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Blog de Hildy

Nos gusta el sexo... ¡pero no el de “Juego de tronos”!

Nos gusta el sexo... ¡pero no el de “Juego de tronos”!

Un periódico tan poco sospechoso de puritanismo como el New York Times, señala en un llamativo artículo que la creciente recurrencia a escenas de violencia sexual está poniendo a la serie de moda Juego de tronos en una situación incómoda. Violaciones de mujeres y una forzada relación incestuosa en las tramas de los últimos capítulos de esta cuarta temporada, han encendido al parecer el debate en Estados Unidos, sobre todo porque la serie está traspasando las fronteras del cable de HBO, hasta alcanzar una innegable popularidad. Algunos expertos opinan que tanta brutalidad sexual convierten en trivial algo que debía ser considerado horrendo. Como es sabido, esta ficción televisiva se basa en las novelas de George R. R. Martin que configuran la saga “Canción de hielo y fuego”. El autor justifica el enfoque de su obra subrayando que “la violación y la violencia sexual han formado parte de todas las guerras que se han librado, desde los antiguos sumerios hasta nuestros días. Omitirlas en una narración centrada en la guerra y el poder habría sido fundamentalmente falso y deshonesto.”

En mi modesta opinión, el problema de Juego de tronos no se limita a que trivialice determinados horrores sexuales, que nadie en su sano juicio osaría defender en una tribuna pública. El problema va más allá, y se puede resumir diciendo que da una visión paupérrima de la sexualidad, y en general, de la naturaleza humana, básicamente seríamos en conjunto un completo desastre, el hombre sólo piensa en su propio interés, en mandar y folletear. Esa impresión obtuve cuando vi la primera temporada de la serie, que opté por no seguir luego. Luego, viendo la asombrosa acogida de público que tenía, decidí empezar a ver la cuarta temporada. No llegué a terminar el primer capítulo, comprobé lo atinado de mis primeras impresiones, en que se nos invitaba a acompañar a uno de los personajes al lugar donde seguro que se le podía encontrar, que no era otro que un burdel.

No me considero ningún mojigato. Creo que en una narración audiovisual se puede abordar cualquier tema, pero pido un mínimo de coherencia, que no se caiga en la tosca y continua grosería porno-light porque vende más o provoca morbo. No puedo olvidar cómo un colega me señalaba con mucho tino, que una de las cosas que él pensaba que más “ponía” al personal con esta serie, era ver al enano Tyrion Lannister retozando con macizas féminas. Lo siento, pero considero sexo tosco y gratuito el que nos brinda Juego de tronos, y todo para ofrecernos una historia de intrigas palaciegas más o menos poderosas que ya abordan otras series que tampoco considero grandes maravillas –Los Borgia, Los Tudor–, pero que al menos tienen la excusa de cierta base histórica que deja margen a la imaginación.

Considero mil veces más interesante el sexo que nos ofrece The Americans, la notable serie de espías rusos de Joseph Weisberg, a la que ya aludía en mi post anterior. Las escenas de Elizabeth tratando de resolver un “marrón” al que se enfrenta su marido también espía Philip, que le llevan a escuchar de su otra esposa intimidades de alcoba, resultan harto elocuentes acerca de su dolor, algo se rebela en su interior, ella quiere a su marido para él solo y no compartirlo aunque sea por amor a la madre patria rusa.

Se puede estar más o menos de acuerdo con las opciones vitales de los personajes de The Americans, o con el Don Drapper en crisis de Mad Men. O yéndome al cine, con el modo en que Charles Dickens se plantea su vida amorosa en The Invisible Woman. Pero de lo que no me cabe duda es de que estoy viendo personas de carne y hueso, cuyos dilemas morales se me tratan de mostrar con cierta complejidad. El sexo no queda reducido a una cuestión meramente placentera, sino que está insertado en la vida real, en situaciones reconocibles, me parece que hay un esfuerzo por respetar al espectador, que en el caso de “Juego de alcobas” yo no detecto.

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