Sus directores y productores, el matrimonio de Sabrina y Steven Gunnell, todavía no se creen la repercusión que ha tenido en la “laica” Francia su película, y lo atribuyen todo a la providencia divina, según señalan en un artículo del diario “Le Monde”.
Sacré-Cœur es un documental con partes ficcionadas por actores, que pone el foco en la vida de la mística del siglo XVII santa Marguerite-Marie Alacoque, y ha logrado lo increíble: un monumental e inesperado éxito comercial en Francia, superando la venta de 250.000 entradas desde su estreno el 1 de octubre de 2025, que cubre sobradamente su modesto presupuesto, en torno a los 800.000 euros.
Por sus características de film religioso católico, Sacré-Cœur parecía destinado a llegar solo a una audiencia nicho de fieles católicos practicantes, de modo que su distribuidor Hubert de Torcy, a través de la pequeña compañía de Saje Distribution, aspiraba a llegar a unos 20.000 espectadores, la cifra alcanzada con otros de sus filmes. Pero los realizadores y productores, el matrimonio de Sabrina y Steven Gunnell (el segundo antiguo miembro de la “boy band” Alliage, convertido al catolicismo tras una crisis personal), subrayan que la película ofrece esperanza, amor y alegría en un contexto de guerras y tensiones sociales, lo que habría ayudado a su éxito, según explican en Le Monde.
Sin restar peso a estas razones, ha ayudado al éxito también una serie de polémicas y reacciones en contra, que paradójicamente le han dado visibilidad. Así, dos días antes del estreno, la empresa publicitaria MediaTransports se negó a aceptar la campaña de la película en autobuses por considerar que el film era “confesional y hacía proselitismo”, lo que supuestamente era incompatible con la neutralidad del servicio público. Esto generó una “polémica providencial” según De Torcy, auténtica publicidad gratuita. Por otra parte, el 22 de octubre, el alcalde de Marsella, Benoît Payan, prohibió su proyección en una sala municipal una hora antes del evento, invocando la laicidad y una ley de 1905. De Torcy no dudó en calificar tal medida de propia de “talibanes en culottes cortos”. Los Gunnell y el senador de extrema derecha Stéphane Ravier un procedimiento de urgencia ante la medida, y el tribunal administrativo falló a su favor el 25 de octubre, ordenando reprogramar la película por atentado grave a la libertad de expresión, creación y difusión artística. Más madera para el fuego publicitario.
Los Gunnell insisten en que aceptaron la ayuda de Ravier por desconocimiento legal, y que cualquiera podría haberlo hecho. En cualquier caso la respuesta del público ha sido abrumadora y se ha producido un benéfico efecto “boca a oreja” sobre el film que ha tapado los comentarios negativos que decía que era algo “plano, kitsch y mal escrito”, los cineastas dicen sobre los mismos que al final es comparable a la falta de unanimidad que genera Jesús mismo.
Un factor clave ha sido el apoyo financiero y mediático. El presupuesto contó con 400.000 euros de mecenazgo y crowdfunding, pero Canal+ (propiedad de Vincent Bolloré) aportó 350.000 euros decisivos, tras visitar el rodaje y considerarlo un proyecto “serio”. En cualquier caso el film ha generado un apasionante debate sobre neutralidad, libertad y fe en la Francia contemporánea.
