Las nuevas producciones cinematográficas demuestran que el mundo del espectáculo visual está cambiando. Ahora los roles de los actores o de los técnicos no son unívocos sino complementarios y el set se ha convertido en una única y común experiencia en gran formato y no en una suma aptitudes técnicas o interpretativas. La Escuela TAI en Madrid aúna estos criterios para entender hoy la evolución del arte cinematográfico.
Que los rodajes se han convertido hoy en día en una coreografía en donde actores y técnicos vibran al unísono, donde cámara, luz y cuerpo están en completa sintonía, puede apreciarse en la tercera temporada de Euphoria, donde se ha transformado por completo su aspecto formal. En efecto, la decisión de rodar en formato de 70 mm dota al resultado de un drástico cambio visual, de manera que el cine y el teatro entremezclan sus elementos de épica y cercanía adquiriendo en la pantalla una entidad propia, con características de ópera visual.
Los seguidores de Christopher Nolan saben de lo que hablamos. Las películas rodadas en 70 mm aseguran un impacto emocional en el espectador como ningún otro formato. Las razones son diversas. En 70 mm la resolución del negativo aumenta considerablemente, de manera que llega a ser entre 3 ó 4 veces mayor que en los rodajes estándar de 35 mm. Esto supone una nitidez extrema de la imagen, que parece a ojos humanos prácticamente real, sin materia de por medio. Y como consecuencia ha cambiado el modo de estudiar cine, precisamente porque para los actores ha evolucionado el modo de trabajar, ya que ahora la exigencia es máxima e implica a todo su cuerpo, no solo a sus rostros o sus gestos, sino también a sus movimientos y a su posición relativa respecto de sus colegas. En este ámbito relacional la profundidad de campo ha cambiado y, para no desenfocar la imagen, los actores deben moverse como en una coreografía milimétrica. Lógicamente los técnicos tienen que ser infalibles en el proceso para que el engranaje de la filmación sea completamente armónico y la comunión delante y detrás de las cámaras resulte perfecta.
Películas de fuerte impacto están cosechando éxitos gracias a este meticuloso modo de trabajar. Es el caso, por ejemplo, de dos recientes triunfadoras en la ceremonia de los Oscar, como Los pecadores y Oppenheimer. En ambas producciones el espectáculo grandioso corre en paralelo con el trabajo coreográfico de los actores, dotando al conjunto de una potencia arrolladora. En este sentido la tercera temporada de Euphoria ha roto barreras que parecían solo destinadas a la gran pantalla y constituye un grave toque de atención a los actores para no conformarse con trabajos rutinarios, una llamada a implicarse de lleno en los rodajes, aumentando su conocimiento en otras áreas hasta hora inexploradas, como el enfoque del director, la posición de la cámara o la óptica de los directores de fotografía, quienes a su vez son requeridos para comprender mejor la compleja fisicidad de los actores.
Hablamos así de que se han roto los muros departamentales y hemos entrado en una era de hibridación de los diferentes aspectos del oficio cinematográfico, no únicamente en cuanto a la obtención del resultado final y el impacto entre los espectadores, sino, y aquí está la clave, en el modo de estudiar cine, de trabajar en el oficio y de entender los nuevos retos por parte de directores, diseñadores de producción, cámaras y actores, por citar únicamente unos pocos sectores de la industria.
En España este modo de acometer el oficio cinematográfico está totalmente asumido en la escuela TAI (Escuela Universitaria de Artes), que ha creado un ecosistema capaz de integrar todas las artes escénicas para dotar a los alumnos con las herramientas adecuadas para convertirse en profesionales 360, personas capaces de afrontar las diversas aptitudes del trabajo cinematográfico desde diferentes ángulos. Una filosofía que los estudiantes pueden contrastar de primera mano gracias al contacto con profesionales de referencia de la industria, como Ryan Coogler, director de Los pecadores, quien visitó la escuela el pasado noviembre tras una proyección exclusiva de la película para compartir con los alumnos su experiencia y visión del oficio cinematográfico.
En TAI convive así el área de Cine con el de Artes Escénicas bajo el paraguas de Grados Oficiales, de manera que la ósmosis ocurre de modo natural antes de salir al mercado. Los futuros directores y directores de fotografía aprenden a dirigir actores desde el primer año, pero los actores tampoco actúan como islotes sueltos sino que ensayan sabiendo dónde está la luz. Gracias a sus más de 800 acuerdos, los alumnos de la TAI no se forman en burbujas o compartimentos estancos, sino que trabajan bajo los estándares de las grandes ligas.
"Los estudiantes se forman con cámaras de última generación en platós acondicionados para que puedan trabajar la imagen y el sonido como en un rodaje profesional. Contamos con varios estudios que combinan decorados tradicionales con paneles móviles, cicloramas y cromas que les permiten articular el trabajo actoral y la construcción de una puesta en escena con un dispositivo audiovisual orientado hacia la postproducción, con el objetivo de experimentar narrativas de diferentes estilos y géneros. No obstante, para TAI los recursos son sólo el medio hacia lo más importante: la capacitación artística y humanística de nuestros estudiantes. En los diferentes programas desarrollan una curva de aprendizaje que les permite conocer lenguajes interdisciplinares, referentes pluriculturales y las herramientas técnicas y tecnológicas para conceptualizar sus historias y ayudarles a reinterpretar el mundo a través de su mirada. Y lo hacen con el acompañamiento de profesores, mentores y talents de la industria, como Javier Fesser, Gracia Querejeta, Carlota Pereda, Marcel Barrena o Inés París en los dos últimos años", comenta Juan Francisco Viruega, director de cine, docente y mánager de ordenación académica de TAI.
Nadie negaría que el mundo del cine está en constante evolución. Pero está claro que el futuro de la ficción ya no pertenece a los especialistas aislados, sino a los creadores integrales. Y entender el cine desde el teatro y el teatro desde la cámara es lo que permite a un profesional formar parte de revoluciones visuales como Euphoria.
