Estamos en temporada navideña, en que mucha gente va al cine. Y estamos en temporada de premios y antesala del colofón de los Oscar, que se entregarán el próximo 2 de marzo. Resulta interesante observar las películas que la gente va a ver mayoritariamente a las salas, y compararlas con las que empiezan a estar más cubiertas de premios. Porque no, no coinciden, para nada.
Las campeonas de la taquilla en esta Navidad han sido sin duda dos títulos, la quinta incursión de Peter Jackson en el universo Tolkien, El hobbit: La desolación de Smaug, y la enésima película animada con princesas de Disney, Frozen. El reino del hielo. Priman decididamente la fantasía, la aventura y el cine familiar. En línea fantástica y de cierta evasión, cabría destacar películas anteriores muy exitosas como Los juegos del hambre: En llamas, Guerra Mundial Z y Oz, un mundo de fantasía, y los títulos de superhéroes El hombre de acero, Iron Man 3 y Thor: El mundo oscuro. Más películas de animación indiscutibles como Los Croods, Gru. Mi villano favorito 2 y Monstruos University.
Ninguno de los títulos citados hasta el momento es candidato serio a grandes premio de críticos o de la industria, más allá de los de categoría animada, efectos visuales o diseño de producción. Ahora mismo da la impresión de que si quieres que te tomen en serio para lograr un Oscar a la mejor película, debes basarte en hechos históricos, o al menos, que podrían haber ocurrido. De modo que la gran favorita este año es 12 años de esclavitud, basada en las memorias de un hombre negro libre, esclavizado en el Sur tras ser secuestrado. Otros títulos que huelen a premio se basan en la realidad: El lobo de Wall Street -la corrupción en el mercado bursátil-, La gran estafa americana (American Hustle) -una sonada operación del FBI a finales de los 70 e inicios de los 80-, Rush -la rivalidad en Fórmula 1 de Nikki Lauda y James Hunt-, Al encuentro de Mr. Banks -cómo se hizo Mary Poppins-, Capitán Phillips -un caso de piratas somalíes-, Dallas Buyers Club -sobre terapias alternativas contra el sida-, El único superviviente -una operación bélica en Afganistán-... Y los que son ficción -Gravity, A propósito de Llewyn Davis, Blue Jasmine, Nebraska...- tienen un importante grado de verosimilitud.
Estos títulos premiables tienen cierta popularidad, pero de otra índole. Gravity está claro que ha triunfado en taquilla, pero los esclavos de Steve McQueen (II), aunque arramblen con los Oscar como todo apunta, siempre tendrán un público limitado. Lo de que el cine es para evadirse o vivir determinadas experiencias adrenalíticas estimulantes, sigue siendo una verdad como un piano, lo que se parece demasiado a nuestro discurrir cotidiano, o es altamente desagradable, atrae menos. Aunque el cine nos lo pinte en ocasiones con mucho arte.
Blog de Hildy
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