Los tiempos adelantan que es una barbaridad. Quien más, quien menos, ha utilizado la Inteligencia Artificial, para hacer consultas, elaborar textos, crear ilustraciones y vídeos, animar viejas fotografías, y el resultado nos deja apabullados. Puede ser muy útil, pensamos, pero también despierta nuestros peores miedos.
Me gusta ser optimista. El ingenio humano nunca deja de sorprendernos, y el desarrollo de la Inteligencia Artificial es buena prueba de ello. Y por ir primero a lo positivo, está claro que bien usada puede ser una herramienta de trabajo magnífica. También aplicada al cine y las series.
Hay que tener una mirada parecida a la que, a posteriori, uno tiene con todos los desarrollos que se han ido produciendo en el cine y en el modo de ver películas. El sonido, el color, los efectos visuales, la televisión, los reproductores de vídeo, la tecnología digital, el streaming, son avances que han permitido abaratar costes de producción, y hacer que las historias que se cuentan en las películas sean más creíbles y más accesibles, a veces uno puede verlas con un simple click. A los alarmismos iniciales por los rasgos disruptivos, sigue un uso o implantación, cada vez más extendidos, de las diferentes técnicas, y se llega a una normalización, redundando todo en beneficio del artista y del espectador.
Dicho todo esto, es verdad que la IA presenta rasgos inquietantes, que van más allá del pulimento de resultados muy... artificiales, cuando salta a la vista que lo que tenemos ante los ojos lo ha hecho una máquina. En efecto, aquí habrá mejoras, y cada vez será más difícil distinguir si un texto, una imagen, un vídeo, lo ha hecho una persona o una IA.
Lo que asusta es el uso de esta herramienta –insisto, de intento, en esta condición de la IA–, es que el creador, el artista, el urdidor de historias, puedan volverse perezosos. Los resultados son tan asombrosos, que se puede producir un camino progresivo y sin retorno con los siguientes pasos:
- Le pido a la IA que cree una historia, imagen, vídeo, con las pautas pertinentes, y yo hago un repaso y mejora con mi talento humano, convencido de que eso nunca me bastará
- Cada vez me parece mejor lo que la IA me entrega, y los retoques que hago son mínimos
- Veo tan bien lo que la IA me ha dado, que no toco nada
- Cada vez doy menos pautas en los desarrollos posteriores, porque veo que la IA lo hace muy bien
- Se va atrofiando mi capacidad creativa, pienso que la IA “sabe” más
- Me conformo con lo que la IA me da, porque además los jefes, productores, etcétera, lo aceptan sin rechistar, sobre todo porque soy más “eficiente”, ahorro tiempo y dinero
- Los jefes se dan cuenta de que, en realidad, no hago ninguna falta, la IA lo hace todo y soy prescindible, por lo que me ponen de patitas en la calle
Y algo semejante pasa en el espectador, porque la situación en la que nos encontramos es de círculo vicioso, para nada virtuoso. Podemos encontrarnos en esta situación:
- Como espectador acudo a la IA, saltándome algoritmos de Netflix y otras plataformas, y pido alguna recomendación de una película o serie para ver, dando algunas pautas, estilo “Psicosis” o lo que sea
- A partir de los resultados que me va dando la IA voy seleccionando películas y acudo a buscarlas para verlas a las distintas plataformas
- Algunos de los resultados que me ofrece la IA son de títulos generados también con IA, que al principio me parecen deleznables
- Pero voy visionando más y más títulos de factura técnica increíble, generados con ayuda de IA, y me voy habituando a ellos, como de hecho pasa ya en la actualidad con lo "antiguo", una película muda, en blanco y negro o viejuna, ya no me interesa, y quizá tampoco clásicos, o incluso películas recientes que no tienen esa “perfección” de lo hecho con IA
- Mi sensibilidad y gusto por la belleza se van atrofiando, y me quedo anclado en productos hechos con IA
- Doy el paso definitivo de pedir yo mismo a la IA que me entregue una serie de 20 capítulos, cada uno de media hora de duración, de estilo detectivesco tipo Agatha Christie, y me conformo con lo que me da, cerrándome definitivamente a la influencia de artistas y creadores, si alguno queda todavía en este panorama distópico
¿Es muy loco lo que sugiero? ¿Las aguas volverán a su cauce, y prevalecerán las historias humanas, el talento artístico, el aprecio del que sabe distinguir lo sublime de lo vulgar?
En fin, como decía, soy optimista, pero no he querido dejar de sumergirme a través de estas líneas en el lado oscuro de la IA.
