El consejero delegado de David Ellison ha reafirmado su apuesta por una producción masiva de cine en salas una vez se complete la fusión entre Paramount Pictures y Warner Bros. Discovery. Su objetivo: 15 películas anuales por estudio, lo que supondría al menos 30 estrenos cinematográficos cada año bajo el paraguas del nuevo gigante resultante.
Durante una conferencia con analistas celebrada el lunes, David Ellison fue claro: “Estamos comprometidos con ofrecer un amplio catálogo de historias de alta calidad, incluyendo 15 películas para salas por año y por estudio, para un total de al menos 30 títulos anuales”. Y añadió una declaración de principios que suena casi contracultural en la era del streaming: “Creemos firmemente que las películas deben verse en los cines”.
El ejecutivo subrayó que ya se han dado pasos en esa dirección. Paramount prevé estrenar un mínimo de 15 largometrajes en 2026, frente a los ocho lanzados en 2025. En cambio, Warner Bros. no alcanzó el listón marcado por David Ellison el año pasado, quedándose en 11 películas.
Además, el directivo quiso despejar dudas sobre la estrategia de distribución. “Desde el primer día en que adquirimos Paramount dijimos que no estaríamos en el negocio de hacer películas directamente para streaming”, aseguró. La compañía mantendrá una ventana exclusiva en salas de 45 días antes de su llegada al mercado doméstico.
La promesa, sin embargo, suena titánica. Quince estrenos anuales por estudio implican más de una película al mes, algo que ningún gran estudio ha sostenido de forma constante en la era moderna del blockbuster globalizado, donde cada superproducción requiere años de desarrollo, presupuestos desorbitados y campañas de marketing planetarias. Gestionar desarrollo, rodaje, posproducción y distribución de 30 lanzamientos amplios al año supone una maquinaria industrial casi fordista aplicada al cine espectáculo.
La gran incógnita no es solo si pueden producir esa cantidad, sino si el mercado puede absorberla sin canibalización interna ni saturación del público. La apuesta de Ellison es clara: más cine en salas, más propiedad intelectual explotada y menos dependencia del estreno directo en plataformas. Ahora queda por ver si la aritmética empresarial acompaña al entusiasmo o si el calendario acabará imponiendo sus propios límites.
