La irrupción de la inteligencia artificial en el cine español ha encendido de nuevo el debate sobre sus límites. "El corto de Rubén", dirigido por José María Fernández de Vega y producido por Glow, se ha colado en la shortlist de los Goya pese a incluir una canción compuesta —según sus críticos— con ayuda de IA y cantada por una voz artificial llamada Ai Tiana.
El corto, que mezcla imagen real y animación y ha cosechado premios en España y el extranjero, aborda en clave humorística las concesiones que un joven cineasta debe hacer para sacar adelante su película. Su presencia en la preselección ha provocado la protesta de varios profesionales, que consideran que la obra vulnera las bases aprobadas por la Academia el pasado julio para regular el uso de esta tecnología.
El más tajante ha sido Xosé Zapata, productor, director y presidente del Pixel Clúster, que acusa a la Academia de “frivolidad” y de “abrir la puerta a la IA sin control”. “Lo que ha hecho la Academia es una aberración. Tienen que elegir entre defender a los autores o dejar que la IA entre en los Goya”, declara. Según él, el corto infringe la normativa en el ámbito musical, un área explícitamente protegida por los derechos de autor.
Zapata reclamó a la Academia documentación sobre las herramientas utilizadas para la canción de los créditos, pero asegura no haber recibido detalles: “Nos dicen que la productora ha certificado el uso de IA tanto en la música como en la voz, y ya está”.
La Academia de Cine rechaza que se haya incumplido el reglamento: “El corto cumple perfectamente los requisitos respecto a la IA”, afirma una portavoz. La institución sostiene que la tecnología se ha utilizado “como herramienta de apoyo y bajo control humano”, los dos requisitos esenciales del artículo 3.4 de las bases.
Glow también reafirma que se han seguido las normas, aunque ni la productora ni la Academia han concretado qué software se usó ni quién está detrás de Ai Tiana.
Las bases de los Goya ante la IA
El conflicto recuerda a 2012, cuando la Academia descalificó O mago dubidoso al descubrirse que incorporaba fragmentos de bandas sonoras conocidas. Zapata considera que la situación actual es similar y que El corto de Rubén debería ser excluido por la misma lógica.
El debate se complica por la presencia en el reparto del cortometraje de Iván Miñambres, vocal de animación de la propia Academia y miembro de la junta que validó la candidatura. No ha sido posible contactar con él para conocer su postura.
La película, con un presupuesto de 218.000 euros, recibió además una subvención de 119.000 del Ministerio de Cultura, la mayor concedida a un corto en 2025.
El reglamento establece que solo pueden competir obras dirigidas por “personas físicas identificables” y que la IA solo es admisible como herramienta complementaria, sin que sustituya “de forma integral o mayoritaria” la autoría humana.
Además, cualquier uso “significativo” debe declararse expresamente con detalles técnicos y nivel de supervisión.
La Academia puede declarar una obra no elegible si considera que se ha vulnerado el principio de autoría humana.
Para el cineasta y experto en IA Carlos Fernández de Vigo, Goya al mejor corto en 2024 por Cafunè, el conflicto es solo el principio:
“La IA es más importante que la imprenta. Va a cambiarlo todo y necesitamos una conversación profunda, responsable y democrática”.
Fernández de Vigo aboga por una comisión técnica estable, formada por representantes de todas las disciplinas, que marque una hoja de ruta:
“Habrá errores. Es un mundo nuevo. Pero hay que avanzar con calma y rigor, no con antorchas”.
Mientras tanto, El corto de Rubén sigue en la lista de preseleccionados. La cuestión ahora es si la música que suena apenas unos minutos será suficiente para dejarlo fuera de los Goya… o para convertirse en el primer trabajo apoyado por IA en aspirar al premio más importante del cine español.
