.
“Pensamos que M3GAN era como Superman. Podíamos hacerle de todo: cambiar de género, lanzarla en verano, convertirla en heroína… y nos pasamos de frenada”, ha confesado Jason Blum en el pódcast The Town. Un volantazo creativo que ha salido caro.
La primera M3GAN (2022) fue un fenómeno: terror con tono irónico, muñeca diabólica y crítica viral. Pero su secuela ha optado por acción y comedia, perdiendo el alma que la convirtió en icono pop. “Nos emocionamos tanto con ella que no vimos que el público no estaba tan enganchado como pensábamos”, lamenta Jason Blum.
El productor cuenta que las previsiones internas hablaban de un estreno de 45 millones. Luego bajaron a 30. Después a 20. Y finalmente, se desplomaron. “Entré en una espiral de depresión. Despertarme y ver el dato fue duro”, relató con franqueza.
Del miedo al bostezo
M3GAN ha pagado el precio de la sobreexposición y de una producción apresurada. Jason Blum también señala el tiempo limitado del director Gerard Johnstone, que en la primera entrega “tuvo todo el tiempo del mundo” y aquí trabajó contrarreloj.
El batacazo llega en un mal momento para Blumhouse, que encadena tropiezos con La mujer de las sombras, Hombre lobo y La cita. Sólo el bajo coste de producción (25 millones antes de promoción) amortigua el golpe.
El caso de M3GAN 2.0 demuestra que incluso los monstruos virales tienen fecha de caducidad si se les fuerza demasiado el guion. Esta vez, la muñeca no ha matado de miedo. Solo de aburrimiento.
