Lenta, pero segura, la implantación de sistemas de proyección digital en las salas de cine, que sustituyen a los viejos proyectores de 35 mm, sigue
Lenta, pero segura, la implantación de sistemas de proyección digital en las salas de cine, que sustituyen a los viejos proyectores de 35 mm, sigue su curso. Se estima que a final de 2008, 7.000 de las 38.000 pantallas que cubren el territorio de Estados Unidos recogerán imágenes de proyectores digitales, según Texas Instruments, proveedor principalísimo a través de la tecnología DLP.
La cosa, ya digo, ha tardado, y aún tardará en convertirse en el modo normal de proyectarse y verse las películas, pero la impresión es ya que todo es cuestión de tiempo. Entre las ventajas se cuenta el ahorro considerable en tirar copias y transportarlas a los cines. La tecnología digital hace que la sala reciba el film a proyectar vía satélite. Frente al coste de 900 euros por copia de película, se calcula que en digital este precio se reduce hasta en un 90%. Otras ventajas estriban en la facilidad para programar películas en 3-D, o entretenimientos alternativos, como espectáculos deportivos o musicales que aprovechen el tamaña de la pantalla y la tridimensionalidad; además, el cambiar la proyección de una película de una sala de menor capacidad a otra que admite más espectadores, es casi automática, no obliga a cambiar rollos de un proyector a otro.
Eso sí, los exhibidores más tradicionales se resisten al cambio, en parte por el coste del sistema –proyector y servidor–, de unos 75.000 euros –aunque se supone que las productoras respaldan el cambio, asumiendo parte del gasto–, y por miedo a que se ‘cuelgue’ y resulte en un momento dado imposible la proyección de un film.
Las copias de la peli no sufren ni se estropean con la proyección digital, aunque algunos puristas dicen que no es lo mismo que la proyección tradicional. Fue el caso de Clint Eastwood y su equipo, a quienes les pareció que Banderas de nuestros padres perdía en digital.
