Reportajes
El buen thriller de James Gray y la provocación de Breillat
Casi al final del Festival, los pronósticos son inciertos. Ninguna película se impone de forma evidente. Prueba de ello es que en la encuesta que la revista profesional “Le Film Français” realiza sobre 15 críticos, solo una película obtiene cinco “palmas”, lo que la hacen favorita para la Palma de Oro. Se trata de No country for Old Man, de los hermanos Coen, pero cinco de quince no es un porcentaje extraordinario. Le siguen, con cuatro votos, la película rumana 3 meses, dos semanas y dos días, y con tres la francesa Le Scaphandre papillon y la rusa Alexandra, de Sokourov. Todo el resto debería ser olvidado, pues ninguna despierta un interés particular.
De todos modos, en numerosas ocasiones se ha demostrado que las decisiones del Jurado no tienen nada que ver con las opiniones de los críticos, y mucho menos con el ambiente que se crea en torno a ciertas películas. Pedro Almodóvar lo ha experimentado varias veces, no en vano advirtió el año pasado a los directores que “cuando se da por ganadora a una película para la Palma de Oro, es seguro que no la obtendrá”.
“Une vieille maitresse”, de Catherine Breillat
Para los conocedores del cine francés, Catherine Breillat es sinónimo de escándalo. Desde 1975, fecha de su primera película –Une vraie jeune fille–, hasta Anatomia de l’enfer, en 2003, cada nueva película de la cineasta ha sembrado la polémica. No se duda en hablar de cine pornográfico y sus películas han caído bajo los anatemas de las clasificaciones estatales extremas, rozando siempre la infamante X de la pornografía. En sus últimas películas no dudaba en incluir en sus repartos a actores venidos del cine pornográfico. Con esta reputación no es extraño que su selección para el Festival de Cannes haya sorprendido y mas aún al saber que presentaba una película de época, adaptación de la novela de Jules Barbey d’Aurevilly, un autor del periodo de los escritores “libertinos”.
El relato literario comprende en realidad un largo flash-back. El joven libertino Ryno de Marigny (Fu’ad Aït Aattou) va a casarse con Hermangarde (Roxana Mesquida), de la mejor aristocracia de Paris. La Marquesa de Flers (Claude Serraute), abuela de la novia, interroga a Ryno sobre su “liaison”, que ha durado diez anos, con la Vellini (Asia Argento), una viuda, nacida en Málaga, que tiene una reputación deplorable en los medios de la nobleza. La película es en gran parte la historia de esta pasión devorante. La cuestión es de saber si Ryno va a ser fiel en su matrimonio o va a mantener sus relaciones con la Vellini. La conclusión no es demasiado sencilla porque dos concepciones del amor parecen estar en juego. Ryno de Marigny ama a su esposa con un amor “razonable” que conduce a la creación de la familia. Pero, al mismo tiempo, no puede renunciar a la inclinación, más bien salvaje, que siente hacia la Vellini.
Catherine Breillat piensa que su nueva película será accesible a un publico más amplio que el de sus anteriores películas, reducidas a circuitos próximos al cine pornográfico. Sin duda las audacias de sus obras anteriores han sido abandonadas, pero no el contenido fuertemente erótico de media docena de escenas que alternan con los diálogos sumamente literarios de los personajes. Parece que es el actor, de origen magrebí Fu’ad Aït Aatou, que interpreta Ryno, quien se ha negado a rodar ciertas escenas que juzgaba demasiado osadas. En todo caso, y a pesar de una cierta calidad narrativa, La Vieille Maîtresse no hará salir a Catherine Breillat del circulo del cine erótico, pese a que su estilo provocador se haya reducido en su última película.
“We Own the Night”, de James Gray
James Gray, que nunca ha renunciado a hacer un cine popular durante su aún corta carrera, frecuenta sin embargo los festivales. Nacido en 1969, escribió y realizó su primera película, Cuestión de sangre, cuando sólo tenía 25 años. La película, que reunió a Tim Roth, Edward Furlong, Vanessa Redgrave y Maximilian Schell, obtuvo el León de Plata en el Festival de Venecia y el premio de la Crítica en el Festival de cine americano de Deauville. En 2000 realizó su segunda película, La otra cara del crimen, con Mark Wahlberg, Charlize Theron, James Caan y Joaquin Phoenix. La película figuraba ese año en la selección oficial de Cannes. James Gray vuelve, pues, a competición este año en Cannes con su tercera película, “We own the Night”, en la que repite con Mark Wahlberg y Joaquin Phoenix.
Hay en el cine de James Gray una gran continuidad, tanto en el estilo como en los temas. Influido por las primeras películas de Francis Ford Coppola y conocedor del ambiente de Nueva York –en particular del barrio de Queens–, donde ha crecido, sus personajes tienen siempre que ver con la delincuencia y con el honor de la policía, todo integrado con problemas morales que tienen como marco las relaciones familiares.
La acción de su nueva película se sitúa al final de los años 80. El comisario Burt Grusinsky (que interpreta con su autoridad habitual Robert Duvall) tiene dos hijos. Uno, Joseph (Mark Wahlberg) ha elegido ser policía, y el otro, Bobby (Joaquin Phoenix), es por el momento animador de una discoteca perteneciente a una familia rusa. Se trata de una época de crecimiento del trafico de drogas y la policía redobla sus esfuerzos para combatirlo. Para asegurar su ascensión, Bobby está cada vez más comprometido con la familia rusa, de la que aún no sospeche sus lazos con la droga. Pero naturalmente llega el momento en que se plantea el dilema moral, saber de qué lado debe colocarse.
“We Own the Night” no es seguramente una obra maestra, sino un film negro, en la mejor tradición del género, que presenta una serie de personajes interesantes, y que sabe dosificar la acción y el suspense. Además , entre las fuerzas del orden y los traficantes de droga, no tiene la menor duda en tomar partido. Las últimas imágenes de la película tienen a este respecto un aire verdaderamente provocador para los críticos, que son siempre partidarios de la ambigüedad. Quizá por eso, al final de la proyección de prensa, los abucheos han sido más fuertes que los aplausos.
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