Ayer estrenó Canal + Borgen, una serie televisiva danesa que llega a España con tres años de retraso. Hay que felicitarse de que al fin podamos verla, pues a tenor de sus primeros capítulos, se trata de una de esas producciones que dignifican la pequeña pantalla, un acercamiento al mundo de la política apasionante. Me dan envidia los daneses porque no tienen problemas para abordar la realidad social de su país, concretamente en el tablero político, directamente o indirectamente, otras producciones como Bron: El puente y The Killing: Crónica de un asesinato, prueban que el acierto de Borgen –que en Dinamarca va ya por la tercera temporada–, no es la excepción. Borgen muestra en su primer capítulo como una metedura de pata del partido en el gobierno, y su uso torticero por parte de la oposición, posibilitan que Birgitte Nyborg, del partido moderado, se convierta inesperadamente en primera ministra.
En Estados Unidos existe una amplia tradición de ficciones televisivas políticas, con los aciertos y trapos sucios de la Casa Blanca y aledaños, vienen enseguida a la memoria El ala oeste de la Casa Blanca, House of Cards e incluso 24. También Reino Unido ha ofrecido interesantes intrigas políticas, no en balde la original The House of Cards es suya, y recientemente muestra cómo afectan las intrigas de Oriente Medio a las islas en The Honourable Woman.
Aquí en esta España nuestra justo es reconocer que la realidad de la corrupción rampante en PSOE, PP y CiU, más sindicatos, junto al ascenso asombroso de Podemos, supera cualquier ficción que puedan imaginar nuestros queridos guionistas, pero se podía intentar algo en este terreno, parece que haya miedo u ocultos intereses que lo impiden. Al fin y al cabo Isabel también cita, como Borgen, a Maquiavelo, aunque la diferencia es de más de 500 años en lo que actualidad se refiere, ya me entienden. Aquí más allá de la guerra civil nos cuesta ir, a no ser que sea para filmar ficciones hagiográficas del 23-F al servicio de su majestad el rey dimisionario. Es curioso, porque una serie televisiva de intriga entre partidos medianamente ocurrente sería un éxito inmediato en al pantalla. Si programas poblados de insoportables tertulianos arrasan entre los espectadores, pienso que una serie de calidad ambientada en la actualidad sería muy bien recibida. La duda es si sus creadores serían capaces de soportar la inevitable presión de los pelmazos de los diversos partidos pidiendo quedar bien, supervisando guiones o hasta amenazando con demandar por faltas contra el –no es broma– el honor.
