Por una vez, la actualidad política ha irrumpido de forma llamativa en el Festival. Se trata naturalmente del shock, en Francia y en el resto del mundo, por el “affaire” de Dominique Strauss-Kahn, Presidente del Fondo Monetario Internacional, que modifica los parámetros de la próxima elección presidencial francesa.
Una parte de las televisiones instaladas en el Palacio de los Festivales, recogen de continuo los acontecimientos que marcan el “affaire”. De todos modos, el millar de periodistas presentes en Cannes hemos venido a ver cine, y la multiplicidad de proyecciones obliga a olvida forzosamente la política, aunque quizá no completamente, como cuando la política es además historia.
Éste es el caso de Duch, le maître des forges de l’enfer, la película de Rithy Panh con la que el Festival aporta un nuevo dato al genocidio de Camboya. Se trata esta vez de escuchar la explicación de este hecho monstruoso, que llegó a eliminar a un cuarto de la población del país, de boca de uno de los ejecutores.
El primer condenado por estos hechos es Kaing Guek Eav, apodado “Duch”. Su testimonio puede ser decisivo para la historia del comunismo mundial y de todos los totalitarismos, pues muestra cómo un hombre cultivado, impregnado de cultura francesa, ha podido convertirse en verdugo de miles de personas contra las que no existía ningún tipo de acusación. “Dutch” cita una vez a un dirigente comunista de su país que decía “ es mejor eliminar a un inocente que correr el riesgo dejar vivo a un enemigo del pueblo”. Esta es la consigna aplicada por “Dutch”, que espera el resultado del recurso contra la condena a 35 años de cárcel que pesa sobre él.
Rithy Panh, que había ya realizado una película documental sobre el genocidio, afirma haber querido dar la palabra a uno de los verdugos, que comienzan a sentir remordimientos por los crímenes cometidos entre 1975 y 1979. La película alterna las declaraciones de “Dutch” con imágenes de archivo impresionantes, sobre los trabajos de todo un pueblo reducido a la esclavitud.
